2017 será un gran año, si usted quiere

Juan José Rivas

El año 2017 pudiera llegar a ser el año en que los salvadoreños iniciemos un cambio radical, dejando de lado el incumplimiento de las leyes y todas las actuaciones individuales que están por encima de los intereses de la colectividad y comencemos a actuar solidariamente con todos los demás.

2017 es un número que tiene unas propiedades, que bien pueden trasladarse al conglomerado del pueblo salvadoreño, para efectos de lograr cambios en la conducta y orientar los esfuerzos en un solo rumbo, de modo que salgamos de esta situación caótica en la que vivimos y podamos al fin arribar a un puerto seguro de bienestar y sana convivencia.

2017 es un número primo. Es el tricentésimo sexto (306o), en la lista de los números primos. El anterior fue 2011 y el que sigue es 2027. Un número primo es un número entero positivo que solo admite dos divisores, como 5, 7, 11, 71, etc. Los divisores de un numero primo son: uno y él mismo. Divisores de 71 son solamente 1 y 71. No hay más.

En un aula de 42 alumnos el profesor podía hacer grupos de 2, 3, 6, 7, 14 y 21; y todos los estudiantes podían estar involucrados en los grupos. Con la idea de mejorar la disciplina en el aula, el profesor propuso formar siete grupos (de seis cada uno); pidió que cada grupo propusiera normas de comportamiento que todos los del grupo pudieran poner en práctica. Un mes después, el profesor se dio cuenta que no había unidad en la conducta de todos los alumnos, pues cada grupo tenía normas de comportamiento diferentes. Pero en el aula de al lado el profesor tenía 41 alumnos y ¿qué pasaba? No podía hacer grupos con igual número de integrantes porque siempre le sobraba uno, dos, cinco, o más. ¿Por qué? Porque 41 es número primo. No hay manera de hacer grupos con igual número de integrantes, si el total de los integrantes es un número primo. La alternativa que queda es: o considerar un solo grupo (los 41) o 41 grupo de uno. Que lógicamente de uno no puede ser grupo. Entonces el profesor tuvo la idea de proponer a sus alumnos que, ya que 41 es un número indivisible en grupos iguales, que pensaran todos como un solo equipo. Se acordó de la frase de “todos para uno y uno para todos” de Dumas en Los Tres Mosqueteros en aquella historia en que Athos, Porthos y Aramis declaran lealtad a D’Artagnan. El profesor, de paso, logró interesarlos por la lectura y además lograr unidad en el aula. Todos siguieron las mismas reglas de conducta.

¿Qué tal si pensamos en que toda la población salvadoreña está representada por el número 2017? Y que, porque no hay modo de dividirlo, entonces tomamos el camino de unirnos y luchar “todos para uno y uno para todos”, como en el aula de 41 alumnos, donde las reglas a seguir son las leyes ya establecidas. Nos quedan todavía algunos días antes de comenzar el nuevo año, reflexionemos y tomemos una decisión, como la que se atribuye a Hernán Cortés, de la quema de las embarcaciones. Comencemos, todos, desde el día uno, a cumplir con las leyes que regulan la conducta de los salvadoreños. Todo jefe, dé buen ejemplo a sus subalternos de puntualidad, transparencia, honradez, respeto, etc. Todo conductor, sea amable, ceda el paso, respete a los peatones, cumpla con las leyes de tránsito. Todo maestro llegue preparado para atender a sus alumnos. Nadie haga promesas que luego no puede cumplir. Funcionarios públicos hagan buen uso de los recursos provenientes del pueblo, no cabe duda que tiene actualidad lo que Juan Bautista contestó a los soldados romanos, diciendo: “A nadie quiten dinero por la fuerza,” les dijo, “ni a nadie acusen falsamente, y conténtense con su salario.” Luc. 3,14.

Que el fuerte no abuse del débil, salgamos en defensa de agredido. Que cada uno sea honesto en el ejercicio de su profesión, sin aprovecharse del necesitado. Que cada uno de todos los salvadoreños al finalizar cada día hagamos un balance y revisemos si hemos cumplido con todas las normas de buen vivir. Si hemos sido objeto de alguna cortesía, excelente; si no lo hemos sido, señal que debemos continuar con más vehemencia, sin desanimarnos, quizá nuestro ejemplo no ha sido suficiente. Nunca es tarde para comenzar. La recompensa es la paz. ¿Vale la pena?