CICIES, TODOS EN LA CAMA DE LA CORRUPCIÓN

Sin dejar de sostener su mirada en el faro inspirador venezolano, como lo expresó públicamente en su oportunidad el ciudadano presidente de nuestro país, ahora el Ejecutivo eleva la calidad de su arte conspirativo y hace un inesperado malabar para volcar su mirada hacia las luces que parecen centellear desde otro faro, uno de tipo digital, que se caracteriza por las sesudas revelaciones que sus periodistas hacen.

El Ejecutivo sabe que tiene en sus manos la suficiente pólvora como para hacer mucho, pero mucho ruido y con ello dar enormes paladas de tierra en la campaña electoral sobre la tumba de su más enconado rival político de la derecha, ese que no se cansa de cantar que El Salvador será la tumba donde los rojos terminarán.

Se trata, ni más ni menos, de las reveladoras erogaciones de una presunta “contabilidad paralela” contenida en unos libros manuscritos que estarían reflejando el destino de la partida de gastos reservados que durante 12 años y cinco meses se ejecutaron en las presidencias correspondientes a los períodos 1994-1999; 1999-2004 y la mitad de la gestión presidencial 2004-2009.

Ante tales revelaciones y dado el carácter conspirativo que también campea en nuestra política criolla, el partido oficial ha comenzado a soñar con los enormes réditos político-electorales que implicaría realizar una investigación a fondo sobre los manejos de aquellos dineros públicos, sabiendo que sus destinatarios pertenecen a su rival político.

No obstante, tal desafío plantea retos concomitantes a superar, entre los que me permito citar: 1º) Nuestra sociedad civil ha alcanzado un nivel de madurez socio-política impresionante, que se fundamenta en la cantidad y calidad de información que recibe de los medios de comunicación, incluyendo fundamentalmente los contenidos de muchísimos programas de entrevistas escritas, radiales y televisivas. La gente pues, no es boba ni tampoco se deja engatusar con cantos sirena. 2º) Una sociedad así, que ha comenzado a salir de su letargo cívico-político, si bien sabe que en el país la institucionalidad no tiene la suficiente musculatura como para emprender una tarea tan gigantesca como lo es el hecho de investigar a tanto corrupto y corruptor, tampoco aceptaría que la balanza se incline hacia un solo sector. 3º) Consecuentes con lo anterior, no se trata de solamente quedarse con lo ocurrido durante dos administraciones y media. Se trata de enfocar la investigación de la corrupción de forma integral, esto es, política, administrativa y económica, pero que abarque la ocurrida en los últimos 28 años, es decir, los famosos 20 años de ARENA y los ocho años del Frente. Hay silla para todos y lo único que deben hacer los responsables es “agarrar número”. 4º) Como nuestra institucionalidad no tiene, ni la capacidad instalada ni los recursos financieros para ese gigantesco esfuerzo, lo lógico, racional, oportuno y conveniente, es generar todos los esfuerzos que sean necesarios para que el Estado salvadoreño sea apoyado con una especie de CICIES, es decir, un ente con la capacidad técnica, independencia política e idoneidad profesional, para entrarle de lleno a ese cáncer de casi 200 años de antigüedad llamado corrupción. 5º) Al interior de la sociedad civil existen valiosos académicos, investigadores sociales, periodistas de fuste, líderes empresariales honestos y cientistas políticos preparados, además de los muchos ciudadanos organizados en nuevos movimientos cívicos, como para integrar estructuras que apoyen el funcionamiento de una CICIES verdaderamente independiente, ávida de coadyuvar con el saneamiento de nuestra República.

Compatriotas: tomémosle la palabra al Ejecutivo de mostrarse abierto a una CICIES, pero que sean los últimos 28 años los que comprenda el alcance de su labor y que ésta incluya comenzar investigando el drástico cambio en los estilos de vida de quienes hasta hace poco entraron con una mano adelante y otra atrás al desempeño de sus funciones públicas, pero que hoy en día gozan de la circunstancial prosperidad que genera todo lo mal habido.  Veinte más ocho…o nada.