¿Cómo librarnos de ser manipulados?

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FREDIS PEREIRA

Cuando la única fuente de información a la que accedemos son medios sensacionalistas, no es fácil saber que pasa en El Salvador. La manipulación mediática es el poder de los medios usado corruptamente, que hace que desconozcamos nuestro vecindario y creamos que vivimos en el infierno. Esta manipulación atenta contra nuestro bienestar.

El Salvador se pinta en los medios sensacionalistas como un lugar inhóspito y peligroso, un lugar al que se advierte no visitar; porque estos medios resaltan la barbarie como la esencia del país, dejando invisible, desconocido y olvidado aquello que no genera morbo o que conviene promover su olvido.

El lente de los medios manipuladores muestra solo lo conveniente a sus propietarios. En estos medios para ser visto hay que alinearse al interés del propietario o generar beneficios. La audiencia embelesada cree todo lo que ve, no comprende que fuera de este lente hay muchas cosas que no se muestran, no por ser falsas, sino porque no encuadran con la manipulación o no es lucrativo.

La perversidad de estos medios manipuladores opera mostrando de manera distorsionada solo retazos de la realidad. Hacen parecer que vivimos donde solo podemos encontrar la muerte, la corrupción y la delincuencia, que no hay nada aprovechable, nada que contribuya al bienestar. En esta distorsión se ocultan las buenas noticias o no se les da relevancia. Aunque resulta irracional creer que solo desgracias pasen en El Salvador, a los medios manipuladores les conviene resaltar estas noticias que generan morbo y lucro, invisibilizando los síntomas de bienestar, porque es acorde al interés mercantilista de generar audiencias y publicidad.

Además, para los medios mercantilistas promover el olvido es un servicio vendible a buen precio. Cuando estos medios hablan de corrupción, no mencionan aquellos pudientes que pagan facturas importantes en publicidad, pero que evaden impuestos. Prefieren hablar de zapatos usados de un ex presidente que preguntar qué pasó con los millones desviados de los fondos públicos, 152 casos de corrupción denunciados, que no se dice nada. Estos medios resaltan declaraciones como las del presidente de la ANEP, Luis Cardenal, opinando sobre corrupción, pero olvidan mencionar los procesos irregulares que fueron denunciados cuando este fue ministro de Turismo, por los cuales, tuvo que retirarse del gobierno en ese entonces.

El periodismo investigativo y balanceado no es prioridad de los medios sensacionalistas.

Estos medios carecen del periodismo que muestra una fotografía más completa de la corrupción, que recuerda las prácticas corruptas de los gobiernos pasados y las compara con las prácticas del gobierno presente. El balance noticioso también hace falta, donde resalten los avances positivos que hacen los jóvenes y los emprendedores, las iniciativas provechosas para los salvadoreños, aunque no generen morbo; donde muestre la información sin distorsión, la información disponible y reconozca que es incompleta, que no fomente los juicios mediáticos que dinamita la cohesión social y sirve a los intereses de la polarización y la antipolítica.

En conclusión, el poder de los medios también es corruptible, que olvida el bienestar de la población y se concentra en el lucro, que niega la libertad de expresión e invisibiliza a quienes no generan audiencia; que promueve el olvido y limita la realidad a un universo pequeño que solo conviene a los propietarios del medio. Para librarse de esta manipulación hay que buscar, como buen pescador, diversas fuentes de información, evaluar su calidad y ser observadores críticos de la realidad.