“El Salvador necesita una sacudida para que piense en su futuro”

El meollo del modelo propuesto por el PNUD se resume en una idea: mayor inversión en la población por medio de políticas sociales que beneficien a todos por igual, para generar desarrollo y crecimiento económico. Hacerlo, dice Pleitez, implica un gran pacto social. ¿Los tiempos? Ya, so pena de que el país siga una trayectoria que “complique sustancialmente” el futuro.

Fuente: www.elfaro.net

Publicado el 10 de febrero de 2011

Rodrigo Baires Quezada

El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha pedido al gobierno salvadoreño que invierta en su población si quiere desarrollarse. Que busque más dinero para reducir las brechas sociales de tal manera que todos puedan aspirar a lo que otros países lograron en los últimos 40 años: educar a su gente, dándole capacidades y campo para desempeñarse.

“La verdadera riqueza de un país está en su población”, repite William Pleitez, coordinador del Informe de Desarrollo Humano 2010. Pero esa riqueza solo es potencial si no se invierte en ella, si no se le prepara. Según explica, los gobiernos salvadoreños se enfocaron en tratar de producir riqueza económica y, a la espera que la teoría del rebalse funcionara, relegaron el gasto en materia social.

Ahora, invertir en educación no se limita a políticas de ayuda focalizada, como la de proveer uniformes y útiles escolares. Más allá de eso, lo que un país como El Salvador necesita urgentemente es subir la calidad de la educación. Pero este parece ser un país que no acaba de despertarse y por eso, ahora que hay riesgo de un Estado con excesiva precariedad, hay que decidir gastar menos que lo que se produce y aprender a producir más. “Esto no es un plan de gobierno, no es el modelo del PNUD, pero sí es una base para que se discuta”, dice Pleitez, refiriéndose a la utilidad que el informe podría tener entre los políticos. “El desarrollo es posible. Lo que pasa es que hay que entender que el desarrollo de una nación se construye y tiene un precio”.

“La verdadera riqueza de una nación está en su gente”, dice el PNUD a un país que es “exportador de gente”.
Y lo decíamos en el informe de desarrollo humano de 2005: si la verdadera riqueza de una nación está en su gente y esta se está yendo, estamos perdiendo la base de la riqueza de El Salvador. Esa es justamente la tragedia. Hemos hecho  muchas cuentas alegres sobre esto. De repente, el anuncio sobre el aumento de las remesas se ha convertido prácticamente como el dato macroeconómico del país. Hace 30 años, el peso de las remesas en la economía salvadoreña era del 8% y el de las agroexportaciones, 81%. Ahora, estas últimas son del 6% y las remesas, el 61%.

Interesante, el modelo de las maquilas que se nos vendió como la gran puerta al desarrollo y, por ende al trabajo, sólo tiene un peso del 13% en las divisas.
Por eso es que nosotros decimos que el modelo estaba fundamentado en el aumento y diversificación de exportaciones intensivas en mano de obra y terminamos exportando a la mano de obra. El principio básico es que para aprovechar esa base de riqueza de una nación, hay que invertir en ella. Hablamos de cinco pilares que sostienen la estrategia. El primero de ellos, y probablemente donde las innovaciones son mayores, es en la política social. Hay que agarrar un enfoque sobre la base del ciclo de vida para entender cómo la gente se convierte en la riqueza de un país. Cuando veíamos países como Corea del Sur, Singapur…

… Costa Rica, para no ir muy lejos
Sí, pero Corea y Singapur no tienen riquezas de recursos naturales y son países con condiciones geográficas difíciles. Lo que ellos tenían básicamente era su gente. Cuando les cayó la peseta que los países desarrollados son los que más han invertido en el desarrollo de las capacidades de su gente y comenzaron a hacerlo en serio, su trayectoria cambió radicalmente. Examinar esos casos nos genera una visión optimista hacia el futuro: “El desarrollo es posible”. Lo que pasa es que hay que entender que el desarrollo de una nación se construye y tiene un precio, no se encuentra con fórmulas mágicas.

¿Qué es el enfoque de la política social basado en el ciclo de vida de las personas?
En que uno puede dividir la vida de las personas en tres grandes etapas: formación de capacidades, uso de las mismas y el retiro. En la primera, la etapa de formación o desarrollo de capacidades, ahí es donde hay que invertir en la gente.

