EL SALVADOR. Diálogo a la fuerza

Jorge Castillo

Menudo encargo el que la ONU ha conferido a su enviado especial, con miras a facilitar el diálogo en nuestro país. La paz es el único camino para salir de la crisis política que día a día se profundiza. Pero esa paz tiene enemigos bien arraigados, a quienes – por pura mezquindad –  no les conviene arribar a ningún acuerdo.  Así de simple, sencillo y asqueante. Pura conveniencia electoral dentro del juego de poder: legislativo y municipal (2018)  y presidencial (2019).

A la extrema derecha le conviene ir a elecciones con un país emproblemado. De lo contrario, ¿De dónde saldrían sus argumentos para rescatarlo? A la extrema izquierda le beneficia una derecha así,  intransigente, torpe y bloqueadora, para tener argumentos que justifiquen su mal gobierno.

Recientes actitudes de las extremas políticas proyectan a individuos que solo esperan las chispas adecuadas, para darle fuego al polvorín que tienen en su interior. Se trata de no avanzar en dialogar sobre temas serios y estructurales, mucho menos, en alcanzar acuerdos de fondo tendientes a lograr una paz definitiva. Si conversan es por la presión desde el exterior, no por voluntad propia.

Históricamente ese ha sido el juego de las extremas. Lo fue en la guerra del 80 al 92. Lo reeditan hoy en día, a las puertas de dos elecciones, con dos actores políticos cuyos modelos son antagónicos e irreconciliables y frente a una sociedad civil que luce incrédula, desconfiada y harta de esta clase política, dibujada en el reciente “Primer Foro Internacional de Comunicación Política” desarrollado en nuestro país, como una clase política intolerante, incongruente, inconsecuente y contradictoria entre lo que piensa, lo que expresa y lo que hace.

Una de aquellas pequeñas chispas la activó recientemente la Embajada Americana, al crear el llamado “Consejo Juvenil” de esa legación en El Salvador. Es uno más de las decenas de estructuras similares que los EUA mantienen en diversas latitudes que, en términos generales, busca potenciar nuevos liderazgos en el seno de las juventudes en función de coadyuvar con el mejoramiento de sus propias comunidades.

Desde la perspectiva de la izquierda más dogmática, ese tipo de esfuerzos son percibidos como actos injerencistas de Estados Unidos. El Secretario General del partido en el gobierno lo dice más claro: “Para nosotros, para el FMLN, esto no es ni más ni menos que una actitud injerencista por parte de un país extranjero. De hecho, no hay una actitud de respeto como corresponde a cualquier embajada en un país que no debe entrometerse en los asuntos internos del país correspondiente”, (Canal12 TV-27-febrero-2017).

Bastó una chispita para encender la hoguera y, de paso, poner en ridículo a su Presidente que se desvive en elogios y agradecimientos a los países cooperantes. La afiliación política a la otra extrema política partidaria del joven que preside dicho “Consejo Juvenil”, despertó la suspicacia en los duros del Frente, aunado a alguna imprudencia política por parte de una hiperactiva Embajadora, que como se sabe, no es precisamente del agrado de quienes durante la guerra decían “Yankee agresor, fuera de El Salvador”. Parece que el rencorcito “anti-imperialista” se mantiene.

La intolerancia política es una actitud perniciosa, que se resiste a aceptar, mucho menos a  respetar, los conceptos, opiniones o actitudes de los demás, cuando los mismos no coinciden con las propias concepciones que se tengan de un asunto.

El fresco incidente, entre la embajadora americana y el primer designado a la Presidencia, debería  ser insumo para el delegado especial de la ONU.

Concluyo: 1º) Aquel incidente es sólo un pálido reflejo de la intolerancia con la que a  diario deberá bregar don Benito Andión. 2º) La intolerancia y la ausencia de voluntad política en las extremas, son actitudes enemigas de la paz. 3º) Si las extremas conversan es por presiones externas, no por voluntad propia. 4º) El sutil lenguaje diplomático no funciona con los fanáticos.