EL SALVADOR, REALIDADES Y ALTERNATIVAS. Métodos y procedimientos para la transformación y resolución de conflictos

 

Antonio Rodríguez (P.Toño)

“Los sueños parecen al principio imposibles, luego improbables, y luego, cuando nos comprometemos, se vuelven inevitables”

(M. Gandhi)

El trabajo de construir una sociedad que priorice la noviolencia como valor fundamental, como herramienta medular para la consecución de sus fines, no debe ser sencillo, máxime cuando partimos de una sociedad que aún valora positivamente diferentes muestras de la violencia o ve como héroes o líderes a aquellos que han hecho uso de la misma frente a otros más débiles.

El reto más difícil es cambiar ese imaginario social en las mentes de todos, lograr deslegitimizar la violencia de tal forma que la sola presencia de una manifestación de la misma sea, no sólo no ensalzada, sino firmemente desaprobada, sea aquella una manifestación de violencia directa, estructural o cultural.

Para ello es absolutamente necesario un compromiso político y social con la noviolencia que permita la permeabilización de ésta en todos los estratos/niveles:de poder, de toma de decisión, en todos los estamentos políticos, técnicos, sociales, culturales, económicos….Se trata de un cambio de paradigma, un cambio de modelo, quizá de sistema político-económico a nivel mundial

Desde luego la crisis en la que está sumido este mundo no es solamente económica, Asistimos a una de las más graves crisis de valores, de identidad, incluso espiritual de la historia de la humanidad. Somos muchos que, aunque valoramos los esfuerzos de la humanidad por superarse, nos encontramos perdidos en los nuevos tiempos y sabemos que las opciones plausibles vienen de la mano del cambio de mentalidad, de hábitos más tendentes a la simplicidad, a la limitación del consumismo, a vivir teniendo menos pero siendo más y mejor, a saber vivir apreciando lo más sencillo, a encontrar el valor de la vida en la ayuda al otro, en la solidaridad.

Poner en el centro al ser humano. Esa es la base. Que en todas las políticas, decisiones, instituciones, sistemas, el ser humano sea el centro, sin distinción.

Todo este cambio de paradigma exigiría, para empezar, una profunda transformación del sistema educativo actual. Habría que explorar todos los modelos pedagógicos alternativos y optar por aquel que conjugara perfectamente contenido con metodologías por y para la noviolencia, que se priorizara la educación para la paz en toda la acción educativa del sistema, que se manejaran perfectamente a todos los niveles los mecanismos de abordaje y transformación de los conflictos, que hubiera espacios para el diálogo desde las primeras edades y se promoviera el trabajo coordinado con las familias, que se priorizara como parte de la curricula escolar el trabajo en el fomento de la autoestima, el autoconcepto, la empatía, la cultura de paz, la solidaridad, el compromiso, el diálogo, etc…

Sería importante que el sistema productivo dejara de ser tan inhumano, tan exigente y tan poco acorde con la realidad del ser humano y de las familias. No tiene sentido que los niños se críen solos porque sus padres trabajan 10 horas (aquel que tenga un trabajo, claro) para comprar muchas cosas y tener muchas comodidades que no tienen tiempo de disfrutar. La época de la crianza y sobre todo los primeros 10 años de la vida de una persona son cruciales para su posterior desarrollo como adulto e incluso se ha comprobado que todo aquello que viva una persona en ese periodo condiciona su nivel de agresividad y la posible aparición de comportamientos más violentos. Una sociedad noviolenta debe apostar por la educación para la paz porque la persona buena nace pero también se hace y porque amar al prójimo requiere conocimientos y práctica desde edades tempranas.

Otro pilar para la construcción de una sociedad noviolenta sería atajar de forma seria la violencia estructural, para mi origen del resto de violencias. No es posible caminar hacia la paz en un mundo o en una sociedad que sigue siendo excluyente, desigual e inequitativa y que no asegura la satisfacción de las necesidades más básicas o la plena vigencia de los derechos más fundamentales.

También es imprescindible la labor de los medios de comunicación y el compromiso que debieran hacer éstos para el cambio hacia una sociedad noviolenta, priorizando su labor formativa e informativa, facilitando los contenidos necesarios para la formación del sentido crítico de las personas, evitando los estereotipos que vinculan la violencia con el éxito o la consecución de los logros o deseos y eliminando los contenidos sexistas o discriminadores de las minorías

Por último el sistema de Justicia debería responder igualmente a esta nueva lógica caminando hacia modelos menos inquisitivos y verticales, menos reproductores de violencias y que atiendan a modelos más restaurativos de las relaciones afectadas y menos revictimizadores.

Por último hay que regresar a lo comunitario, todas aquellas prácticas que vamos perdiendo en nuestra sociedad individualista y que, sin embargo, dotaron a nuestros antepasados de herramientas muy sencillas para la transformación de conflictos, para el diálogo, la comunicación, la resolución colectiva de los problemas comunes y la creación de condiciones para tener una sociedad más cohesionada y menos recurrente a métodos violentos.

Desde luego, no es una tarea fácil pero el fracaso ya más que contrastado del uso de la violencia en nuestra historia como humanidad hace imprescindible crecer en este tipo de planteamientos porque crecer no debe doler pero si le duele….crezca.

 

Bibliografía

 

LOPEZ, Mario. No Violencia. Materiales UOC

LOPEZ, Mario. Hacia la institucionalización de la noviolencia. Algunas claves. CANTE F. y  ORTIZ L. (comp) 2005 Acción política noviolenta en Colombia, una opción para Colombia. Bogotá. Centro Editorial Universidad del Rosario. Pag 211-236