¿Habla de salud, desde la prenatal, educación en todos los niveles?
Sí, es que hay que ver los esquemas de los países desarrollados. Con sus diferencias, todos estos países tienen en común que la inmensa mayoría tienen la posibilidad de alcanzar el nivel educativo que quieran. Esa debería de ser la aspiración, claro que hay que ir por etapas. Por lo menos, en educación, tendríamos que universalizar el acceso al bachillerato, que debería de estar acompañado del desarrollo de competencias compatibles con el mundo moderno: enseñanza de inglés y computación, por ejemplo. Ahí es donde se está construyendo el tipo de inserción laboral que se tendrá en el futuro.

Claro, no basta solamente la educación.
No. Vemos una política social con cinco características. Primero, que sea proactiva, que tenga un conjunto de acciones que evite que la gente caiga en la pobreza, y no reactiva, como ha predominado en el país. La segunda, un enfoque de derechos. Una tercera es la progresividad de los ámbitos que se cubren con las políticas sociales. Ahora tenemos una política solamente fundamentada en el retiro y en la salud, a lo que tiene alcance sólo el 20% de la población económicamente activa (PEA).

Y solo la gente que tiene seguro social.
Sí, aquí es simplemente trasladar como políticas de desarrollo lo que hace, como la llamo yo, una sociedad que ya ha logrado un mínimo de sensatez colectiva. Por ejemplo, una persona que administra bien sus finanzas ahorra generalmente para tener una casa propia, para tener una buena vejez, la educación de sus hijos o por previsión por si pierden su empleo o tienen problemas de salud. Estos países han hecho de esas cosas básicas una política pública. La seguridad social no debería de ser retiro y salud, sino que invalidez, vivienda, desempleo… Eso se va haciendo gradualmente pero tiene que ser visto como meta.

Veamos el punto de partida de cualquier modelo de desarrollo: planificación a corto, mediano y largo plazo. Eso, en este país, no se ha hecho en años y mucho menos con acuerdos políticos y sociales que permitan la última característica que propone el PNUD para este nuevo modelo: que sea financiable con recursos propios.
Sí, por eso hablábamos tanto de esta mezcla de consumismo y pobreza en el país. Nuestra tesis al hablar del financiamiento con recursos propios es que hay recursos en el país.

¿Cuánto se necesita, en cifras reales, para esto?
El PIB y el ingreso per cápita superan en un 63% y 71% los niveles de 1990. Si la gran diferencia es el uso que estamos haciendo de este ingreso en la actualidad. No es que en 1990 lo usáramos bien. Y ahora este ingreso per cápita, este ingreso promedio, está fuertemente influenciado por las remesas.

Pero eso ya se ha hablado: las remesas sirven para el gasto.
Sí, ahora el tema central es cómo gastamos. ¿Qué consumíamos en los 80s-90s y qué consumimos ahora? En el informe hay una parte que habla de la tasa de crecimiento de telefonía celular, por ejemplo, que alcanza un 8 mil por ciento, algo así… Antes representaba el 0.5% del presupuesto, ahora alcanza el 5%. La gente en promedio gasta más en factura telefónica que en transporte colectivo, que en energía eléctrica y que en agua.

En su estrategia hablan de un círculo virtuoso de ahorro, inversión, competitividad, crecimiento, empleo. Aquí cualquiera se asusta porque podemos decir: “¡Huy, me van a obligar a ahorrar! Es mi dinero y no tienen por qué decirme en qué ocuparlo”. ¿Cómo se pretende hacer este ahorro que rompa con el ciclo de consumismo?
El ahorro es la diferencia entre el ingreso y el gasto, lo que se consume.

