¿Estamos preparados para el siguiente terremoto?

Laura Aguirre  *

Todos los mexicanos, y todos los demás que vivimos en la Ciudad de México, sabíamos que tarde o temprano un gran terremoto sucedería. Aquí los sismos son esa certeza impredecible que permea la vida cotidiana. Yo lo sabía hace diez años, cuando por primera vez vine al “DF”. Y lo sabía en agosto pasado, cuando nuevamente esta ciudad se volvió mi casa. Con esa misma certeza se vive en El Salvador: tarde o temprano un gran terremoto sucederá. ¿Está preparado el país para evitar una tragedia cuando el siguiente sismo ocurra?

Desde el 19 de septiembre de 1985, fecha del penúltimo gran temblor, esta urbe ha recorrido un largo camino tratando de prepararse para el siguiente sismo. En 1986 entró en vigencia un reglamento estricto para la construcción, y en el 2004 está normativa se hizo aún más rigurosa. Para el 2014 ya existía el Instituto para la Seguridad de la Construcciones en la Ciudad de México. Además, los simulacros de evacuación se hicieron comunes, los manuales de emergencia obligatorios en las escuelas y lugares de trabajo, y la población aprendió a reaccionar con la alarma sísmica que, desde el 2015, se puede escuchar a través de ocho mil altavoces distribuidos por toda la ciudad. Y sin embargo, el desastre sucedió.

“Ante la fuerza de la naturaleza todos somos vulnerables”, dijo el presidente Peña Nieto en un comunicado. Sin embargo, para muchos lo que ahora se está viviendo es una tragedia anunciada hace tiempo.

Los periódicos y la web se han llenado de fotos de la destrucción, así como de imágenes de las numerosas muestras de solidaridad de la población civil. Bien dicen que la desgracia saca lo mejor de la gente y México es un gran ejemplo de eso. Pero también ha dejado al descubierto las carencias, no solo lo que faltó por hacer, sino lo que se ignoró.

En el sismo de 1985, las zonas más afectas fueron el centro de la ciudad, las colonias Roma, Condesa, Navarte, del Valle. La memoria, no obstante, es corta y con los años el miedo a vivir en estos lugares desapareció, las casas afectadas se repararon y pintaron y donde quedó espacio se construyeron nuevas. En la actualidad son los lugares preferidos de las clases medias jóvenes acomodadas y altas. La Roma y la Condesa, conocidos como los barrios de moda, aparecen en las guías hípsters y son los más solicitados por extranjeros. En el terremoto del 2017 volvieron a ser las protagonistas de la tragedia.

Algunos informes publicados en los medios dicen que la razón por la que estás colonias volvieron a ser tan afectadas es la superficie acuosa sobre la que se construyó la ciudad. Sin embargo, los reclamos han comenzado a aparecer en la redes. Unos hablan del no cumplimiento de la ley de construcción, otros de corrupción, construcciones ilegales y de edificios viejos que dudosamente fueron reparados después de 1985.

En El Salvador han pasado 16 años desde los terremotos del 2001. Como en México, poco se sabe de la seguridad de las construcciones que soportaron el último sismo. En algunas colonias, como Las Delicias en Santa Tecla, los daños en muchas casas aún son visibles. Otras zonas declaradas de alto riesgo volvieron a ser habitadas rápidamente. Si no fuera por el Monumento Memorial Las Colinas pareciera que ahí nada pasó. La única vez, en todo este tiempo, que las víctimas del 2001 volvieron a ser noticia fue cuando se descubrió que el expresidente Francisco Flores se apropió y desvió a las arcas de Arena 10 millones de dólares donados por Taiwán.

Hasta hoy, El Salvador no tiene alerta sísmica ni simulacros periódicos de evacuación en las escuelas ni en los trabajos. Existe un reglamento para la seguridad estructural de las construcciones y dentro de este se encuentra la Norma técnica de diseño contra Sismo. Pero no es ley, y como no lo es, tampoco implica una obligación para las empresas constructoras.

Convendría vernos en el espejo mexicano. Para nuestros gobiernos debería ser prioridad volver ese reglamento ley y aplicarla estrictamente. También tendrían que aplicarse planes y acciones permanentes de prevención y atención de terremotos, no solo para funcionarios e instituciones públicas, sino sobre todo para la población civil. Si eso se sigue ignorando, con seguridad, tarde o temprano, como México, volveremos a ser protagonistas de la desgracia.

 
* Laura Aguirre es Doctora en sociología por el Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Libre de Berlín. Su tesis, enmarcada dentro de perspectivas feministas críticas, está enfocada en las mujeres migrantes que trabajan en el comercio sexual de la frontera sur de México. Su trabajo también abarca la sexualidad, el cuerpo, la raza, la identidad y la desigualdad social.