2017-2018, la política y usted

Dagoberto Gutiérrez

La correlación de fuerzas a nivel planetario ha consolidado transformaciones sobresalientes. El imperio estadounidense, al perder la hegemonía y con el control del poder del bloque financiero globalizante en Washington, se esfuerza, inútilmente hasta ahora, por hacer retornar a los Estados Unidos a los capitales que se desparramaron por todo el mundo cuando la globalización capitalista se consideró dueña del planeta. Esta lógica emigración de empresas de los EEUU generó desempleo en ese país. Ahora, cuando Donald Trump reconoce a Jerusalén como capital de Israel y logra la aprobación de una reforma fiscal rebajándoles impuestos a las grandes empresas y aumentándoselos a las pequeñas, estamos frente a esfuerzos para que esos capitales regresen y abran fábricas y den empleos, algo que hasta ahora ha sido inútil.

La alianza rusa-china se levanta como una fuerza capaz de definir un mundo multipolar sin el predominio estadounidense, sin el dólar como única moneda, con una diversificación de mercados y sin supremacías tecnológicas y militares de occidente.

Mientras tanto, Europa, cuya Unión Europea presenta grietas importantes, se debate entre el sometimiento total a la OTAN o la adopción de una política propia que estimule la independencia europea. Por el momento, Alemania parece retomar la antigua visión germana de mirar hacia el Este y no hacia el Oeste.

En Centroamérica, los acontecimientos en Honduras muestran, sin antifaces, la democracia como mercado y el negociado político en el que el gobierno estadounidense, la Unión Europea, los militares hondureños y el mercado de drogas participan conjuntamente, sin duda con elevadas ganancias. A todo este negociado se le llama actualmente “democracia”.

En nuestro país es el despliegue de la guerra social el acontecimiento político más importante y es el control territorial ejercido por las fuerzas de la pandilla, el hecho político más relevante. Recordemos que las pandillas son fuerzas de inspiración capitalista, con poder económico, militar, político e ideológico, que no están fatalmente confrontadas con el orden actual y pueden entenderse como factor de contención de un previsible despliegue de la lucha popular.

El régimen político sufre este año un quiebre con el descrédito total de sus instrumentos partidarios, sobre todo de sus dos cabezas, o de sus dos vigas maestras, los partidos ARENA y FMLN. Ambos partidos, debilitados y desacreditados, se disputan el usufructo del botín de la cosa pública, pero, en tanto que ARENA recurre a candidatos del bloque dominante, el partido FMLN se deshace de su candidato estrella, el empresario Bukele. Uno y otro partido comparten filosofía política, aspiraciones empresariales, y también el rechazo y repudio de la población.

El 2017 amenaza con afectar negativamente la política estatal de lanzar emigrantes hacia los EEUU. Basta recordar que la economía del país depende sustancialmente de las remesas de los emigrantes, pero el actual gobierno estadounidense necesita librarse de los emigrantes más numerosos y los salvadoreños están en las primeras líneas de esos emigrantes. El quiebre eventual del TPS significará el fin de la política emigratoria salvadoreña y el aumento de la tensión social en nuestro país. Recordemos lo que significó el retorno de miles de campesinos salvadoreños a nuestro país, cuando fueron expulsados de Honduras en 1969.

Las campañas electorales que han sido el escenario de importantes luchas políticas en nuestro país, son amenazadas hoy por la afirmación popular de que no hay por quien votar, y que además, el pueblo expresa su interés en que el FMLN no siga gobernando y que ARENA no retorne al gobierno. Hay que saber que el voto, siendo un instrumento político, tiene un uso táctico y puede ser usado o no usado de acuerdo a las condiciones políticas concretas; pero es presentado a la consciencia humana como un derecho y un deber que debe ser ejercido en cualquier circunstancia. Es el Estado el que necesita que el ciudadano vote para legitimar su política, sea cual sea ésta. Por eso, cuando la consciencia política indica que no hay por quien votar, como ocurre en estos momentos, se amenaza a todo el régimen político y esto es una buena noticia.

El oropel de ilusiones que el mercado instala en los ojos y en el corazón de cada ser humano, convirtiéndolo en consumidor de las abundantes mercancías, empieza a flaquear, aunque sea levemente, y este mercado, que es el dueño de la economía, del Estado, de los gobiernos, todavía goza de la ventaja de permanecer agazapado fuera de las miradas acusatorias y de las denuncias, confundiéndose con el comercio, y disfrazado de emprendedurismo, tal como califican los empresarios a su política de envolvimiento a miles de jóvenes del país, cuyo sueño real es el de sobrevivir y cuyo sueño aparente es el de hacerse empresarios.

 

La sociedad de mercado total, construida desde que terminó la guerra civil, puede perder sus pilares políticos partidarios, siempre y cuando los seres humanos aprendamos a descubrir la realidad más allá de las ilusiones, la verdad más allá de la publicidad y a descubrir a ese ser humano más allá de un competidor.

 

Todo este escenario objetivo con lo político, lo ideológico y lo económico, navegando en aguas turbulentas, ha producido a un personaje como Nayib Bukele que, según aparece en las encuestas, cuenta con la confianza de la gente que lo señala como la persona con capacidad para enfrentarse al actual orden, que es señalado por este orden como su enemigo. Este es un elemento de alta perturbación para el desarrollo normal de cualquier campaña electoral porque Bukele aparece enfrentado al orden partidario dominante, y en dependencia de cómo, cuánto y cuándo asuma la carga que el pueblo le está poniendo sobre sus hombros, este hombre podrá completar la visión mesiánica que los pueblos construyen en circunstancias de apremio, de angustia y de incertidumbre, tal como ocurre con el pueblo salvadoreño en estas circunstancias. Mucho dependerá del encuentro entre este pueblo y Bukele y de Bukele con este pueblo.