Bien, esa es la definición académica.
Sí, este ahorro puede ser público o privado, y voluntario u obligatorio. En nuestro país ambas cosas ocurren. Ya tenemos políticas de ahorro obligatorio…

… Las AFPs, por ejemplo…
… Y el Seguro Social. Y antes que teníamos el Fondo Social para la Vivienda (FSV). Y aquí encontramos una gran diferencia de nuestras tasas de ahorro y estos países, tomados como referencia, además para qué son utilizadas y con qué visión. Por ejemplo, el FSV nos retenía el 0.5% del salario y esto no era con la óptica de que todo el mundo tuviera vivienda. Era básicamente un subsidio cruzado: todos, hasta determinado salario, cotizan y se reparte casi que residuos. La meta debería ser que todo el mundo sea propietario. Para llegar a tasas de ahorro, como las que tiene Singapur, que anda por el 40% y con tasas de ahorro obligatorio del 30%, el componente mayor de esos porcentajes es la vivienda. Por ejemplo, entro a los 18 a mi primer empleo y al recibir mi primer salario me lo gasto completamente. Culturalmente, quizás, lo único que tengo en este sentido es que me tengo que dar la culebra. Uno nunca se pone a pensar que necesitará tener una vivienda o que puede perder su empleo, o necesitar un reentrenamiento académico… Por eso es que existe el ahorro obligatorio.

¿Cómo es el esquema de ahorro en Singapur?
Se tiene una cuenta ahorro individual y varias subcuentas en ella. Hay una para la parte de vivienda e inversiones; ahora tiene una para educación de los hijos. Y esto está reglamentado por porcentajes, así como se hace con las AFPs e ISSS.

¿Qué pasa si yo no utilizo una de esas subcuentas, si no necesito comprar casa porque me heredan una, por ejemplo?
Bajo determinadas normas, pasas los fondos de una subcuenta a otra. En 1965, estos países tenían niveles de ahorro parecidos al nuestro, cercanos al 10%. Cuando pegan el salto, a finales de los años 70s, empiezan a subir hasta niveles del 50%. Estimo que deberíamos llegar a niveles del 30% y eso cambia sustancialmente la macroeconomía del país.

Bien, ¿cómo rompo con la idea común de que “si le doy mi dinero al Estado, se lo van a robar”?
A bueno, ahí viene el otro punto: la reforma institucional. Aquí se habla de la creación de un fondo pro bienestar familiar, pero hay que definir quién lo administra, cómo lo hace y dónde se invierte. En este caso, por ejemplo, hay que rentabilizar el fondo pero, al mismo tiempo, tener a la cabeza una junta directiva donde estén representados los propietarios de los fondos. En estos países donde han tenido éxito han puesto a la cabeza de estas instituciones a gente calificada y que son reserva moral de su país. Al frente de ellas no hay un presidente, sino una junta directiva.

Igual, hoy por hoy, nuestros políticos pueden decir que se necesita más dinero para seguridad pública que para educación.
No ignoramos eso en el documento. Incluso planteamos la posibilidad de aumentar un punto del IVA para un fondo de seguridad de emergencia. Indiscutiblemente, en estos tiempos una inversión en seguridad pero basada en una estrategia clara y con rendición de cuentas es una apuesta importante en el corto plazo. Si la inseguridad nos genera pérdidas del 11.5% del PIB, es un tema que hay que atender indiscutiblemente.

Otro punto que destacaban era la implementación de “medidas fiscales que permitan modificar el mapa de incentivos a favor de la inversión y la producción”. ¿Qué significa eso?
Por ejemplo, tratar de rentabilizar el dinero de este fondo con inversiones en el país. Por ejemplo, si dentro de la visión de futuro se tiene la construcción de un metro para romper con el problema del transporte colectivo, este se puede financiar con este tipo de recursos, con una tasa de interés garantizada por el Estado. Esta plata que se obligará a ahorrar a la gente es una manera de garantizar un buen manejo de sus finanzas a futuro y la fuente de financiamiento de las grandes apuestas estratégicas del presente.

Ahorro para inversión…
… Que genera empleo y que, a la vez, aumenta el dinero en los fondos porque aumenta los cotizantes.

¿Inversión pública que no se limita solo a infraestructura, sino también a educación?
Exactamente. Para hacer una economía competitiva hay que invertir en capacidades, en primer lugar; y en infraestructura. En tercer lugar, tener reglas del juego claras, que es la parte institucional. Esta serían las tres grandes patas que tiene el modelo.

