¿El policía viste de verde olivo, o el verde olivo lo viste a él?

 

 

Saúl Baños

En el acto de conmemoración de los primeros seis meses de implementación de las medidas extraordinarias para mejorar la seguridad en el país, y seis meses de la creación de las Fuerzas Especializadas de Reacción El Salvador (FES), el director de la Policía Nacional Civil (PNC) Howard Coto,  apareció ataviado con un traje verde olivo camuflado. Hecho que pudo haber pasado desapercibido, a no ser que desde la creación de la PNC los uniformes de la corporación policial han sido otros.

La comunicación humana se establece por medio de la utilización de diversos signos; y desde esa óptica, el uso del verde olivo del Director puede tener distintas interpretaciones, desde las más simples como creer que lo hizo por generar un sentido de pertenencia con los miembros de la FES, que actualmente la integran 400 miembros de la PNC y 200 de la Fuerza Armada, que también utilizan el uniforme verde olivo. O interpretaciones más de fondo, como pensar en que se está perdiendo el espíritu civil con que nació la PNC.

Si bien más allá del vestuario que utilicen, puesto que el uniforme no debería ser el determinante ni la esencia de lo que se hace, sí lo debe ser la actuación que se está teniendo en el terreno, y con ello la posibilidad del rompimiento en la práctica de las funciones de seguridad y de defensa nacional que corresponden a la PNC y al ejército, respectivamente. En concreto, cómo un ciudadano que es objeto de una acción de seguridad, como en un retén, puede diferenciar entre un agente de la PNC o de un miembro del ejército si ambos usan un uniforme similar.

Posiblemente, con el uso del verde olivo en la FES hay que valorar si el ejército está invadiendo las acciones de seguridad pública propias, de acuerdo a la Constitución, de la PNC. Esto pese a que desde la administración de Calderón Sol se vienen desarrollando los llamados Grupos de Tarea Conjunta entre miembros de la PNC y del Ejército, pero que se habían diferenciado visualmente.

Ahora, bien, si la intención estratégica es mantener cierto control del ejército para evitar que por la vía de este se genere una futura inestabilidad política, y en tanto ello tratar que la “civilidad” entre en el ejército, pareciera ser que no está dando ese resultado, sino a la inversa. Porque más allá de que el batallón FES lleve el nombre de un grupo élite de la guerrilla, y más allá de que un exmiembro de la guerrilla ahora convertido en director de la PNC vista de verde olivo, no significa que el espíritu civil y de respeto a los derechos humanos esté llegando al ejército, puesto que las acciones en el terreno y las percepciones de la población sobre la efectividad de las labores de seguridad pública parecieran ser las más predominantes, sin que se repare siquiera en los niveles de respeto a los derechos fundamentales de la población. En otras palabras, pareciera ser que es el ejército el que lidera las acciones de seguridad pública y en tanto ello la Policía Nacional Civil debilita su rol nacido de los Acuerdos de Paz; en perspectiva a mediano o largo plazo, eso es peligroso para el país; primero, porque se estaría incumpliendo con la separación de funciones establecida en la Constitución para la PNC y para el Ejército; y segundo, porque la escasa formación de los miembros del ejército en materia de seguridad ciudadana les hace proclives a irrespetar los derechos humanos de la población.

Será en Director de la PNC quien sabrá los motivos que lo llevaron a vestir de verde olivo, si es la policía en el ejército, o el ejército en la policía, y de lo que quiso comunicar. Cabalmente se aplica aquel viejo refrán que dice que el hábito no viste al monje, pero lo distingue.

Los ciudadanos honrados debemos saber distinguir entre un miembro de la Policía Nacional Civil y uno del ejército.