FMLN: ¡ahí, adónde tú vas no puedo acompañarte!

Roberto Herrera
El lingüista y traductor Carlos Ábrego hace gentilmente, en la introducción de su artículo ¿Hacia dónde nos lleva el FMLN? publicado en ContraPunto, una crítica constructiva y una valoración positiva a mi análisis retrospectivo de la guerra salvadoreña (ContraPunto). El traspié inicial de Ábrego se debe a mi juicio, o bien a mi falta de elocuencia o a un mal entendido. La irrelevanciadel ciudadano común, nacional o internacional, a la que me refiero, está relacionada con la poca importancia que tiene en la vida real la caracterización en sí de la guerra cuando las bombas caen, destruyendo todo a su alrededor y sembrando de muerte el campo y la ciudad. Pero sí es de sumo interés para la ciencia político-militar; cuanto más, cuando el proceso revolucionario salvadoreño fue extremadamente complejo en su gestación y desarrollo.

Ahora bien, lo que sí es relevante para todos los ciudadanos salvadoreños,incluyendo los de “a pie”, son las consecuencias y los estragos reales y concretos del fenómeno social llamado guerra, entendida ésta como instrumento en función de objetivos políticos concretos.Esta es la dimensión político-militar que pretendí desarrollar en mi análisis, es decir, demostrar la transformación que sufrió el conflicto armado que comenzó con fines revolucionarios (socialistas o de liberación nacional) y terminó convirtiéndose en un “asunto de negocios”, vale decir, en un canje político-militar y, sobre todo, explicar desde mi óptica,las razones de la prolongación de la guerra. Sin duda alguna, los Acuerdos de Paz, que dieron fin a la guerra, tuvieron una gran importancia en particular para la salud mental de la ciudadanía salvadoreña cansada de vivirla y para la vida política en general.

Por otra parte, tampoco me propuse profundizar en los aspectos ideológicos al interior de la vanguardia revolucionaria y en la influencia lubricante de los aliados estratégicos de la revolución en el mecanismo de funcionamiento político-militar del FMLN histórico. Precisamente en esta lucha ideológica es que la figura de Salvador Cayetano Carpio y su concepción de lucha de clases, expresada en la doctrina político-militar de Guerra Popular Prolongada, se convirtió en el grano de arenaen el engranaje del FMLN; independientemente de lo correcto o equivocado de su planteamiento.

Comparto con Ábrego la conclusión que el FMLN (partido político)”desde hace tiempo abandonóenla práctica de la política real ─por completo su papel de partido revolucionario”. Por mucho que el aparato de propaganda continúe agitando a la militancia con consignas revolucionarias, su agenda política está dirigida a fortalecer las alianzas con la burguesía y hasta con sectores “blandos” de la Gran Oligarquía. De modo que, en la lucha de los contrarios “Revolución-Reforma”,todo indica que la balanza en el FMLN se inclina definitivamente a favor de la reforma. Pero al final de cuentas, lo esencial en la estrategia político-económica marxista revolucionaria es, por una parte, transformar las estructuras económicas del país, de manera tal que mejore el nivel y la calidad de vida de las grandes mayorías trabajadoras y por otra, desarrollar la conciencia declase para sí de todos los trabajadores. De lo contrario, incluso las revoluciones socialistas supuestamente consolidadas pueden también colapsar e involucionar. Este proceso dialéctico (lucha de los contrarios) resulta más difícil y complejo en la medida que una minoría, siendo extremadamente poderosa e intransigente como la oligarquía salvadoreña, posee la gran parte de la propiedad privada de los medios de producción. Lo correcto o lo equivocado de una política-económica marxista se expresará por lo tanto, más allá de la ideología y la propaganda, en una justa distribución de la riqueza de una nación, y en la unidad y fuerza de la clase trabajadora. Esto aún no es la realidad político-económica en El Salvador.

¿Hacia dónde nos lleva el FMLN?, pregunta Ábrego. Y yo respondo a nivel personal: FMLN: ¡Ahí, adónde tú vas no puedo acompañarte!

En el cuento infantil de Hans Christian Andersen, “El traje nuevo del Emperador”, el monarca tenía trajes nuevos para toda ocasión y era tan tonto que se tragó el cuento de la tela invisible. El rey, como era pasmado, tuvo la brillante idea de salir un día de paseo para mostrarle al pueblo su traje nuevo. Los colores rojos y los emblemas eran hermosísimos y además la vestimenta poseía la cualidad de ser invisible a toda persona que no fuera apta para su cargo o que fuera irremediablemente estúpida.Hasta que un cipote mocoso dentro de la multitud gritó la verdad ─ que también es desnuda ─ con la inocencia que tienen los niños: ¡Pero si no lleva nada! Aquello inquietó al Emperador, pues intuía que el pueblo tenía razón; mas pensó: ¡Hay que aguantar hasta el fin! Y siguió más altivo que antes; y los pajescontinuaron sosteniendo la inexistente cola imperial.

En la vida real, en la cual la política la hacen los Príncipes de Maquiavelo y no emperadores tarados, algunos de ellos hacen las del camaleónfrancés “Joseph Fouché”, quien cambiaba de colores según la ocasión. Otros, como el FMLN, tienen un desarrollo más complejo: Sufren una metamorfosis político-ideológica paulatinamente.