¿No se toma en cuenta en este modelo aumentar impuestos, por ejemplo?
Hay medidas fiscales, indiscutiblemente. Y, sobre  todo, por razones coyunturales, porque el país está en una situación de trayectoria de insostenibilidad fiscal; y, por el otro lado, porque creemos que para transformar esa macroeconomía que estimula el consumo y las importaciones hay que introducir medidas fiscales que desestimulen esto, para que esta plata que se obtenga sirva para estimular la competitividad, la producción y las exportaciones. Esto con una diferencia: los incentivos a dar, más que ser de tipo financiero, tienen que ser básicamente orientados a preparar mejor a la mano de obra o en apoyo en actividades de ciencia y tecnología, o en infraestructura pública. La idea es reducir los costos de producir en el país.

Aunque son pasos simultáneos, un tercer elemento del que hablan en este círculo ese exactamente ese: institucionalidad. ¿Cómo se logra esto?
El estudio tiene una frase: “El problema es que tenemos un Estado grande para cosas pequeñas, y pequeño para cosas grandes”. Los modelos de estos países que hemos comparado se basan en que se tiene que tener un “Estado de calidad”. Un Estado que en algunos casos va a ser muchísimo más grande del que ya tenemos y en otros, ser más pequeño. Aquí el desafío es político y cultural.

¿Un cambio político cultural?
Es que el país tuvo un Acuerdo de paz que le puso fin a una guerra…

… Pero que dijo “paso” al hablar de grandes cambios sociales y económicos…
… Sí, porque no tuvo una fundamentación en un gran acuerdo para el desarrollo, que también es un acuerdo político. Aquí, en el informe, en el modelo, no hay nada que no sea “hacer lo lógico”. El desarrollo desde el punto de vista de cómo debe de hacerse no es el problema. Desde ese punto, ya sabemos que una familia está mal cuando gasta más de lo que gana, por ejemplo. Esto se llama sensatez. El problema es que alcanzar esa sensatez a nivel colectivo no es fácil. La idea es que el desarrollo de El Salvador es posible pero se necesita acuerdos políticos y cambios culturales para hacerlo.

¿Y montos específicos para ver este cambio? ¿Cuántos años serán necesarios?
Hablamos de 20 años, hablamos del paso de una generación.

Tras leer el informe me quedó la sensación de que el PNUD está pidiendo a los salvadoreños que logremos un pacto fiscal para saber dónde y por qué invertir en nuestro desarrollo.
Yo diría que es un pacto social, que es algo más que un pacto fiscal. Un pacto social que tiene un componente fiscal importante. Tenemos dos opciones: postergar este tipo de decisiones que, en la trayectoria que vamos, podría ser que la situación se complique sustancialmente, o realmente comenzamos a actuar ya.

Evidentemente, el modelo propuesto por el PNUD no pretende ser una receta de cocina.
No, no es un modelo acabado lo que estamos proponiendo.

Es que son las preguntas normales: ¿cuándo se empieza a trabajar en este modelo y cuánto costará hacerlo?
La etapa siguiente es la de apropiación nacional. En realidad, queremos, en un período de tres a seis meses, sacar un documentito que tenga la propuesta afinada, ajustada y consultada. Entrar en un proceso de difusión e incidencia, en el que podamos recoger las apreciaciones, las sugerencias y, si es posible, si así se considera apropiado, terminar con un documento resumido y enriquecido con todas estas observaciones. Es que yo soy de la idea que el país necesita una sacudida en términos de pensar en su futuro. Este es el propósito del modelo que presentamos. Esto está lejos de ser un plan de gobierno, pero sí tiene ideas y algunas de ellas bastante desarrolladas. Pero no queremos que esto sea visto como el modelo del PNUD.

¿Cuándo se puede echar a andar un modelo como este?
Para nosotros, ya.

¿No es lo mismo que está tratando de hacerse en el Consejo Económico Social: llegar a acuerdos en todas estas áreas para generar un nuevo modelo económico y social para el país?
La idea de un CES es ser un órgano de consulta más que uno de definición del horizonte de un país. En la mayoría de los países del mundo donde existe, este está circunscrito predominantemente en todo lo que tienen que ver directa o indirectamente con el mundo del trabajo.

Bueno, ¿quiénes se tienen que sentar para decir: “Vamos a echar a andar este modelo –con variantes o no- o todos vamos a vender paletas en El Salvador”?
Probablemente puedan ser los mismos actores que están en el CES, aunque sí creo que tienen que estar toda la clase política, los partidos políticos, y el gobierno.

