Entender la modernidad, post modernidad, el escenario internacional,correlación, la confrontación…

Dagoberto Gutiérrez

Cuando hablamos de Occidente, nos estamos refiriendo a una dimensión civilizacional y no a ningún criterio geográfico, ya que Estados Unidos, Canadá, Europa, Australia y Nueva Zelanda, son establecidos como el occidente del mundo y este occidente, se dice, es el que se origina en Grecia, y al mismo tiempo se afirma que es en el mundo griego donde nació todo el saber de la humanidad, empezando por la filosofía, la matemática, la geometría y hasta el conocimiento atómico.

Los hechos, sin embargo, afirman otras cosas, a partir de lo cual el conocimiento humano nació en Egipto, en el mundo mesopotámico y en las antiguas civilizaciones indias, chinas y asiáticas. La misma civilización azteca, ya en nuestro continente, aportaron grandes conocimientos en la ingeniería hidráulica y en el manejo de las aguas. La ciudad de Tenochtitlán, capital del imperio azteca, es testimonio de ese dominio; en tanto que la civilización maya fue capaz de penetrar en el vestíbulo del cero como representación de la nada y, al mismo tiempo, estos llegaron a estudiar la misma vía láctea.

De modo que, aunque la cultura griega es importante para entender el pensamiento humano, son las diferentes civilizaciones que surgieron en distintas partes del mundo las que construyeron las diversas civilizaciones que en el mundo se levantaron.

Lo que se conoció como Europa tuvo la habilidad de adoptar y adaptar los conocimientos e inventos que llegaban, precisamente, del oriente del planeta, tal como ocurrió con la pólvora, la imprenta, las armas, los métodos de administración y hasta con los espaguetis que Marco Polo llevó a Venecia al finalizar sus viajes a China.

Fue el mundo árabe que mantuvo vivo, conservó y aplicó el pensamiento de los grandes filósofos, matemáticos y pensadores griegos; mientras que en Europa reinaba el oscurantismo y el atraso. Las diversas cruzadas que los feudales europeos organizaron contra el medio oriente árabe fueron grandes esfuerzos para abrir las rutas comerciales de sus mercaderes hacia el oriente. Con el pretexto religioso de salvar los lugares sagrados del cristianismo del control de los árabes, que los europeos llamaban infieles, muchas invasiones militares cubiertas con las banderas de la cruz cristiana se estrellaron y fueron derrotados por los ejércitos árabes que siguieron controlando las puertas del oriente. Cuando en 1453, los otomanos toman el control de Constantinopla, la capital del imperio romano de Oriente, y la hacen capital de los turcos con el nombre de Estambul, aumentó el control de las rutas comerciales y del mar Mediterráneo por parte de la civilización árabe y turca.

La primera revolución tecnológica puede ser situada en China que con una organización estatal desarrollada, alcanzaron altos niveles científicos en la escritura, en el invento de armas mortíferas, en la construcción de barcos y hasta en la navegación. Se sabe que Zheng He, un navegante chino, según el inglés, Gavin Menzies, le dio la vuelta al mundo en 1421.

En ese momento, Europa se debatía en las postrimerías de la llamada Edad Media, y España culminó en 1492, pocos años después de la caída de Constantinopla, su campaña militar contra los árabes que eran dueños de la península ibérica desde hacía más de 700 años. Con la caída de Granada, los llamados reyes católicos, Isabel de Castilla y Alfonso de Aragón, se hicieron dueños de toda la península. En ese momento, España y Portugal eran las potencias que dominaban las rutas marítimas, pero no podían abrir las rutas del mercado de oriente del planeta, ni disputar el control del mar Mediterráneo a sus dueños árabes y turcos. En esos momentos inciertos, Cristóbal Colón, un personaje desequilibrante, convence a Isabel La Católica de que la manera segura de llegar al oriente era viajando hacia el occidente porque el planeta parecía ser redondo, tal como lo entendía el mismo Colón. En la desesperación de una salida para superar el cerco árabe, esta Isabel decidió, junto a otros financistas, costearle el viaje a este navegante inesperado.

Las carabelas españolas descubrieron, para España y Europa, el mundo de nuestras tierras al que Colón consideraba tierras del oriente, tierras a las que estos reyes españoles, en una medida de audacia legal, llamaron ni más ni menos que Indias Occidentales, momento desde el cual estos invasores europeos llamaron indios a los habitantes originales de estas tierras.

