¿Cómo enfrentar el enjambre sísmico?

Vulnerabilidad significa ser susceptible de sufrir daño y tener dificultad para recuperarse ante la presencia de un fenómeno natural peligroso. La vulnerabilidad está referida a la presencia de una amenaza probable en un momento. La precariedad económico-social hace vulnerables, a muchas personas y propensas a sufrir pérdidas de vidas.

Históricamente, en el país se han dado situaciones de emergencia debido a la actividad telúrica, volcánica e hidrometeorológica. El número de desastres generados por eventos de origen natural en El Salvador devela el alto riesgo que enfrenta el país, sobre todo dada su vulnerabilidad económica y social.

Los desastres de origen geofísico también afectan significativamente el ritmo de vida del país: derrumbes, terremotos, la erupción volcánica, incendios, el hundimiento de tierras son fenómenos con los que convivimos.

El Salvador sufre de otras amenazas atribuibles a la acción humana sobre los recursos naturales, el ambiente o la población, que ponen en grave peligro la integridad física de las personas como la contaminación; por el vertimiento de sustancias sólidas, líquidas o gaseosas al ambiente. Y las tecnológicas que derivan de la operación en condiciones inadecuadas de actividades industriales potencialmente peligrosas para la comunidad o de la existencia de instalaciones u obras de infraestructura que vulneran la seguridad de una colectividad.

En agosto de 2009, el gobierno solicitó a Naciones Unidas, que hiciera una evaluación de la capacidad de respuesta a desastres que tenía el país. Los resultados fueron espeluznantes: El 88.7 % del territorio nacional resultó ser vulnerable a desastres naturales. Además, el informe de la ONU señalaba que el 95 % de la población salvadoreña es vulnerable a sufrir las consecuencias de estos desastres. El Salvador pasó a ser el país más vulnerable del mundo.

En 2015 las cosas cambiaron para bien, pues según la ministra de Medio Ambiente y Recursos Naturales: El Salvador pasó de ser el país más vulnerable, a ocupar la posición número 8. En el país hoy existe un sistema de monitoreo que permite advertir el riesgo que puedan ocasionar fenómenos naturales de manera que se protejan más vidas humanas y se reduzcan las pérdidas económicas. Se creó entre otras cosas el  Gabinete de Sustentabilidad Ambiental y Vulnerabilidad.

Pero falta mucho por hacer, el enjambre sísmico que sufrimos, revela que no existe un desarrollo coordinado de un programa de educación para la prevención de desastres, ni hay campañas de divulgación o concientización pública que favorezcan una cultura de prevención a un evento adverso. Somos como país reactivos: accionamos cuando tenemos la emergencia enfrente.

Considerando que El Salvador es un país con amenazas por varios tipos eventos naturales y que una considerable parte de la población salvadoreña vive en zonas de riesgo, los sistemas de alerta temprana se hacen aún más necesarios.

Hay que decirlo con claridad no existen mecanismos de alerta temprana en todo el territorio nacional, ni siquiera en todas las zonas vulnerables y los mecanismos que existen varían mucho en sus métodos y complejidad pudiendo modificarse desde simples sistemas de observación de niveles de ríos, creados por comunidades rurales hasta sistemas de sondas complejas de monitoreo de sismos, pasando por elaboración de mapas de riesgos. El Ministerio de Medio Ambiente, algo, ha trabajado en la capacitación de observadores locales que tienen la función tanto de monitoreo y de alertas.

Es urgente establecer un Sistema Nacional Integrado de Alerta Temprana, soportado por sistemas locales. Este sistema debe ser establecido considerando el conocimiento técnico-científico del comportamiento de las principales amenazas que suelen afectar al país, la evolución de vulnerabilidades, el mapeo de áreas de riesgo y un adecuado sistema de comunicación entre todos los actores involucrados en ese sistema, desde el nivel local hasta el nivel nacional y viceversa.

Aún queda un camino largo que avanzar para superar la vulnerabilidad socio-ambiental que no solamente se puede recorrer solo con políticas públicas, sino deteniendo aquellos factores que condicionan a la vulnerabilidad como la pobreza, la desigualdad económica y la exclusión social.