Controlar las zonas calientes de la delincuencia

 

Roberto Cañas

En las últimas semanas se han desplegado recursos policiales y militares por toda la ciudad en un esfuerzo por detener la delincuencia, los resultados no han sido espectaculares. ¿Qué sentido tiene diseminar los recursos si los delitos se concentran en puntos específicos de la ciudad?

Lo mejor es operar en zonas calientes del crimen donde ya está identificada la recurrencia de hechos delictivos, las acciones policiales deben implementarse en zonas específicas. No hay donde perderse, está comprobado que existe una fuerte vinculación entre delito y lugar.

Actualmente el control del crimen está basado en la detención de los infractores de la ley, todos los días vemos en la televisión que se producen capturas masivas de delincuentes. Es indispensable influir en la policía para que se centre en las detenciones y el procesamiento de los culpables individuales, pero le ponga más atención al control territorial.

En este sentido, el éxito del trabajo policial debe medirse no solo en relación con cuántas detenciones lleva a cabo la corporación, sino en términos de si las personas se sienten más seguras.

Es alentador saber que en los próximos días se realizará un foro donde se buscará destacar el rol de los alcaldes y sus concejos municipales en la prevención de la delincuencia. El Concejo Nacional de Seguridad Ciudadana y Convivencia, ya tiene tres años, ya es tiempo de ver resultados.

El uso de mapas georreferenciados que identifiquen puntos calientes facilita la concentración de recursos en las zonas de alta criminalidad. Las acciones policiales centradas en zonas específicas es el enfoque para comenzar. Hay que marcar presencia, resolver problemas y reducir las oportunidades para el crimen y también considerar aumentar las intervenciones sociales en las zonas calientes.

El intento de aumentar la eficacia colectiva y los controles sociales comunitarios a lo largo y ancho de un barrio entero resulta imposible para la policía y otros agentes de prevención de delitos. Pero las intervenciones son realistas si se enfocan en el 1 % de las calles de las zonas calientes de la ciudad. Y ese enfoque será más efectivo si la policía utiliza estrategias que incrementan la vigilancia y la disuasión, junto con esfuerzos destinados a fortalecer las comunidades que viven en las zonas calientes.

Una propuesta es trabajar en un plan por una colonia segura, donde exista un programa de vigilancia localizada, que se oriente a controlar la delincuencia en las zonas violentas de los barrios de la capital. El primer componente del programa puede ser instalar en esos lugares la policía comunitaria con carácter permanente.

La manera de trabajar de la policía debe estar centrada en buscar soluciones a los problemas de convivencia social al interior de las comunidades, en estrecha colaboración con instituciones locales y la población en general. Su ejecución se debe basar en una lectura estratégica de lo que pasa en cada cuadra, apoyada en información georreferenciada, lo que permite una toma de decisiones informada y una mejor distribución y eficacia de los recursos.

Los patrullajes de la policía no pueden ser al azar, deben estar diseñados en base a las necesidades de cada zona. Si la PNC cuenta con información acerca de la hora, el tipo y el lugar de los delitos que se producen el patrullaje será más efectivo.

Un segundo aspecto es aumentar el número de proyectos de prevención que se pongan en marcha de manera simultánea, con el fin de disminuir los factores de riesgo delictivo y fomentar una mayor cooperación ciudadana con la policía.

Aunque el plan no esté centrado específicamente en la prevención y control de la violencia de género, hay que incluir con urgencia programas para contener la violencia intrafamiliar y los feminicidios. Es perturbador que un sujeto desquiciado mate a su compañera de vida frente a sus dos hijos, de cuatro y 10 años y la sociedad no reaccione enérgicamente. Hay que desarrollar más programas para atender las distintas expresiones de la violencia de género en el país.

No hay tiempo que perder, hay que propiciar condiciones para un diálogo nacional en torno a los desafíos de seguridad y reafirmar el compromiso por un abordaje integral de la seguridad donde se privilegie la prevención, se dé una adecuada atención a las víctimas y se garantice el respeto a los derechos humanos.