¿Habrá justicia o ganarán los millones?

 

Ernesto Rivas Gallont

Con frecuencia se oía decir que el expresidente Elías Antonio Saca cuando se refería a sí mismo, decía que él era el presidente que más poder ha tenido en la historia del país. Decía que controla el Ejecutivo, el Legislativo, el Judicial y a su partido. Cuatro a cero. Se supo más tarde, que ese control lo ejercía a fuerza de repartir millones. Así quién no.

También Saca aseguraba que había sido el mejor presidente que ha tenido El Salvador.

Bueno, se le acabó la historia a Tony Saca. El domingo a la 1:30 de la madrugada, mientras celebraban la suntuosa boda de uno de sus hijos, la policía, por órdenes del Fiscal General, irrumpió la celebración y arrestó a Saca, junto con dos de sus execratorios, César Funes y Julio Rank.

El operativo que condujo a la captura, en mi opinión, fue muy inteligente, sencillamente era la única oportunidad en que la policía podía capturar al expresidente sin provocar una guerra armada entre el cerco protector de Saca y las fuerzas policiales. La captura hubiera sido muy difícil y mucha sangre habría corrido.

La corrupción, los pies de barro del expresidente, que, por fin, cedieron a la voluntad y firmeza que ha demostrado el Fiscal General, Douglas Meléndez.

Era grande y poderoso, de mirada firme al horizonte, era prepotente, casi reverencial, de una grandeza disimulada con el oficio del mejor de los actores,  una grandeza que resultó ser una mentira, interpretada como verdad.

Hasta hoy lo supimos, porque la función siempre llega a su fin, más tarde o más temprano termina por llover y el agua, deshizo sus pies de barro ante los ojos pasmados de muchos testigos, convirtiendo al ídolo en marioneta, en un Goliat derrotado.

Pero mientras llegaba la lluvia, el ídolo con pies de barro hizo tanto daño, que parió mentiras con una fertilidad incontenida, alimentó fantasmas, y diseñó una corte de profetas de supermercado a su servicio, mientras él creía posible volver a la presidencia.

Y muchos le creyeron. Y muchos le siguieron. Comieron de su mano, hambrientos como estaban de discursos de esperanza, bebieron del agua contaminada del río de la corrupción y de las mentiras, y todos fueron esclavos de sus pensamientos, convencidos  sin embargo, de que su impunidad se mantendría, por lo menos, hasta después que sus transgresiones prescribieran.

Nuestra obstinada denuncia de la corrupción de Saca, encontró, con frecuencia, crítica y censura provocadas por la ira de los muchos que creyeron o se valieron de él y sus excesos.

La insaciable ambición de seguir mandando de Antonio Saca le costó la expulsión de su partido ARENA.  Sin embargo nadie se imaginó que parte de los millones mal habidos con que dejó la presidencia le servirían para comprar holgadamente a aquellos diputados que le habían sido siempre fieles en la fracción arenera y formar su propio partido, GANA.

No había salido del gobierno todavía, cuando Saca traba amistad con el presidente electo, Mauricio Funes, amistad que, convertida en asocio. La habilidad política de Saca la utilizó al máximo desde entonces, cuando decidió volver a postularse para la presidencia, una vez

Funes terminara su período, de suerte que armó una estructura a su alrededor de UNIDAD, la coalición de tres partidos que afortunadamente fracasó sonadamente.

Surgía entonces la pregunta del millón: ¿Cómo es posible que una persona que durante su presidencia fue corrupto a la vista de todos, que al retirarse, como para burlarse de los ciudadanos, se hace construir una residencia palaciega, cuyo indeterminado costo debe rondar por muchos millones; que puede comprar voluntades, no importa cuán caras sean; que tiene dinero para invertir en financiar una cara estructura política y hacer lo que se le antoje?

El juicio contra Antonio Saca no será fácil, más bien será muy difícil, porque aquí estamos hablando de centenares de millones y aunque la evidencia en contra del expresidente es masiva, también masiva es la influencia que sus millones pueden ejercer sobre aquellos a quienes les toque juzgarlo. La más probable es que dentro de pocos días veremos a Saca regresar a su casa, muy tranquilo, porque el juez  no encontró causa para juzgarlo.

Rogamos a Dios, que la justicia prevalezca ante la enconada ofensiva de los millones.