El ladrón aunque de colores se vista…

 

Jorge Castillo

Mientras el populismo va en caída libre y sus presidentes van a la cárcel, el país se adentra en una nueva etapa de su aprendizaje democrático, no tanto por algún despertar patriótico que hayan tenido las instituciones, sino más bien, por una especie de simbiosis donde el clamor ciudadano fue recogido por la administración estadounidense y hoy se juntan para encontrar respuestas oportunas  a la histórica demanda de que los recursos públicos se usen pragmática y honestamente.

Los grandes perdedores de la presente década han sido los gobiernos populistas, de izquierdas y derechas, cuyos gobernantes hoy son puestos en vitrina como incuestionablemente corruptos y apátridas.

El impulsor de la reforma económica china, Deng Xiaoping, al referirse al pragmatismo que debería adoptar su modelo (economía socialista de mercado)  dijo: “No importa que el gato sea blanco o negro; mientras pueda cazar ratones, es un buen gato”. La frase, claramente un alegato en pro del realismo económico, implica que la  corrupción es  inadmisible en el  funcionamiento de las instituciones, cuya efectividad en el modelo debe ser incuestionable.  Xiaoping tenía los pies sobre la tierra ante el contexto imperante de capitalismo global y economía de mercado, en donde no hay espacio para corruptos ni corruptores. Si no, pregúntese el querido lector el fin que tienen los corruptos en la China continental.

Los recientes acontecimientos producidos en nuestro país, especialmente el rol que viene desempeñando la Fiscalía General de la República, si bien es criticado por unos pocos, es también alabado por la inmensa mayoría de gente decente. El Salvador empieza a transitar por un camino de una sola vía, cuyo destino es el mismo  que todos queremos: un país en desarrollo, próspero y seguro, donde el majestuoso imperio de la Ley esté por encima de colores políticos, sesgos partidarios, posiciones sociales, categorías  económicas o credos religiosos.

Una de las críticas que se hace a las actuaciones del Fiscal General se orienta a decir que responden a una agenda diseñada para nuestro país por la poderosa nación del norte. Eso no debería extrañar a nadie, porque ni es una agenda exclusiva para nuestro país (incluye el Triángulo Norte) ni los EUA ha negado nunca sus intenciones respecto a El Salvador: Apoyar en seguridad; contribuir con el clima de inversión y combatir la corrupción. En este último aspecto, lo que hace la Fiscalía General es operativizar su mandato constitucional y lo que hacen los EUA es ejercer la acostumbrada presión político-diplomática para tener resultados concretos. Lo demás es paja.

Otra de las críticas que se escuchan (muy fumada por cierto) por parte de la izquierda, especialmente por el “nervioso” alcalde capitalino, es que “La Fiscalía está demasiado ocupada destruyendo a los enemigos de ARENA, quitando los obstáculos para el 2019. Todo orquestado por los que siempre han mandado en nuestro país. El que crea que esto es una cruzada por la justicia, está pecando de ingenuo. Este es un plan para que regrese ARENA. Y aparentemente, y para tristeza del futuro de mi país, este nuevo Fiscal ya está abordo”.

De ahí que la frase de Xiaoping, originalmente orientada hacia el plano de la política económica, tenga cabida en nuestra propia realidad institucional en provecho de la justica, la transparencia y la lucha contra la impunidad, cuya hora por fin ha llegado al país. Que el señor Alcalde siga matando su chucho a tiempo.

No nos equivoquemos, la corrupción y manipuleo impune de la institucionalidad democrática en los últimos 27 años, es la que ha frenado el desarrollo de El Salvador. Por tanto, no importa  el color del gato, sino que cace ratones. Y ya sabemos lo peligroso que resulta para una democracia no contar con gatos que verdaderamente exterminen a los nocivos roedores que, en nuestro caso, han engordado muchísimo, adoptando frente a nuestras propias narices, lujosísimos estilos de vida a costa de los sagrados intereses colectivos.