El Salvador 2016, las cuentas no cuadran

Jorge Castillo

Politólogo

Al otear el horizonte sociopolítico se identifican cinco actores de la vida nacional, cuya incidencia en los diversos campos del poder provoca que nuestra frágil democracia se fortalezca o se debilite. Oportuno es, por tanto, efectuar una rápida aproximación a los desafíos que tendrán estos actores  en el 2017.

1º) Gobierno. Órgano Ejecutivo. Enfrenta el reto de superar los desagradables  calificativos de anti-empresarial, populista, incapaz e incompetente con los que lo fustiga la derecha, sin dejar de relacionar que, dado que los referentes que escogió para gobernar (Brasil para Funes y Venezuela para Sánchez Cerén) aunado al estado calamitoso de los gobiernos de estos países, resulta apenas lógico inferir el equivocado rumbo que el país lleva. En todo caso, que sea el respetable lector quien juzgue si tales calificativos aplican o no.

Órgano  Judicial. Comienza a dar señales de depuración en sus jueces, modestísima, pero depuración al fin. Tiene el reto de superar el bochornoso récord de ser el ente más denunciado al negarse a proporcionar información a la ciudadanía. Paradójicamente, gracias a los viscerales ataques de dirigentes fundamentalistas de izquierda y sus masas fanatizadas, la Sala de lo Constitucional ha cobrado protagonismo, como héroes y como mártires.

Órgano Legislativo. Tiene el reto de desempolvar muchas e importantes leyes, titánica labor si se toma en cuenta que, ni siquiera para el presupuesto estatal se pusieron de acuerdo. Por más austeridad que anuncie su Presidente, la ciudadanía seguirá desconfiando de la Asamblea, peor si los partidos se empecinan en mantener la nociva polarización en el 2017, algo que es seguro que ocurra dado el carácter pre-electoral del nuevo año. Como no renuncian al seguro médico privado, la gente comienza a creer que el test psicológico anunciado por Tránsito, debería comenzar en el Salón Azul.

Reflexión para el gobierno: “La maravillosa inteligencia humana, nos otorga la capacidad de corregir aquello en lo que nos equivocamos y que aún puede enmendarse”.

2º) Partidos políticos. Las extremas se lucen con la polarización. El doble estándar de sus discursos evidencia su liderazgo fanático, frenético y antipatriótico. Su lógica: primero los intereses de sus partidos y financistas, luego los de la gente. Así, la extrema izquierda quiere el poder total para impulsar su trasnochado socialismo. La extrema derecha busca rescatarlo y retornar al neoliberalismo. Los partidos pequeños se mantienen como las rémoras: pegados al pez más grande, alimentándose del despojo que les arroje. Las candidaturas no partidarias son un chiste.

Reflexión para las cúpulas: maduren y dejen de burlarse de la inteligencia ciudadana. El abstencionismo en el 2018 se los cobrará.

3º) Sociedad civil organizada. No solo deberían señalar lo incorrecto, también hay que proponer constructivamente. Urge que se unifiquen alrededor de una plataforma cívica común. Los movimientos hasta ahora conocidos lucen descoordinados. Su reto para el 2017: desterrar actitudes mesiánicas, egocéntricas y populistas.

4º) Sector privado. Sus desafíos: a) Acercarse más a la gente para dejar de ser percibidos como negreros y/o  explotadores. Su tenaz oposición al nuevo salario mínimo no es bien vista por nadie. b) No defender con subterfugios leguleyescos a quienes evaden o eluden al Fisco. c) Generen riqueza, pero háganlo alejados del capitalismo salvaje y del aberrante mercantilismo.

5º) Institucionalidad democrática anticorrupción. La Corte de Cuentas de la República, el Tribunal de Ética Gubernamental, la Secretaría de Transparencia y el Tribunal Supremo Electoral, deben ponerse a tono con el ritmo que lleva la Fiscalía General de la República, la Sala de lo Constitucional, la Sección de Probidad y el Instituto de Acceso a la Información Pública. Su desafío: integrarse coordinadamente y conformar el Sistema Nacional Anticorrupción.

Conclusión. Los cinco actores mencionados deberían reflexionar que los escándalos de corrupción  no ocurren por falta de controles, sino por la capacidad de evadir que tienen algunos funcionarios públicos y quienes los corrompen.  En el 2017 es imperativo erradicar la opacidad en el manejo de los recursos públicos.