“¡La educación de antes era mejor!”

Luís Arnoldo Colato

No es así. Se correspondía con su época, pero hay que valorar sus características.

A partir de la segunda mitad del siglo XX el modelo educativo salvadoreño desarrollo unas tipologías destacadas, al grado que los estándares se coronaban con la escuela de medicina superior, alto referente del estudio de enfermedades tropicales en el hemisferio, así como la escuela de agricultura, introductora de un modelo productor agrícola innovador, entre otros logros destacables.

Sin embargo y reflexionando en la historia podremos comprender las dinámicas que derivaron en la actual escuela.

Desde 1932 y bajo las administraciones militares, conservadas por los fraudes electorales y la violencia política estatal, las torturas institucionalizadas, violaciones y desapariciones forzadas, degenero en niveles de tensión social que condujeron al conflicto armado de los 80´s, en el que el estado se embarcó haciendo acopio de todos sus recursos, interviniendo militarmente las escuelas normales donde se formaron aquellas generaciones de docentes comprometidos, consideradas por la doctrina de seguridad “nidos del terrorismo”, que sin embargo produjo literatura, investigaciones y publicaciones diversas, que enriquecieron el acervo educativo y elevaron el nivel académico en general.

En ese marco el proceso de privatización educativa dio inicio con el traslado de la formación docente a privados, desmarcando de tal obligación al estado, y con toda aquella pléyade de seudo universidades de cochera que surgieron en la época, que arrojaron miríadas de profesionales sin formación, lo que finalmente fue atajado con la certificación universitaria, que cerro a la mayoría de aquellas tiendas de estafa académica.

Ya en la administración Calderón se inició la reforma educativa, sostenida desde entonces, marcada por la introducción de la Paes, así como la evaluación del sistema educativo post conflicto, que lamentablemente fue hecha con una visión privatizadora y excluyendo del proceso planificador al cuerpo docente en pleno, reduciendo al mismo a un ejercicio de escritorio para hacer fracasar al modelo, relajando los estándares académicos, agravado ello por el nulo compromiso del sector docente que excluido del mismo, se acomodó a los vaivenes de cada administración y durante 15 años, sin mejoras constatables.

Al arribo del progresismo se hizo público lo que se sabía en los corros ministeriales, y que es como se maquillaron las notas promedios de las Paes de esos años, para cumplir con las condiciones con que se contrataron los créditos internacionales para financiar al sistema, grave fraude que siempre se reflejó en los resultados de las pruebas propedéuticas de la UES, donde apenas el 10% de los interesados pueden superar las notas mínimas requeridas para ingresar (en rueda de prensa y en 2015, el rector de la UES demando aumentar los estándares académicos de básica al cuerpo docente de ésta), lo que evidencia el grado de deterioro del sistema.

Que el título de cualquier profesionista salvadoreño carezca de validez en la frontera lo dice todo, lo que impone el comprometer recursos en el mayor proyecto de todos, el que sacó del oscurantismo a Finlandia, y que solo puede ser la educación.