La diversidad de ideas no debería ser un obstáculo, ni excusa para excluir a nadie

Nadina Rivas *

La diversidad de ideas no debería ser un obstáculo, ni tampoco una excusa para excluir a nadie. Por el contrario, esta debería fortalecernos porque ofrece diferentes vías de solución a los problemas más complejos.

En El Salvador tenemos malas costumbres, muchas de ellas relacionadas con la ausencia de una educación integral que desarrolle individuos con pensamiento crítico, capaces de lidiar, en un marco de respeto, con ideas diversas.

Se nos educó para la obediencia y la ausencia de debate. Esta incapacidad para disentir y valorar pensamientos diferentes lleva fácilmente a la deshumanización de quienes piensan distinto a nuestros marcos de creencias.

Una sociedad en la que sus habitantes no son capaces de cuestionar o debatir ideas de forma respetuosa y pacífica, tampoco puede negociar ni desarrollar agendas comunes que comprometan a sus ciudadanos en un proyecto compartido.

Una sociedad de este tipo se encuentra desarticulada, sin conexiones y sin confianza. Y si a esto le sumamos que los liderazgos políticos promueven la división y el miedo como forma para mantener el control, tenemos un cóctel tóxico que amenaza constantemente a la débil democracia que intentamos construir.

En un país así, la mayoría de personas también tiende a creer que no tiene poder para solucionar sus principales problemas, por lo que cae fácilmente en populismos y violencia.
Pienso y siento que lo que más nos afecta, como país, es la ausencia de un tejido social fuerte que permita conectar a los sectores que conforman la sociedad, y que ofrezca a los ciudadanos la inspiración de un ideal común del cual podamos sentirnos parte y en el que, a pesar de las diferencias, decidamos aportar al desarrollo del país.

Es complicado creer que El Salvador tendrá la capacidad de revertir sus problemas más dramáticos: la delincuencia, el irrespeto a la ley, la corrupción, la violencia generalizada y la falta de salud, educación y oportunidades, por mencionar solo algunos, sin la confianza como elemento aglutinador que facilite y sume la participación de sus habitantes.

También es poco probable que una sola persona, un solo partido político, una sola ideología o un solo estrato de la sociedad pueda disminuir el estancamiento y el atraso en el que se encuentra el país.

La diversidad de ideas no debería ser un obstáculo, ni tampoco una excusa para excluir a nadie. Por el contrario, esta debería fortalecernos porque ofrece diferentes vías de solución a los problemas más complejos.

Lo que verdaderamente nos afecta es la aplicación de ideas, fórmulas, visiones o ideologías en donde la ética y la honestidad son ignoradas por completo. Considero que la clave está en aprender a lidiar con las opciones diversas colocando por encima estos principios universales.

Si realmente nos interesa contribuir a mejorar las condiciones en las que se encuentra el país, los salvadoreños necesitamos un cambio de mentalidad en el que dejemos de pensar que el desarrollo se limita únicamente a generar dinero y bienes materiales; porque este enfoque reduce nuestra capacidad de ver al otro como un ser humano que siente, piensa y tiene ideales, preocupaciones y sueños que pueden ser diferentes, pero también legítimos.

Desmond Tutu, el sacerdote que acompañó a Mandela en el proceso de reconciliación de Sudáfrica, señala que los individuos estamos “unidos en una delicada red de interdependencia porque una persona lo es a través de otras. Deshumanizar a otros irremediablemente significa que nos deshumanizamos a nosotros mismos”.

Nuestra tarea es aprender a vernos como seres humanos interrelacionados y no como individuos aislados, para generar un ambiente en donde la confianza, el respeto y la convivencia de ideas sume a la solución de los principales problemas de las personas, y así logremos definir un rumbo común que permita el avance de la nación.

*Séptimo Sentido LPG.