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galevador39
on Feb 9th, 2010 e incluido en la categoria de
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noysita February 9th, 2010, 11:15 am
Que linda y generosa es mi gente, nunca cambien!
Jose Moran February 10th, 2010, 3:39 am
Centroamérica, una zona que se debate entre la incertidumbre y las promesas.
Aunque se trata simplemente de un anuncio de buena voluntad, se han reavivado los ánimos de los gobernantes, cuyos países están agobiados por altas tasas de desempleo, pobreza y algunos hasta con hambrunas, como es el caso de Guatemala y Honduras en el 2001.
En estas circunstancias los gobiernos necesitan inyectar a sus poblaciones dosis de buenas esperan-zas, y qué mejor cosa que prometerles trabajo y prosperidad económica apoyándose en las posibili-dades de un TLC con el gran vecino del norte.
Los gobiernos creen ciegamente en alcanzar la prosperidad económica mediante el libre mercado, pero su principal apuesta lamentablemente es la maquila textil, un rubro que no esta dejando más que los pírricos salarios de las obreras.
Pero dadas las condiciones de los países del istmo, no se puede esperar más de los sectores productivos inter-nos, ya que éstos, principal-mente la industria, se han quedado rezagados de la modernización y de la tecnología, siendo ineficientes e incapaces de competir con las grandes industrias extranjeras.
“las empresas manufactureras enfrentan una disminución del grado de industrialización” señala un informe sobre el estado de la industria centroamericana de la Comisión Económica para América Latina CEPAL.
Los más fuertes son aquellos que aprovecharon la apertura de mercado iniciada, en el caso de El Salvador, en los años 90’s, grandes consorcios que tuvieron que presionar al gobierno para que los protegiera, aquí encontramos casos como los monopolios de la cerveza, las harinas, cementos y el comercio de vehículos.
El resto sigue sumido en procesos de producción artesanales como el calzado, la panificación, la agroindustria, la pesca y las demás ramas productivas que serían fuente de mayor atracción de divisas y verdadera riqueza local si se desarrollaran.
La baja capacidad de la producción industrial ha provocado un endémico déficit comercial de toda la región centroamericana con Estados Unidos, que hoy se refleja en 3 mil 200 millones de dólares sin tomar en cuenta las exportaciones de maquila.
Estados Unidos es el destino del 60 por ciento de las exportaciones industriales del istmo, pero de éstas sólo el 80 por ciento corresponde a maquila textil y apenas el 20 por ciento a otros rubros.
Bajo estas condiciones, las posibilidades de lograr un verdadero desarrollo económico a partir solamente de los Tratados de Libre Comercio, donde predominen las inversiones y el comercio de maquilas como prometen los gobernantes, es una gran mentira para los centroamericanos.
La estrategia de las maquilas ha demostrado hasta hoy que es útil para frenar la presión del desempleo, principalmente en los sectores menos educados, pero no para responder a la necesidad de un desarrollo sostenido que genere progreso en el mediano y largo plazo.
Para lo segundo se necesita invertir en educación, formación técnica y la decisión política de los gobiernos de impulsar medidas concertadas, algo que parece estar fuera de la agenda de los gobernantes de la región.
Los capitales extranjeros dedicados al rubro maquila sólo se dedican a explotar la mano de obra barata de las mujeres con edades entre los 18 y los 25 años de edad, de ahí en adelante comienzan a sacar nuevos desemplea-dos que los sistemas productivos locales no pueden absorber.
Centroamérica en su conjunto puede, entonces, significar para el capital estadounidense y de otras latitudes, 31 millones de consumidores o una cifra similar de oportunidades de explotar hombres y mujeres en las zonas francas, que en términos mercantilistas le llamaran oportunidades de merca-do e inversión.
Los centroamericanos corremos el peligro de quedarnos a cumplir el papel principal de sastres de los Estados Unidos, y a cambio recibir toneladas de comida rápida, transgénicos, calzado, ropa usada y otras especies, poniendo en mayores dificultades la poca industria local.
En cambio, para el gran vecino del norte, un TLC con la región significará tender el primer puente hacia el gran mercado latinoamericano de 700 millones de consumidores, una oportunidad mas para levantar su deteriorada economía y de paso reafianzar su dominio geopolítico en el subcontinente.
