El TPS como arma política

El estado de protección temporal, conocido como TPS por sus siglas en inglés, fue una medida migratoria adoptada por los Estados Unidos en 1998 para regularizar la permanencia de salvadoreños y centroamericanos en ese país luego del huracán Mitch que azotó la región. Fue otorgado a los salvadoreños en 2001 por la administración Bush tras los terremotos que afectaron al país. Quienes actualmente poseen TPS tenían que haber ingresado a Estados Unidos antes del 13 de febrero de 2001. Desde entonces, el TPS ha sido extendido. No hay nada en el ambiente político estadounidense que indique que la medida migratoria se mantendrá para los salvadoreños/as. La administración Trump se ha caracterizado por un fuerte sentimiento anti inmigrantes. Tal es así, que el TPS ya es historia para nicaragüenses, haitianos y hondureños. Pensémoslo así: se acabó la medida temporal. Por definición tenía que ser así.

¿Cómo afecta la suspensión del TPS al país?: 195 mil salvadoreños están inscritos en el TPS, de un total de 2,195,477 que viven y aportan económicamente a Estados Unidos, según el estimado realizado por la oficina de censos de aquel país para el año 2016. Es decir, menos del 9%. En declaraciones vertidas la penúltima semana de 2017, el canciller salvadoreño Hugo Martínez manifestó que en este tema “las cartas están echadas”. El jefe de la diplomacia salvadoreña dijo que Estados Unidos deporta cerca de 20 mil salvadoreños anualmente, para lo que se utilizan dos vuelos “charters”, semanalmente. Para retornar a 195 mil compatriotas haría falta un enorme esfuerzo logístico por parte de Estados Unidos que utilizando aritmética simple duraría unos 10 años. En resumen, la suspensión del TPS no será un proceso automático ni expedito. La embajadora estadunidense en San Salvador, Jane Manes, anunció que su país tendrá resolución sobre el TPS antes del 8 de enero y descartó deportaciones inmediatas.

Manes se encargó a inicios del nuevo año de “asustar con el petate del muerto”, una especie de chantaje emocional y político. Así lo escribió en Twitter el 2 de enero de 2018: “es lamentable escuchar “yankee go home”. Estamos invirtiendo mucho para mejorar este país y también tenemos vínculos familiares e históricos. Pensamos que la mayoría de los salvadoreños quieren una relación fuerte con los EEUU”. En alusión a consignas estudiantiles vertidas en un evento en la Universidad de El Salvador realizado el 13 de diciembre de 2017 al que fue invitado Gerson Martínez, cuyo nombre suena fuertemente para optar a la candidatura a la presidencia para los comicios de 2019 por el gobernante partido Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional. Estas declaraciones diplomáticas en el contexto antes señalado, son cualquier cosa menos inocentes. Una reacción pública de la embajadora sobre el acontecimiento aludido, realizada dos semanas después, indica al menos que existe premeditación, dolo y alevosía en tales declaraciones. Recordemos que la experiencia previa de Jane Manes como embajadora nos conduce a la convulsa Afganistán, territorio ocupado por tropas estadounidenses. Las continuas declaraciones intervencionistas de Manes, desde hace tiempo le habrían acarreado al menos una sanción conforme al derecho internacional.

Algunas posiciones electoralmente oportunistas o políticamente interesadas, intentan relacionar la inminente suspensión del TPS con la posición geopolítica de El Salvador respecto a temas coyunturales como la decisión unilateral de Estados Unidos de reconocer a la palestina ciudad de Jerusalén como capital del Estado de Israel, acto que produjo la condena mundial en el seno de las Naciones Unidas en la cual El Salvador se mostró ausente aunque, contrario a sus vecinos, el pequeño país centroamericano mantiene su embajada en Tel Aviv.

El modelo “humano exportador” del que depende El Salvador como consecuencia directa del neoliberalismo, no es una cuestión de gobiernos, sino del sistema, cultural y económicamente excluyente. De no cambiar el sistema hacia a una economía planificada, humana y sostenible, en concordancia a las características del territorio, la migración ilegal de salvadoreños/as continuará. Como es sabido desde el inicio de los tiempos, la migración humana no se detendrá jamás, por más altos o largos muros que intenten poner. Lo cierto es que la única salida legal para la permanencia de los salvadoreños/as en Estados Unidos es seguir sus procesos de nacionalización o residencia. Eso no va cambiar, sea quien sea quien gobierne en El Salvador o en los Estados Unidos. Y por eso es que para algunos/as, el TPS es moneda de cambio, motivo de chantaje, de oportunismo electorero, o lo que resulta en lo mismo: un arma política.