EL SALVADOR. Los juicios mediáticos y la independencia judicial

Jaime Ulises Marinero

En muchas ocasiones la Fiscalía y los abogados defensores pretenden ganar los procesos judiciales a través de los juicios paralelos que generan a través de los medios de comunicación, tratando de incidir sobre la opinión pública y lógicamente sobre la independencia judicial.

Cada quien reclama justicia a su manera. Para la parte acusadora, los jueces hacen justicia solo si condenan; mientras que para los defensores de oficio y particulares  los jueces actúan con justicia si absuelven. En ese sentido, todo fallo de un tribunal deja contentos a unos y molestos a otros. Los jueces se limitan a resolver con base en pruebas de cargo o descargo y aplicando la ley y la sana crítica.

Ningún fallo es absoluto o definitivo. La legislación permite apelar a cualquier fallo, si alguna de las partes está inconforme. El debido proceso contempla controles de tribunales de alzada, de tal manera que un juzgado superior puede mantener o modificar total o parcialmente un fallo. La única instancia que no contempla apelación, porque sus resoluciones son  de estricto cumplimiento, es la Sala de lo Constitucional.

La semana pasada, la Mesa Judicial, instancia que aglutina a jueces y magistrados, elaboró un comunicado de prensa para pedir a las partes  respetar la independencia judicial y no tratar de incidir mediáticamente, esto fue específicamente por el caso conocido como “Troll Center” , cuyo fallo dio a conocer el viernes pasado el Tribunal de Sentencia de Santa Tecla. La Mesa Judicial sostuvo su confianza en los jueces, en el sentido de que su fallo sería con base en los criterios técnicos jurídicos.

Paralelo al juicio en el referido tribunal, hubo medios de comunicación y otras instancias que tomaron parte, desvirtuando información y presionando “diplomáticamente” para un fallo a su favor.  Los jueces resolvieron y es muy seguro de que el fallo ha dejado inconformidades y satisfacciones. Los inconformes tienen todo el derecho constitucional de apelar ante una instancia o tribunal de alzada, donde otros jueces podrán  evaluar  y resolver manteniendo o modificando el fallo, incluso anulándolo. Así funciona la legislación en las sociedades democráticas.

No es correcto despotricar contra una resolución o un juzgador por el hecho de que alguien esté inconforme con el resultado final de un proceso judicial. Las partes tienen la opción legal de acudir a otro tribunal superior. Desde luego, si un fallo o proceso se da en el marco de anomalías comprobables, pues también los jueces pueden ser denunciados y procesados, toda vez que se haga con pruebas fundamentadas y no por inconformidades.

Si hay irregularidades  de un juez, hay que denunciarlo mediante el debido proceso, pero no proceder a atacarlo en los medios de comunicación para generar un juicio paralelo en la opinión pública.  Todos somos inocentes hasta ser vencidos en juicio.

Muchos jueces han sido denunciados en la oficina de investigación judicial de la Corte Suprema de Justicia, solo porque alguna de las partes está molesta por un fallo  desfavorable a sus intereses. He visto a políticos y analistas hacer duras críticas contra los jueces o fallos, pero sin conocer las incidencias de los procesos. Un juez absolvió a acusados de matar a dos jovencitas y al juzgador  lo atacaron en todos los medios, pero nadie dijo que el único testigo criteriado estaba preso cuando ocurrieron los hechos y que mintió al decir que había visto cuando en Soyapango dispararon a las víctimas, pues las jóvenes habían sido asesinadas a golpes en Ilopango  y no a balazos.

En el caso de un expresidente condenado por enriquecimiento ilícito, no habían pasado ni dos minutos de la sentencia, cuando el condenado ya había comenzado a despotricar a través de las redes sociales.

Antes de la audiencia probatoria, el procesado mantuvo un flujo de mensajes tratando de incidir sobre la opinión pública y  a la vez procurando incidir sobre las magistradas que seguramente se mantuvieron al margen de ese bombardeo mediático. Al final fue condenado por una Cámara de lo Civil, pero él y su equipo de abogados tiene  toda la garantía constitucional de acudir a un tribunal superior  para apelar a ese fallo.

Los juicios se ganan con pruebas y se pierden sin ellas.  Los juicios paralelos mediáticos no abonan a la independencia judicial ni a los debidos procesos.