Entre muertos, El Salvador “celebrará la paz”

Karen Vides.

Hace meses ha iniciado un combate acérrimo entre seguridad y las pandillas, ellas unidas para eliminar a uniformados cruelmente. Es una guerra no declarada; o a lo mejor sí, pero están exterminándose unos y otros.

Hemos estado como expectantes ante esta cruel realidad, mientras más esfuerzos hacen las autoridades por desarticular y en medio de enfrentamientos realizan bajas al ser atacadas, éstas más arremeten en su contra.

El revertir la tregua y desarticular sus estructuras y formas de obtención de ingresos ha implicado un accionar más violento, va desde secuestro a niños y  jóvenes; que se niegan a ingresar a sus grupos y actuar de cómplices para recoger extorsiones, servicio de vigilancia o bajo amenazas realizar asesinatos sino; ser parte de un tipo de ajusticiamiento, enviando  así mensajes a otros.

Sentenciando a familias a la migración interna  al inicio, y buscar oportunidad  al extranjero por salvaguardar sus vidas posterior.

La  juventud que se ha negado a hacer favores a estos grupos o a tener contacto con ellos les ha costado la vida, hay cientos de jóvenes desaparecidos, no se sabe que ha ocurrido, en dónde están, si están muertos a dónde están sus cuerpos, si están golpeados o heridos, hay que brindar atención, pero es necesario dar información a las familias desesperadas.

La guerra no es oficializada aún, pero las bajas entre civiles, autoridad y delincuencia está mostrando eso.  El mes de noviembre ha sido marcado por muertes violentas a soldados y policías, ejecutados por pandillas, con tácticas impresionantes, que van desde lo menos pensado hasta situaciones realmente salidas de películas de acción y guerra.

Nunca se está preparado para una guerra, máxime cuando se está llevando a cabo en un país próximo a celebrar 25 años del cese al fuego y firma de acuerdos de paz, dentro de unos días.

El fenómeno es conocido y registrado, hay cantidad impresionante de estudios a través de ensayos, artículos, muestras fotográficas y documentales nacionales y extranjeros sobre las letras y números que tienen sometidas al miedo e incertidumbre a diferentes naciones que cansadas, están preparándose con entrenamiento y equipamiento militar para afrontar el flagelo en el triángulo norte.

Estos materiales suelen presentar diferentes ópticas, desde cómo iniciaron, en dónde surgieron, las principales demandas que tenían, como se han ido estructurando, ampliando en sus horizontes y territorios, las formas de ingreso y la única forma de salida, pero no una forma que brinde horizonte como se finalizará.

Está claro que defienden, consumo y venta de drogas, dominio y ampliación territorial, amor al poder, control de bienes obtenidos, un factor que aún que parezca increíble es la satisfacción y sadismo que les provoca continuar y que sus delitos no pasen desapercibidos, sino creen el sensacionalismo en los medios y adjudicárselos, por mostrar su capacidad.

En un país tan pequeño como el nuestro donde debería predominar la hermandad, como nos dejaba en unas de sus homilías monseñor Romero: “Hermanos, son de nuestro mismo pueblo, matan a sus mismos hermanos (campesinos) y, ante una orden de matar que dé un hombre, debe de prevalecer la ley de Dios que dice: No matar”.