Vaya, habla de gente que tradicionalmente no se pone de acuerdo porque lo urgente de un sector, generalmente, no es lo importante del otro y viceversa. Hablamos de que los tiempos políticos a veces no dejan consensuar en este país.
Pero la ventaja es que ya tendrían una base. Queríamos decir: “Aquí ya hay una base para que se discuta”. Existe una agenda relativamente acotada.

Al ver la agenda política de nuestro país encontramos todos estos temas: trabajo, seguridad, salud, vivienda, economía… ¡Pero nunca visto como un todo!
Pero lo que tenemos sobre la mesa es que, como decimos, cuando todo es prioritario, nada es prioritario. Resulta que en efecto tenemos todos estos temas en la mesa.

Y al final, sin acuerdos de todos los sectores, como dice el informe, los gobiernos que hemos tenido ha planteando modelos de crecimiento económico…
… Y no modelos de desarrollo. Aunque todo esto supone un reordenamiento de las relaciones económicas y sociales, esto es un desafío político y cultural. Como modelos hacia atrás, son modelos económicos. Y al no estar la gente al centro, aun cuando funcionan –en el sentido de que ha habido crecimiento económico-, lo hacen parcialmente para los intereses de un grupo y no para toda la sociedad.

¿Por qué los modelos económicos adoptados no sirvieron como modelos de desarrollo?
Si uno ve la historia en los últimos 190 años de a lo que le apostó Costa Rica y a lo que le apostó El Salvador, uno ve que es casi que lo mismo: agroexportación. La gran diferencia es que Costa Rica a finales del siglo XIX ya tenía una preocupación mayor por el tema de la educación. Eso te hace una diferencia sustancial. Los modelos aquí no tenían al centro a la gente.

¿Y la famosa teoría del rebalse no funcionó?
Lo que pasa es que la política económica la pusimos como variable independiente del esquema. Decíamos: “Si tenemos buenos resultados aquí (en lo económico), tendremos dinero y rebalsará para las políticas sociales”. Y cuando se generó el rebalse, tuvo un alcance limitado. No es que la economía del café o el modelo de sustitución de exportaciones no hayan generado transformaciones. Sí las hubo. Pero cuando vos tenés que más del 50% de la población está subutilizada, ya sea por desempleo o subempleo, el problema del subdesarrollo está lejos de ser resuelto.

Cuando hablan de inversión en políticas sociales, ¿lo que está haciendo el gobierno actual va encaminado a ello? Pregunto porque dentro de la partida millonaria para educación, por ejemplo, está el costo de la compra de uniformes y paquetes escolares…
… Es que nosotros hablamos de mejora de la calidad educativa, aumento de la cobertura, incrementar la escolaridad promedio y la incorporación de nuevo ámbitos, como el inglés y la computación. Hablamos de que las competencias básicas las tenga todo el mundo. Hay que saber diferenciar entre políticas focalizadas, como estas, y universales. Por ejemplo, este tema de los útiles escolares puede ser una muy buena política focalizada cuando tenés que garantizar que un sector de la población vaya a la escuela. Ahora, en temas estos como la computación, el inglés, educación en deportes o en ámbitos culturales deben de tener un carácter universal. El informe no plantea que esté en contra de las políticas focalizadas, lo que dice es que no puede haber una visión excluyente, que porque estoy atendiendo a la población más pobre voy a renunciar a la universalización. Lo que dice el informe es que hay determinadas áreas claves para el desarrollo de las capacidades de la gente que tienen que tener cobertura universal de calidad.

El presidente Mauricio Funes no se comprometió a asumir este modelo propuesto pero sí dijo que su plan de gobierno estaba en esa sintonía con él porque está invirtiendo una gran cantidad de dinero en el área social…

… Invertir en el área social te lleva a varias cosas. En primer lugar, las brechas entre el que gana más y gana menos se reducen. La propuesta no se limita a la formación de capacidades, sino que se generen las condiciones favorables para el uso de estas capacidades. Ahí es donde viene el tema de la política macro o sectoriales. Y el tema de la política salarial, basada en productividad, que es una manea de monitorear dinámicamente la distribución del ingreso entre masa salarial y beneficios.