Jose Moran February 10th, 2010, 3:44 am
JOSÉ FELICIANO AMA
ES UN MÁRTIR POPULAR
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SUMARIO
Oscar Martínez Peñate
Nació en Izalco, Departamento de Sonsonate, en 1881, y murió linchado por una turba enardecida y xenofóbica de ladinos, prodictadura y terratenientes, luego fue colgado de un árbol con un lazo, para dar la impresión que había muerto ahorcado el 28 de enero de 1932. Usaba pelo corto, bigote y barba bien recortada, vestía camisa y pantalón de manta, caites de cuero y sombrero de palma, fue un hombre humilde, respetuoso, de voz apacible, firme y convincente, no hablaba mucho castellano sino en su lengua natal —el náhuat—, trabajó de jornalero, gustaba sembrar maíz negro, era devotamente cristiano, querido y apreciado por los demás indígenas.
Casado con Josefa, hija de Patricio Shupan, quien era mayordomo principal de la cofradía del Corpus Christi (Espíritu Santo) y a la vez cacique de Izalco. Feliciano Ama recibió de su suegro respaldo y apoyo, él lo ayudaba a recibir a los mandaderos de la cofradía, recolectar las ofrendas y lo acompañaba a las reuniones importantes. Patricio Shupan murió a causa de un sorpresivo fortísimo dolor de estómago en 1917, luego de asistir a un almuerzo en la residencia presidencial con uno de los presidentes de la dinastía Meléndez-Quiñónez, Carlos Meléndez.
Para esos años Patricio Shupan ya reclamaba la expropiación de las tierras comunales que el gobierno le había arrebatado a los indígenas, la expropiación de éstas por parte del gobierno, el maltrato inhumano y la extrema explotación de que eran víctima los indígenas fue la semilla de la discordia que desembocó en la insurrección indígena y en donde la fuerza armada cometió el peor etnocidio del siglo XX.
Fueron masacrados más de 30 mil indígenas; este hecho histórico es conocido y denominado por los historiadores gobiernistas como los “sucesos de 1932″. Al fallecer Shupan, en 1917, Ama se convirtió en el cacique de los indígenas de Izalco y dirigente de la cofradía del Espíritu Santo, constituida en su totalidad por indígenas.
Continuó él la demanda por la devolución de las tierras comunales, la denuncia y la condena por la violación de los derechos humanos cometida contra su pueblo.
Mario Zapata y Alfonso Luna, jóvenes universitarios, al enterarse de los preparativos de la insurrección indígena liderada por el cacique Feliciano, llegaron a Izalco como dirigentes del Partido Comunista de El Salvador(PC), con el interés de aprovechar políticamente la situación con el propósito de que el PCS tomara la dirección.
Pero era ya demasiado tarde, Feliciano y los otros dirigentes indígenas tenían previsto el levantamiento indígena y al PCS no le quedó otra opción que adherirse a la revuelta indígena. En la noche del 22 de enero de 1932, Feliciano Ama ingresó a Sonsonate con centenares de indígenas, pero en la madrugada llegó gente extraña al movimiento, proveniente de Juayúa y ésta hizo destrozos, mataron al alcalde, cometieron acciones vandálicas y toda la responsabilidad se la atribuyeron injustamente al líder indígena Feliciano Ama, quien luego se replegó a unos huatales en las afueras de Izalco.
Los ladinos comenzaron a pedir su cabeza y desarrollaron un racismo paranoico.
La misión de atrapar a José Feliciano Ama fue encomendado a Cabrera, comandante de la guarnición de Izalco y reconocido como un matón que odiaba a los indígenas. Él salió con varios perros hacia los alrededores de Izalco, iba con varias decenas de soldados armados “hasta los dientes” vestidos de paisano y cuando llegaron al lugar donde se encontraba el líder indígena, lo embosca-ron, lo capturaron y amarrado se lo llevaron. a la alcaldía.
Ama gritaba: ¡vivan los indígenas!, ¡las tierras son nuestras¡, con su asesinato quisieron de esta forma apagar su voz por la justicia. Feliciano quedó suspendido de una ceiba frente a la Iglesia de la Asunción, como ejemplo de lo que le podía suceder a todo aquel que reclamara lo que le habían robado los terratenientes y los altos funcionarios de la dictadura de Maximiliano Hernández Martínez y de otros gobernantes anteriores.