¿Harán algo los próximos gobiernos ante la permanente crisis fiscal?

Alberto Arene
Históricamente, la válvula de escape económica, social y política de El Salvador ha sido el éxodo de su gente. Cuando se detuvo con la guerra con Honduras (1969) regresando masivamente nuestra gente, el país confrontó enormes dificultades. Ahora, se cerró la válvula de las últimas cuatro décadas con el flujo migratorio al revés, yéndose cada vez menos y regresando cada vez más gente. En 1969-1971 fueron 300 mil, ahora podría ser el doble.

Si la economía no crecerá más del 2 %, creando solo 6 mil empleos no decentes y muy pocos decentes para los 60 mil jóvenes que ingresan anualmente al mercado de trabajo; si el déficit fiscal supera el 5 % del PIB financiado anualmente con deuda pública con intereses que se aproximan al 10 %; si el sobreendeudamiento ya supera el 70 % del PIB con cuentas nacionales actualizadas; si el crédito será cada vez más caro y difícil de obtener por la degradación de las calificaciones de riesgo, y la competitividad nacional se ha deteriorado severamente, siendo mucho más atractivo invertir en países cercanos, con mucha mayor confianza, competitividad y rentabilidad, ¿qué harán los próximos gobiernos para sacarnos de semejante hoyo económico-fiscal? ¿No fueron el Fomilenio II y la Alianza para la Prosperidad del Triángulo Norte concebidos para responder precisamente a esto?

En la década del 60 y del 70 El Salvador creció y vivió de dos motores principales de creación de riqueza y crecimiento: la agroexportación y la industrialización ligera por sustitución de importaciones, con crecimientos del 5.3 % anual multiplicando en 2.5 el PIB en dos décadas (1960-78). Durante la guerra del 80 la producción cayó 29 % en los primeros cuatro años (1979-1982), creciendo 1 % de promedio anualmente hasta el fin de la guerra que vivimos de la ayuda de los Estados Unidos entre $4,500-7,000 millones (CEPAL) y de $2,390 millones de remesas familiares (1980-1991).

En las últimas tres décadas, se profundizó el éxodo y El Salvador vivió de remesas familiares que crecieron a tasas anuales promedio de 8 %, de $790 millones en 1991 a $4,576 millones en 2016 para un total acumulado de $65 mil millones, sin contar las remesas directas, en especies y otras. Pero el “modelo” se agotó hace una década y media. Consecuentemente, la situación nacional se deterioró cada vez más sin perspectiva de mejorar haciendo peor más de lo mismo. Para salir del hoyo económico y fiscal, debe haber una prioridad convertida en imperativo nacional apoyada/condicionada por Estados Unidos, Europa y toda la cooperación internacional: crear mucha riqueza sosteniblemente.

El Salvador centroamericano competitivo, logístico, industrial-exportador y de servicios debe ser el eje articulador del nuevo modelo de creación sostenible de riqueza a impulsar, sacando el máximo provecho de lo único que tenemos: nuestra gente y nuestra posición geográfica en el ombligo de las Américas, en plena transformación acelerada de la economía global.

Somos la bisagrita en potencia del CA-4, con dos décadas de retraso en ejecutar el nuevo modelo de creación y crecimiento sostenible de riqueza para esta nueva etapa globalizada, necesitándose aceleradamente recuperar el tiempo perdido y crear –literalmente– el futuro: 1. Concesión del Puerto de Acajutla y de La Unión a un operador de primer nivel mundial. 2. Corredor logístico de nuestros Puertos con Puerto Cortés, Honduras. 3. Zona Económica Especial del Golfo de Fonseca. 4. Ampliación del Aeropuerto Internacional según Plan Maestro elaborado por la empresa Kilmy-Horn (diciembre de 2013), y desarrollo de su Terminal de Carga vinculada al impulso de la zona extraportuaria, particularmente del Cluster de Servicios Aeronáuticos. 5. Desarrollo de zonas extraportuarias en ambos puertos y en diversas zonas logísticas e industriales del territorio nacional, según estudio-propuesta del JA Group (enero-mayo de 2004), que diseñó e impulsó el principal centro logístico industrial-exportador de América Latina en León, Guanajuato. 6. Impulso del nuevo sistema ferroviario nacional/regional comenzando con la ruta San Salvador-La Unión-Puerto Cortés. 7. Agricultura rentable y sostenible de mayor valor agregado con agroindustrialización del café y cacao exportado con marca en bolsas con bellos diseños; producción de frutas, vegetales y plantas diversas en microclimas adecuados; pequeñas granjas con cultivos, aves y animales diversos y agricultura vertical en ciudades. 8. Sistema educativo y técnico-vocacional vinculado a las necesidades del nuevo modelo y de la nueva economía del conocimiento. 9. Desmantelamiento de todos los procesos burocráticos engorrosos, con minimización de trámites y tiempos. 10. Apoyo integral sostenido a micro, pequeños y medianos empresarios y agricultores. 11. Reforma de pensiones y reforma fiscal integral pro-inversión y crecimiento, eliminando la evasión y elusión fiscal, introduciendo el impuesto predial y formalizando aceleradamente al sector informal. 12. Gobierno central y municipal digital.

Así vendrán decenas de miles de millones de inversión privada, se crearán cientos de miles de empleos decentes con buenos salarios y prestaciones, ampliando en centenas de miles los contribuyentes a las AFP y a la hacienda pública; así sustituiremos importaciones, multiplicaremos las exportaciones de bienes y servicios sustituyendo los enormes déficits comerciales en crecientes superávits; así multiplicaremos los ingresos fiscales, convirtiendo los déficits en crecientes superávits, pagando progresivamente la deuda pública, reduciendo sostenidamente su relación con el PIB al disminuir la deuda y aumentar el PIB, liberando recursos crecientes para la inversión social y medioambiental.

¿Qué dicen los partidos políticos y sus posibles candidatos?