Fin del TPS, El Salvador y sus migrantes

Y a la vez, debemos preguntarnos si estamos preparados para asumir las consecuencias de una situación que afecta a El Salvador, mínimo, a mediano plazo. ¿Estamos preparados? A continuación la respuesta a la interrogante antes planteada.

El Salvador es afectado cada año por la migración de miles de nacionales, entre ellos niños y adolescentes, muchos de los cuales son deportados por autoridades foráneas. Baste decir, en ese sentido, que en los últimos 36 meses, incluido el periodo de la administración Trump, unos 20 mil salvadoreños, según fuentes de la ONU, resultaron expulsados de Estados Unidos y México, lo que confirma la dramática situación que viven los migrantes de nuestro país.

Alrededor del 90 por ciento de los retornados proceden de los departamentos más pobres del país, y pese a los proclamados esfuerzos gubernamentales por incrementar los niveles de escolaridad, cerca de un  millón  de niños entre tres y 17 años de edad no estudian, lo que se asocia a altos índices de deserción escolar.

Las características de esta población nos certifica que alrededor de 47 de cada 100 jóvenes (46.9%) pertenecen a los hogares de más bajos ingresos económicos, 40 de cada 100 (39.9%) residen en los hogares de ingreso medio y solo el 13.1% residen en hogares de ingreso alto. Más de la mitad (54.1%) pertenecen a hogares en condición de pobreza. La mitad (47.2 %) no ha completado la educación básica obligatoria. El 30.7 % residen en viviendas sin acceso a agua potable, uno de cada cuatro (26.3%) habita en viviendas con materiales de corta duración; y uno de cada dos (50.5%), viven en viviendas en condiciones de hacinamiento.

Además, las causas que abonan al crecimiento de este rango poblacional, como las bajas tasas de cobertura educativa en los niveles medio y superior, las brechas de calidad educativa, el bajo nivel de empleo (y salario) decente, una alta tasa de población en viviendas con carencias, el elevado índice de pobreza, entre otras, son parte del contexto salvadoreño que afecta a las y los jóvenes.

Para investigadores salvadoreños, aunque la migración toca de cerca a El Salvador, con más de dos millones de emigrados en Estados Unidos, aún no existe una política nacional estructurada, con objetivos claros y evaluaciones continuas en ese asunto, que proteja a los migrantes, y ponga orden en el éxodo al igual que en el retorno de nacionales, mientras solo se implementan programas que solo palean el problema y no atacan la raíz de las dificultades, el modelo neoliberal imperante en nuestro país.

Lo cierto es que estos retornados nos dejan ver un fracaso social que tiene historia y cultura, que no se da como un caso fortuito. Las causas de este grupo de la sociedad es el resultado de un proceso identificable y prevenible, tiene relación directa con el tipo de sociedad que hemos construido. Son producto de un modo de organización social que genera, en primer lugar, una injusta distribución de los recursos naturales y riquezas que posee el país, y en segundo lugar, de una injusta distribución de la riqueza generada por la fuerza del trabajo.

Por lo tanto la respuesta está clara, El Salvador no está preparado para recibir, ni siquiera un por ciento mínimo de las y los que pierdan la cobertura que significa el TPS y los retornados se agregaran a la ya compleja situación nacional.