JUSTICIA. La muerte de Samuel no debe quedar impune

Jaime Ulises Marinero

Samuel Jonathan Rivas era un muchacho de 28 años, un fiel cristiano que trabajaba como camarógrafo del canal 21. Era un joven amigable, alegre, respetuoso y muy responsable en su trabajo.  La tarde del lunes de la semana pasada, acompañado de Samali Dinarte, llegó a mi oficina en busca de información sobre una audiencia inicial. Como siempre, se despidió dándome la mano y agradeciendo por la colaboración.

El jueves pasado, cerca del mediodía y cuando cumplía su primer día de vacaciones anuales, fue asesinado a balazos frente la iglesia evangélica que junto a otros jóvenes pintaba. Supuestamente fue atacado a quemarropa por dos pandilleros que no hicieron mucho esfuerzo para huir de la zona, tras cometer su horrendo crimen.

Samuel se congregaba en la iglesia y, como todo buen feligrés, quiso iniciar sus vacaciones poniendo su tiempo libre al servicio de su comunidad religiosa.  Él no se metía en problemas, parecía que todo el tiempo andaba feliz. Su muerte más bien parece obra del odio sin sentido que pandilleros sienten por la sociedad.

Ojalá que las autoridades pongan todo su empeño en esclarecer este homicidio y todos los que ocurren a diario en El Salvador, idealmente ningún homicidio debe quedar en la impunidad. Los asesinos de Samuel deben ser capturados y enfrentados a la justicia para que reciban su merecido por haberse atrevido a cometer este atroz hecho.

Nuestro amigo Samuel no es el primer periodista asesinado, pero nos gustaría que fuera el último. Ya es tiempo que cesen las muertes de los buenos salvadoreños. El país entero ya no soporta más luto y dolor causado por terroristas, a quienes les complace causar llanto.

Los salvadoreños deseamos medidas inmediatas y efectivas para combatir todo tipo de delito, especialmente los más graves, léase homicidios, extorsiones, secuestros, privaciones de libertad y otros. No es concebible que un ministro de Seguridad diga que se necesitan cinco años para recuperar los territorios que controlan las pandillas, y que un alcalde, tratando de congraciarse con el Órgano Ejecutivo, diga que no son cinco, sino diez años los que se necesitan. Esas expresiones más bien parecen parte de una estrategia electoral para pedir cinco o diez años más en el poder para cumplir un cometido que nunca acabarán. En mi pueblo alguien diría que es una forma de “matar el chucho a tiempo” que equivale a decir que es una forma de anticipar que se tiene perdida la batalla.

Hasta los mismos agentes policiales se sintieron sorprendidos y desmotivados por lo que expresó el funcionario. Muchos agentes operativos saben que terminar con el control territorial de las pandillas es una acción de poco tiempo, por supuesto si los dejaran trabajar y enfrentar de lleno este flagelo; sin embargo, mientras muchos sigan viendo como negocio la delincuencia y los políticos sigan viendo que un pandillero equivale a uno o más votos a su favor, se le seguirá dando largas a la solución de un problema que desangra a la patria.

No es explicable por qué la desidia gubernamental ante tanta delincuencia. Ya se sabe quiénes son los malos, dónde se encuentran y cómo operan. Pero se siguen dando órdenes delincuenciales desde los penales y los terroristas siguen controlando vastos territorios, a tal punto que los mismos jefes policiales aceptan que hay comunidades donde se ingresa con luces apagadas, por órdenes de las pandillas.Prevenir y reprimir son dos acciones paralelas cuando se trata de enfrentar la delincuencia, toda vez que se haga en el marco de lo legal y en los contextos propicios. No se va a enseñar doctrina como parte de la prevención a un sujeto que ha participado en extorsiones, homicidios y otros abominables hechos. Hay que prevenir a la niñez.

Ya basta de tanta violencia. Urgen medidas inmediatas. Los partidos ganarían más votos si le apuestan a enfrentar la delincuencia que buscando negociar con ellos. Para solucionar el problema no necesitamos planes de cinco o diez años.

La muerte de Samuel no debe ser en vano. Debe ser motivo de preocupación generalizada y de unión del gremio periodístico, para no callar la delincuencia, para exigir justicia y para denunciar públicamente las malas políticas de seguridad. Descansa en Paz Samuel. Hoy lloramos por ti.