Chanchullocracia Salvadoreña S.A.

Jorge Castillo

Una “sacudida rápida y brusca” es un sacudón (DRAE) término que hace poco puso de moda el eximio secretario general del FMLN, al recomendarlo como medida necesaria para la Sala de lo Constitucional, la misma que es calificada de manera folklórica y con un estilo muy silvestre, como “la oficina jurídica de ARENA” por la señora Norma Guevara (TCS, 10 de noviembre de 2016).

Lo de sacudón viene a colación por dos interesantes coyunturas de país: 1º) La reciente toma de posesión como Presidente de la Asamblea Legislativa (AL) del más conspicuo dirigente del partido GANA, el abogado Guillermo Gallegos. 2º) La elección de nuevos magistrados en la impoluta Corte de Cuentas de la República (CCR) cuyo atraso es tan dañino como inexplicable, dado el importantísimo mandato constitucional, legal, misional y ético del máximo ente fiscalizador del Estado salvadoreño, por cierto, bastante incumplido desde 1989 hasta nuestros días.

La tríada a la que me refiero son tres entes públicos, unidos por un vínculo particular: la Fiscalía General de la República (FGR) la AL y la CCR. Todas las entidades y organismos del sector público son importantes para el desarrollo del país, pero hago énfasis en esa tríada porque es en ellas donde la ciudadanía demanda un sacudón, por la sencilla razón que en el ámbito de sus funciones y competencias se encuentra: 1º) La defensa de los intereses de la sociedad y del Estado. 2º) La producción de buenas leyes para el ordenado funcionamiento del país. 3º) La fiscalización de toda, léase bien, toda, la gestión gubernamental, sin excepción alguna.

Respecto a la Fiscalía General, la gente honesta ve con buenos ojos la actuación que ha venido teniendo su titular. El respaldo de los Estados Unidos, Gran Bretaña y otros no menos importantes países amigos de El Salvador, denota que este Fiscal no está solo en la lucha contra la corrupción y la impunidad. Surge entonces la pregunta: ¿Qué otras entidades lo acompañarán en esa gesta?. La respuesta dependerá de la voluntad que demuestren los nuevos titulares de la Asamblea Legislativa y de la CCR. Si cumplen con la Ley, lo más seguro es que disminuya la presentación de  recursos ante la Sala de lo Constitucional.

En cuanto a la Asamblea Legislativa no cabe duda que su nuevo Presidente ha entrado en razón y ha reflexionado que por encima de los intereses sectoriales, grupales o partidarios, se deben anteponer los bien entendidos intereses de país. De ahí que para que el sacudón que deba impulsar en ese Órgano fundamental de gobierno sea efectivo, debe mostrar liderazgo y convencer a las  fuerzas políticas allí representadas, para que coadyuven a que la austeridad sea una realidad en esa entidad, bastante desprestigiada y falta de credibilidad en la ciudadanía; en parte por el estilo de gerenciamiento de sus antecesores más recientes, como aquel al que no le gustaban los “periodistas de sueldos miserables” o la que ha dicho que “cualquier programa fiscal no debe incluir despidos”, quizá por aquello de no perjudicar a los activistas partidarios contratados.

Donde sí preocupa que el sacudón no llegue es en la CCR, una entidad que siendo la responsable de velar por el buen uso de los recursos públicos, parece que no lo ha hecho a cabalidad. No es casualidad que desde la sociedad civil se diga que ha convertido los llamados “finiquitos expres” en medios “que avalan la corrupción”. (Roberto Burgos, Fundación DTJ, Diario El Mundo, 7 de noviembre de 2016)

Dios quiera que la AL no repita el gravísimo error de designar a uno o varios de los Magistrados de la CCR, atendiendo razones de vinculación político-partidaria, mucho menos, para que los partidos históricamente allí representados, intenten encubrir prácticas corruptas que podrían haberse dado en esa institución, que más temprano que tarde terminará desnudando (de manera cruda y dolorosa) la FGR bajo la gestión de Douglas Meléndez.