Esta expedición de Isabel abrió el camino para que ingentes riquezas, a costa de grandes genocidios de las poblaciones, engrosaran las arcas de las bancas y las industrias europeas y el sistema capitalista planetario tuvo su acumulación originaria en esta invasión a las tierras que después serían llamadas americanas.

Por primera vez, se abre a la civilización y a las rutas comerciales, el océano atlántico, que empezó a ser cruzado por grandes caravanas de barcos militares y mercaderes y por miles de personas que de Europa se trasladaban para poblar estas tierras. El comercio se fortaleció con mercados que eran desconocidos y el tráfico a través del Atlántico sustituyó al mar Mediterráneo como preponderante ruta comercial.

El acontecimiento de la conquista de estas tierras abrió las puertas a lo que se llama la modernidad que tiene su punto de arranque, precisamente, en estos acontecimientos. Una vez lanzada la modernidad, ocurren dos hechos de gran trascendencia: el primero es que todo aquel poderío, influencia y fortaleza de las civilizaciones árabes, languidece y casi desaparece en un sentido inverso, porque si antiguamente la civilización llegaba a Europa del mundo árabe, ahora es Europa la que parece ser la fuente de civilización, y este mundo árabe resulta sometido y colonizado. Y, al mismo tiempo, el Mediterráneo dejó de ser el Mare Nostrum, como lo entendían los romanos.

El otro acontecimiento es que esta modernidad fue controlada, asumida y dirigida por la lógica capitalista, cuyo epicentro fue trasladándose de los países bajos europeos a Inglaterra, y después de la segunda guerra mundial, a los Estados Unidos.

Desde la Conferencia de Yalta, al final de la segunda guerra, luego de que la Unión Soviética derrotara al ejército alemán hitleriano, Estados Unidos emerge como el virtual ganador de la guerra, imponiendo el dólar como moneda mundial de reserva, controlando el comercio planetario, estableciendo bases militares en todo el planeta, invadiendo otros países y saqueando las materias primas donde estas se encontraran.

La Unión Soviética y las democracias populares de Europa Oriental constituyeron el enemigo más poderoso de este poder imperial estadounidense y, en el marco de esta confrontación, triunfa la revolución cubana y se inicia la construcción de una nueva sociedad diferente a la capitalista, a 90 millas del imperio estadounidense. El heroísmo del pueblo cubano, la valentía y la sabiduría de Fidel y los dirigentes revolucionarios, y el respaldo de los pueblos del mundo y de la URSS y del bloque socialista, hicieron posible que Cuba se mantuviera en pie.

El derrumbe de la URSS en 1989 creó una nueva correlación de fuerzas a nivel planetario y Estados Unidos se consideró el único poder omnímodo sobre todo el planeta, sus riquezas y sus pueblos. Sin embargo, aquel periodo llamado modernidad había llegado a su fin porque el desarrollo de las fuerzas productivas del capitalismo rompieron la relación con la naturaleza que ya no podía ser considerada como la alacena de las empresas capitalistas, y al mismo tiempo, la relación con los seres humanos en tanto mano de obra, también llegó a momentos de elevada tensión. La economía de la meca capitalista estadounidense, al desatarse el conflicto entre una economía ficticia basada en títulos valores y una economía real basada en capacidad productiva lleva a los Estados Unidos a momentos económicos críticos que coincide, curiosamente, con el ascenso y desarrollo de las economías de China y Rusia.

De las ruinas de la URSS se levanta una Rusia que recupera el poder, el prestigio y el protagonismo internacional de la URSS anterior, pero que juega en las canchas capitalistas y, junto a China, la India e Irán, constituyen un bloque geopolítico frente al poder estadounidense y al bloque de la Unión Europea que ha perdido la luz de siglos anteriores, su independencia frente a los Estados Unidos y su peso frente a los acontecimientos internacionales.

La llamada modernidad entra, así, en lo que suele llamarse post modernidad, que en todo caso, es un nuevo escenario internacional, con nuevas correlaciones de fuerza y nuevos papeles para los seres humanos. De esto hablaremos luego para situar a Venezuela en el centro de la nueva confrontación.