Dolor de patria

Roberto Cañas

Así describe José Rutilio Quezada en su novela Dolor de Patria, a nuestro querido país: “Hay momentos que la patria te duele, es un dolor que se te incrusta muy dentro y para el que no existe pastilla alguna que lo pueda aliviar. Simplemente duele y es como que no te dejara respirar en paz. Mi patria me duele, muy pero muy dentro, me deja sin fuerzas, sin esperanza, sin alegría, sin nada… sólo esa sensación de dolor que no se va con nada. Y mientras tanto, mientras el dolor sofoca mis pupilas, mi patria se sigue desangrando, mis niños se quedan sin padres, sin hermanos, sin nadie… generación de desposeídos que van matando al que se cruza por delante y ya nada importa, ya la vida no es sagrada ¿qué más da matar a uno que matar a cientos? de todas maneras sólo miramos hacia otra parte y seguimos como autómatas: trabajar-comer-dormir-despertar-vivir-morir-matar-llorar-ignorar-doler”…

La consternación es enorme, yo no puedo olvidar, a las 15 personas que murieron calcinadas en un ataque a un microbús en Mejicanos el 21 de junio de 2010. Me da mucha tristeza recordar a Jennifer Abigail la niña de seis años que fue secuestrada, violada y torturada antes de quitarle la vida en el interior de un cañal del cantón la Pampa, municipio de Tecoluca, San Vicente el 29 de junio de 2015. Sufro al pensar que en octubre del año pasado en el cantón Flor Amarilla Arriba, de Santa Ana  tres niñas pasaron la noche junto a los cadáveres de sus padres, pues la pareja fue acribillada, frente sus hijas de uno, tres y cinco años de edad.

Hoy la bofetada a la sociedad es la muerte del hipopótamo Gustavito tras una cruel paliza, la desalmada acción contra este animal constituye un mensaje contundente de la crisis moral que vive la sociedad salvadoreña.

La indiferencia también mata, me aterroriza la apatía de los buenos, hay momentos que uno ya no sabe qué tiene que pasar en El Salvador para que la ciudadanía reaccione.

Rechazar y condenar enérgicamente lo que pasa en el país, expresar el profundo dolor e indignación que nos causa lo que está sucediendo, ya no es suficiente. Debemos comprometernos a trabajar para garantizar la eliminación de la violencia y la delincuencia.

El 12 de enero de 2017 la Asamblea Legislativa, declaró el año 2017 como el “AÑO DE LA PROMOCIÓN DE LA CULTURA DE PAZ”. Sería inaceptable que al finalizar el año, nos demos cuenta que esta declaración no cambió nada. No sirvió para nada.

Las declaraciones no alcanzan, los salvadoreños tenemos que ser capaces de superar esta época de dolor y sufrimiento. Hoy con valentía, audacia e imaginación debemos ser capaces de construir la paz social que tanto necesita el país.

La base fundamental de la sociedad es la familia, sin excusas, hay que hacer lo que se tenga que hacer, para que funcionen bien los organismos y servicios dedicados a la familia para que trabajen efectivamente por lograr la integración, bienestar y desarrollo social, cultural y económico de los hogares salvadoreños.

Para el pandillero su progenitora es el referente de sus necesidades afectivas y materiales. A su Madre, es lo único que respetan estos delincuentes. La figura materna está vinculada a la cercanía, la confianza, al comentario íntimo del marero. Está documentado que dentro de las reglas de la pandilla, el asesinar a la Madre es considerado una traición muy fuerte.  De inmediato el gobierno, con el apoyo de iglesias, universidades y otras organizaciones de la sociedad civil debe crear y desarrollar en los barrios y colonias del país el “Programa Madre” que  tenga como propósito contribuir a la superación de la violencia y la delincuencia atendiendo a las Mamás de pandilleros.

El 16 de enero el Señor Sánchez Cerén en el discurso de conmemoración del 25 aniversario de la firma de los Acuerdos de Paz, dijo: “He dado instrucciones al Ministro de Educación para que sea incluida, a la brevedad posible, la promoción de la Cultura de Paz como parte de los contenidos curriculares en todos los centros escolares de nuestro sistema educativo”. Todavía no hay nada concreto.

La escuela es junto con la familia un agente primario de socialización. Es en la escuela donde se inculcan valores, buenas costumbres. El nombre de la materia Moral, Urbanidad y Cívica no me gusta, hay que llamar las cosas con su nombre, lo que necesita el país, desde la educación inicial, hasta la universidad, es crear y darle un fuerte impulso a la Catedra de Cultura de Paz y a la materia de Educación para la Ciudadanía. Esto ¡hay que hacerlo ya!

La Vida es sagrada y “Cuando una sociedad aprende a respetar la vida, aprende a respetar los otros derechos”.