EL SALVADOR SIGUE POLARIZADO

Roberto Cañas

En el largo plazo sin un proyecto de nación la Patria no es viable. Es indispensable salir del pantano. El bipartidismo, con su confrontación estéril, no contribuye a resolver los principales problemas nacionales.

El Salvador será grande como su gente si tiene un proyecto de nación. Si busca respuestas a la interrogante: ¿Qué país queremos construir en los próximos años? En medio de un período de inestabilidades e inseguridades. La política no puede ser solo de aspectos de contingencia; hay que construir una Visión de Futuro

En el escenario político actual ya pasó el tiempo de buscar culpables, hay que encontrar soluciones. Negarlo todo y culpar al otro no sirve. Las fuerzas políticas deben emprender negociaciones ineludibles para subsanar esta situación.

Un proyecto país es un conjunto de objetivos consensuados entre los actores de la sociedad con el objetivo de alcanzar el desarrollo económico-social. Es un programa político que toma en cuenta los proyectos de ciudadanos de distintas clases sociales y departamentos del país.

Al plantear la necesidad de un Proyecto de País, se incurre en el peligro de mostrar un esfuerzo choteado, desprestigiado, por experiencias fallidas. En el pasado reciente  la Comisión Nacional de Desarrollo elaboró el Plan de Nación, un documento que articulaba una serie de iniciativas con las que se quería cambiar el rostro económico, político y social del país. La intención fue buena.

Pero en julio de 2009 sin pena ni gloria y sin mayores afectaciones el nuevo Gobierno cerró la Comisión Nacional de Desarrollo y esta experiencia terminó. La realidad enseña que la ausencia de voluntad política cuando llega el momento de implementar los planes, mata los esfuerzos, que tenían aspectos positivos. Cuidado, que la serie de frustraciones alrededor de estrategias de diálogo, las convierte en opciones carentes de credibilidad

Una condición indispensable para la construcción de un proyecto país es el estudio del pasado. No hay futuro para El Salvador si no hay una reelaboración colectiva de su pasado, porque los países son su historia y el modo como la asumen frente a las nuevas circunstancias.

Hacer política no es fácil, predicar ante convencidos es fácil, lo difícil es tener capacidad de propuesta, esto es una cuestión mucho más complicada y exigente. El sentido último de la democracia es obedecer el mandato del soberano y atender sus necesidades. Un partido político que aspire a ser Gobierno en las próximas elecciones debe tener claro cuál es el proyecto de país que ofrecerá a los ciudadanos.

El Salvador necesita, un programa que aborde los problemas y las soluciones de manera integral. Las recetas mágicas solo existen en los cuentos. La realidad es compleja, y lanzarse a la búsqueda de soluciones requiere de gran responsabilidad. Se tiene que afrontar el agotamiento de un modelo económico caduco.

Es indispensable revitalizar la agricultura y reindustrializar el país. Pero en primer lugar nos deben importar las personas. Nos debe interesar la familia, los niños, las mujeres, la cultura, la salud, los migrantes, la educación. El objetivo último de cualquier plan debe ser que la gente pueda desarrollar sus proyectos de vida en paz, con mecanismos que contribuyan a superar la desigualdad, la exclusión social y la pobreza.

Los principales ejes estratégicos de una propuesta de Proyecto de País deben ser la elaboración de la agenda, mediante la selección de los grandes temas a ser debatidos. La construcción de consensos se puede lograr mediante la organización de talleres y encuestas. La institucionalización de la participación ciudadana debe ser una prioridad proponiendo mecanismos para estimularla y para establecer  vigilancia de la gestión pública por medio de la contraloría social.

Ya no hay excusas: es el momento de superar definitivamente este atolladero político en que nos encontramos y, centrarnos cuanto antes en la resolución de los verdaderos problemas que preocupan a los salvadoreños.

Hay que asegurar la gobernabilidad, urge contar con un punto de partida: un pacto básico que recoja en blanco y negro los acuerdos para enfrentar las principales necesidades de los salvadoreños. Ya no se trata de gobernar por el hecho de gobernar, ni de oponerse a todo, sino de trabajar por el bien y el interés de la Nación. No perdamos la oportunidad en medio de esta crisis de sacar adelante a El Salvador.