Las plagas y males que “izquierdas” y derechas producen para el pueblo

Mundialmente, y de manera paradójica, a la par del portentoso desarrollo de nuevas y asombrosas tecnologías, crece la confusión, la desconfianza, la frustración y la desesperanza en los pueblos.  Hoy en día, no existe lugar en la tierra que sea lo suficientemente seguro como para que el terrorismo no llegue. La fenomenología estadounidense muestra cómo reaccionan los pueblos cuando su clase política no se pone a la altura de las circunstancias. La inmadurez política, el nacionalismo extremo y el populismo, no respetan culturas o desarrollos. El desencanto ciudadano por la forma de hacer política y  de resolver los problemas,  generó en EUA un desencanto tal, que posibilitó la llegada al poder de un complicado personaje. Si hace 187 años le hubiesen pedido a Simón Bolívar describirlo, seguramente lo habría señalado como un “tiranuelo”.

El melodrama estadounidense refleja el desencanto de la gente con la superficialidad de la clase política tradicional, aún si ello implica caer en las garras de un populista que prometió rescatar su  país, aliviarlo de todos los males, hacerlo más seguro y devolverle su grandeza.

A nivel continental hemos visto cómo algunos iluminados de la nueva izquierda aburguesada e igualada, enarbolan – a su manera – las típicas banderas populistas-proteccionistas-nacionalistas, gracias a aquella frustración, originada en la explotación colonialista del ayer y continuada mediante el aberrante mercantilismo del presente. Los llamados “revolucionarios” lograron llegar al poder mediante el voto democrático, pero una vez instalados terminaron provocando grandes dolores a sus pueblos. Con ello solo lograron acumular condiciones y mover el péndulo político para que comenzaran a recuperar el poder quienes hasta hace poco lo perdieron.

En el plano regional, más concretamente en El Salvador, es triste observar que pese al fracaso del socialismo del siglo XXI, quienes lo gobiernan siguen viendo como referentes a seguir a países como Venezuela, Ecuador, Bolivia, Brasil y Cuba, donde la corrupción y el nepotismo campean en provecho de nuevas “argollas doradas”, que hoy en día saborean las dulces mieles del poder político formal.

Nuestra sociedad también se ha visto salpicada por la confusión, la mutua desconfianza en sus actores socio-políticos, la frustración y la desesperanza. Las últimas encuestas del IUDOP/UCA  rubrican lo antes dicho. Por cierto, sus resultados son invisibilizados por “la verdad oficial” utilizando la argumentación de siempre: son puras percepciones; son una simple fotografía del momento que no representa la totalidad del fenómeno. A la inversa, la oposición se vale de resultados como esos, para machacar sobre el rumbo equivocado al que llevan al país sus gobernantes.

Ocurre que ni el gobierno ni la oposición ceden de sus posiciones extremistas, lo que a su vez genera más desconfianza hacia los partidos y más  frustración y desesperanza en los ciudadanos. Por eso es que los acercamientos para dialogar entre los partidos extremistas, no pasan de ser parches pegados con la saliva que expulsan los mezquinos cálculos electorales.

Quien esto escribe está convencido que la paz es el único y racional camino a seguir y que una de las formas de  alcanzarla es que la sociedad civil organizada no afloje la presión hacia las extremas políticas, hasta lograr que trasciendan del diálogo a la negociación y de ésta a los acuerdos concretos.

Las organizaciones democráticas deberían cohesionarse alrededor de objetivos comunes. Solas, aisladas y descoordinadas, siempre serán débiles y no se harán escuchar. Unidas y correctamente coordinadas, podrían caminar con base a una agenda común. De lo contrario, será difícil generar presión social hacia la clase dirigente (políticos, privados y funcionarios públicos) buscando que el paralizado diálogo se reactive y termine en acuerdos reales, de obligatorio cumplimiento y de comprobado beneficio nacional.

La polarización es un cáncer y sus síntomas (confusión, desconfianza, frustración y desesperanza) deben erradicarse con la medicina adecuada (dialogar-negociar-acordar) y con visión de país. De lo contrario, la ambición de poder terminará destruyéndonos, como ya ha comenzado a ocurrir en los Estados Unidos.