EDUCACIÓN EN EL SALVADOR, LO QUE NO SE QUIERE DECIR NI HACER

 

 

Sirio Edgardo Monterrosa

Educación es lo que define el presente y futuro de un país; pero no se remite a lo que se aprende en la escuela. Educación es un conjunto de pautas, normas, entendimientos y preceptos que se adquieren desde el hogar, se consolidan en la escuela y se practican en la sociedad sustentándolos o desechándolos. Para que la educación sea efectiva, debe ser consciente, participativa, humana y proactiva. De otra forma, no nos educamos, nos instruimos.

Los modelos educativos que han impulsado a las sociedades, que han alcanzado ciertos niveles aceptables de desarrollo, se han fundamentado en el ser. No en el sistema. No en el parecer.

Nuestra sociedad, no despegará mientras en educación no demos el salto necesario hacia la atención del ser. No educar a las personas para adaptarse a un modelo (de producción, de consumo, de comunicación, de relaciones interpersonales); sino más bien, educar para ser crítico cambiante de dichas relaciones.

Padres que dicen a sus hijos lo que deben estudiar porque les dará más dinero. ¿Y la autoestima, y la realización personal, y los sueños y los deseos y anhelos propios de ese ser que llamamos hijos? Resultado final: trabajador mediocre que trata de evitar los lunes y acelerar los viernes. Productividad baja, producto deficiente.

Aplicado al sector docente, puede palparse esta realidad de profesionales en los salones de clase. Maestros que están más preocupados por el día de pago; que no les interesa si el niño o niña aprenden sobre la realidad sino que les hacen repetir conocimiento muchas veces obsoleto y desfasado. Docentes que utilizan materiales educativos a condición de que les den un bono, las planificaciones, los exámenes, una laptop y un viaje de placer a alguna playa o restaurante. Docentes que no están dispuestos a gastar un minuto en escuchar las quejas, las demandas, las necesidades de sus estudiantes. Docentes que no se involucran ni participan de las penas y alegrías, del dolor y la tristeza de los chicos y sus familias. En suma, docentes desconectados (salvando las excepciones).

Gremiales desintegradas ligadas a partidos en donde sus dirigentes (que no necesariamente son líderes) buscan perpetuarse en las direcciones con el anhelo de que algún día por su apoyo les den espacio a ser candidatos de algo. Colegios convertidos en negocios donde lo importante es pagar la cuota y comprar todo adentro, desde los uniformes hasta el agua. Universidades ofreciendo carreras “lucrativas” y produciendo cientos y miles de profesionales que no se pueden absorber en el mercado laboral.

Sociedad polarizada, extremista, mentirosa, consumista, despilfarradora de recursos, destructora del medio ambiente, avara, no solidaria, inescrupulosa, violenta…

El choque entre la teoría y la realidad es brutal. ¿Cómo logras que tu hijo o hija no sea corrupto en un país en donde la corrupción ha sido la norma y donde la impunidad es ley? ¿Cómo haces para que tus hijos e hijas luchen por sus anhelos e ideales cuando la realidad te impone adiestrarte para el trabajo dentro de un modelo productivo maquilero? ¿Cómo le explicas a tu hijo o hija profesional que no va a conseguir trabajo si no tiene “conectes” o que mejor se dedique a otra cosa? ¿Cómo logras que las personas protejan su entorno si  las grandes empresas lo aprovechan para su beneficio personal obteniendo grandes riquezas a cambio de su destrucción? ¿Cómo se le explica al futuro ciudadano que debe vivir en armonía con sus semejantes si lo que ve en las noticias, lo que escucha en la radio, lo que encuentra en redes sociales es difamación, mentira, pleito, tergiversación, falacia, acusaciones, señalamientos?

A esto, se responde con otra pregunta: ¿Qué tipo de sociedad deseamos ser? Una reproducción de la actual es fácil; sigamos haciendo lo mismo. Una sociedad distinta, productiva, armoniosa, equilibrada, equitativa requiere de hacer cosas diferentes. Esta diferencia en educación, no comienza con cambios de programas; comienza con cambios de actitud en el cuerpo docente. Docentes que no lleguen a “dar clases”, sino a recibirlas e intercambiarlas. Docentes que no tengan la respuesta a todo y nada, sino docentes que encuentran respuestas junto a sus estudiantes.

Requerimos docentes que estén bien compensados económicamente, pero sujetos a ser evaluados periódicamente en su desempeño de acuerdo a los productos observables: niños, niñas y jóvenes autónomos, capaces de tomar decisiones y asumir las consecuencias, proactivos, dispuestos a escuchar, capaces de comunicarse con efectividad, dispuestos a leer y aprender por sí mismos; decididos y conscientes de tomar su futuro y el de los demás en sus manos.

Jóvenes que comprenden los problemas de la familia actual y lo corrigen en sus vidas; que protegen su entorno porque han razonado que su salud y su vida están en juego; jóvenes que razonan sobre su sexualidad, las consecuencias de sus actos y los corrigen en su desempeño personal.

Por hoy, lo que hemos logrado, son chicos y chicas sin un proyecto de vida; que llegan a la U a elegir carrera (generalmente por la facilidad de las materias u obligados desde casa); muchachos y muchachas que adquirieron compromisos de adultos y solo les queda “rebuscarse” aceptando cualquier trabajo mal pagado. Gente que tira la basura en cualquier lado porque “todo mundo lo hace”. ¿Así queremos seguir? Entonces sigamos reproduciendo el modelo.