¿Educación corrupta o corrupción educativa?

Siro Edgardo Monterrosa
Lamento decirles que hemos caído en una trampa. El anzuelo está cebado; nos vemos tentados a morder el bocado y terminar atrapados en una cacería de brujas.
¿Es la corrupción lo que debemos perseguir? ¿La de quiénes? ¿Desde cuándo y hasta cuándo?
Nuestro problema está fincado en la impunidad. Los corruptos siempre existirán, de todos los colores, sabores y olores, siempre y cuando se sientan protegidos.
Es corrupto el de la tienda; es corrupto el del taller. Es corrupta la señora del salón de belleza, el empresario, el maestro, el alumno. Es corrupto el transportista, la tortillera, la pupusera, el empleado, el policía. Cada uno en su medida y según el dicho: “el que tiene más hocico, traga más pinol”. La gran pregunta es: ¿por qué? Su respuesta es el origen de todos los males.
Leyendo los tuits de la embajadora de EE.UU en el país, Jane Manes, he llegado a la conclusión de que estamos obnubilados. El mal que debemos atacar es la impunidad.
El corrupto, será corrupto mientras considere que tiene protección legal. Los niños y niñas, aprenden en la casa, en la escuela y en la sociedad que el éxito es del más vivo.
Es un modelo que hemos venido cultivando desde el principio de nuestra historia: ¿Quién se queda con las tierras?, el vivo. ¿Quién hace trabajar más por menos?, el vivo. ¿Quién mantiene una cultura de ignorancia?, el vivo. ¿Quién triunfa y es exitoso?, el vivo.
Los demás somos solo números, objetos de uso; votantes ciegos; habitantes de un territorio. Pero no ciudadanos.
En formación educativa, la manera de ser se adquiere por imitación; por reflejo, por modelaje. ¿Quiénes se ven exitosos?, los corruptos. ¿Qué debo hacer para ser exitoso?, ¡corromperme!.
Al modelo se le llama “currículo oculto”.  ¿Se han dado cuenta que es más fácil que un niño o niña se aprenda una letra de una canción de reguetón que la oración a la bandera? ¿Se dan cuenta que, los niños y niñas, en vez de refrigerio saludable piden dinero para comprar comida “chatarra”? Todo ello es producto de la impunidad, fomentada desde el seno del hogar; fijada en la escuela y consolidada en la vivencia social.
Impunidad al comerciar, impunidad al cobrar, impunidad al desfalcar, impunidad al robar. Impunidad al adjudicar contratos sobre la base del diezmo; impunidad en todo. No hay ley, no hay castigo; no hay justicia!!
Nunca es tarde, señora Manes. Combatamos y erradiquemos la impunidad; FGR, Asamblea Legislativa, Corte Suprema de Justicia; demostremos que el delito no queda impune. Apliquemos justicia sobre los casos pasados y presentes de manera que eduquemos a nuestra juventud en el entendimiento de que la corrupción es un camino inútil.
Pueblo: denunciemos la corrupción. Desde la gasolinera que te sirve galón incompleto de combustible; el diputado que da su voto por dinero; el partido que compra votos a pandilleros, el mecánico que te cobra piezas que no instaló, el chofer que se queda con tu vuelto. ¡Denunciemos!, porque la impunidad tiene su base en nuestra desidia, en nuestro conformismo.
Sentemos precedentes contra la impunidad. Investiguemos nuestros gobiernos desde 1989 a la fecha. Al que investigado con justicia, con prontitud, con equidad, resultare culpable: aplicar las sanciones. Seguramente en el futuro, todos y todas funcionarios se la pensarán dos veces antes de cometer actos ilegales.

Seguramente, nuestros hijos e hijas aprenderán que la corrupción no paga. ¿Cuándo comenzamos?