Así está El Salvador

 

La principal piedra de tropiezo que ha tenido el jefe del poder ejecutivo es que se trata de un Presidente sin mayoría legislativa, lo cual le plantea grandes dificultades para gobernar y poder impulsar sus iniciativas, obtener la aprobación de préstamos y la autorización para la emisión de bonos.

Los tiempos políticos para lograr los acuerdos que necesita Salvador Sánchez Cerén,  cada día son más limitados, tomando en cuenta que la campaña electoral ya comenzó y el periodo de gobierno solo tiene un poco más de dos años para terminar. Las posibilidades de concretizar un escenario de acuerdos y recuperación económica en lo inmediato resultan desfavorables; la gobernabilidad democrática se vuelve complicada y la posibilidad de lograr una adecuada gestión de la crisis y la recuperación económica se ven en la actual coyuntura distantes.

El país está desgarrado por la delincuencia, la crónica de los homicidios es aterradora. El desgarramiento no sólo es causado por la delincuencia sino también por quienes la combaten. Asesinatos, desapariciones, extorsión, robos, hurtos nos asfixian y como dice Cardenal: también “se mata para imponer el orden que, en realidad, es un desorden, disfrazado de legalidad… se pretende resolver el conflicto social con el uso de la fuerza”.

Enero comenzó bien, la Asamblea Legislativa, declaró el año 2017, como el “año de la promoción de la Cultura de Paz”. La intención fue buena pero la realidad es que terminó el primer trimestre del año y la promoción de la Cultura de Paz no se ve por ningún lado. Reina en todos los ámbitos de la vida social la cultura de la violencia, la respuesta es violenta ante los conflictos, se ve como algo natural, normal e incluso como la única manera viable de hacer frente a los problemas y disputas.

En los primeros tres meses del año, en lo internacional, las amenazas de Trump entraron con fuerza: Deportación masiva de inmigrantes indocumentados, posibilidad de construcción de un muro en la frontera con México, riesgo de un impuesto a las remesas, una política comercial norteamericana proteccionista, y una disminución importante de la cooperación financiera no reembolsable son peligros claros y presentes.

El primer trimestre del año termina con una cumbre de presidentes más. Hoy se trata de la  XVI Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno del Mecanismo de Diálogo y Concertación Tuxtla 2017 que comenzó ayer en Costa Rica. Ojalá que los países centroamericanos y México logren concretar una visión común sobre las amenazas  de la Administración Trump. El lema de la Cumbre suena bien: “Mesoamérica nos une” pero el reto es difícil, pues la política de México hacia los migrantes centroamericanos es por momentos más dura que la de Estados Unidos hacia Centroamérica y eso da en que pensar.

El futuro no está determinado, es abierto. Es, al menos parcialmente, construible; los cursos de acción que tome el país dependerán de lo que definan el Gobierno y los partidos políticos, pero no solamente ellos; no hay que olvidar que otros actores relevantes como los movimientos sociales no se han manifestado con claridad y contundencia y deberán hacerlo pronto.

Para lo que falta del año proponerse un escenario favorable para concretar entendimientos, es irrenunciable, la sociedad civil debe hacer esfuerzos para aportar en la construcción de acuerdos orientados a definir políticas públicas de nación para el futuro.

Finalmente, independientemente de las pasiones políticas, hay que sacar adelante al país y más temprano que tarde la discusión sobre los problemas nacionales llevará a concluir que el modelo político y económico de los últimos 25 años tendrá que ser revisado, por las buenas o por la fuerza de la realidad económica y política.

Construir país en tiempos electorales es difícil. Pero como decía Kipling  ¡Cuando todo esté peor, más debemos insistir! “Porque en esta vida nada es definitivo, toma en cuenta que: todo pasa, todo llega ….”.