El Salvador 25 años después ¿en paz?

Jaime Ulises Marinero

Este 2017 es especial, pues apenas el 16 de este mes los salvadoreños conmemoraremos los 25 años de la firma de los Acuerdos de Paz. Quienes siendo jóvenes estudiantes de bachillerato o universitarios vivimos la intensidad del conflicto armado que dejó más de 70 mil muertos no queremos saber de guerras nunca más.

Muchos de mis amigos murieron en la guerra, ya sea defendiendo los intereses de la derecha que gobernaba en el país y eran defendidos por el ejército nacional apoyados por Estados Unidos o defendiendo los intereses de quienes se decían de izquierda y hablaban de revolución o muerte y eran apoyados por Cuba. Algunos también murieron sin tan siquiera estar en uno u otro bando, simplemente murieron porque así de ingratas, injustas e ilógicas son las nefastas guerras o conflictos armados.

Cansados de tanta guerra, de tanto dolor y de tanta injusticia, por fin las extremas decidieron dialogar y negociar una paz que en teoría debería de ser firme y duradera. Los representantes de las partes se sentaron civilizadamente con apoyo de países como Venezuela, México, Francia, Costa Rica y otros, para buscar una solución negociada a un conflicto que lejos de tener una solución militar amenazaba con acabarse generaciones de jóvenes. Parecía un conflicto interminable que inundaba de luto a las familias, especialmente a las más pobres. Soldados y guerrilleros provenían de familias de escasos recursos económicos.

Dialogar es entender y comprender, es saber escuchar para tener derecho a ser escuchado, es tener conciencia que no siempre la razón está de nuestro lado, es buscar satisfacciones cediendo pretensiones. El diálogo es la manera más civilizada y humana de buscar acuerdos cuando se prioriza la democracia y el interés social de los pueblos.

Negociar es dar algo a cambio de algo, toda vez que lo que se entrega sea proporcional y satisfaga a las partes. En una negociación no todos ganan equitativamente, pero al final todos obtienen una ganancia. Con la firma de la paz tras el diálogo y la negociación todos ganamos, algunos más que otros, pero finalmente lo justo.

La paz no puede ser definida de otra forma, sino es exclusivamente como la ausencia de conflictos, inquietud, violencia o guerra en la sociedad, porque sus partes o miembros se encuentran en equilibrio y estabilidad. Así se define la paz por excelencia, la que anhelamos individual y colectivamente los salvadoreños.

Han pasado 25 años desde que en el castillo de Chapultepec (México), se firmaron los acuerdos de paz entre el gobierno que presidia Alfredo Cristiani y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional. A muchos, de ambos lados, no les gustó poner fin a 12 años de conflicto armado, porque perdieron privilegios. La firma de los acuerdos de paz permitió la creación de instituciones que en teoría vendrían a consolidar la paz anhelada.

No es mi objetivo analizar si esas instituciones cumplen o no con su rol designado tras las firmas de los acuerdos de paz, sino más bien reflexionar que tras 25 años realmente no hemos logrado la paz porque como Estado hemos perdido la valiosa oportunidad de consolidarla. Crecimos en democracia y capacidad de negociación, pero fallamos en la paz.

En su momento no le apostamos a la juventud ni albienestar social, por lo que hoy vivimos consecuencias negativas traducidas en auge delincuencial. Las maras, pandillas o grupos terroristas, han sembrado el terror y han roto una paz que quizá iba por buen camino. Nadie que haya gobernado este país está exento de culpas, aunque por razones de honestidad hay que decir que algunos son menos culpables. Hubo quienes dejaron asentar el problema de las pandillas, mientras que otros las promovieron y hasta les dieron privilegios. Hoy las consecuencias las sufrimos todos y algunos han aprendido a ver un voto por cada pandillero y muchos más cuando apuntan a sus núcleos familiares.

El miedo que los jóvenes vivimos en la década de los ochenta hoy lo viven de diferente modo los jóvenes que están a merced de los grupos pandilleriles. Los salvadoreños merecemos vivir realmente en paz y el 2017, cuando se cumplan 25 años de la firma de los acuerdos, la paz puede ser un anhelo y propósito de todos.