Lo que las derechas no pueden o no quieren entender

De ninguna manera hago referencia a los agrupamientos de personas, grupos o sectores que estando en el ejercicio del poder político total, realizaron en el pasado nefastas prácticas de represión militar, fraude electoral e imposición políticas que condujeron a la guerra o a quienes más recientemente adoptaron  la corrupción, el mercantilismo, el clientelismo y el capitalismo salvaje como su modus vivendi, con lo cual (por omisión, ignorancia o complicidad) sirvieron en bandeja de plata a la izquierda, el exquisito manjar presidencial .

Las derechas formalmente más democráticas a las que me refiero, pareciera que todavía no entienden que su modelo capitalista resulta estructuralmente antagónico e irreconciliable respecto al socialismo que pretende para el país la izquierda gobernante, que vincula a las derechas como practicantes del neoliberalismo, modelo que para las izquierdas es imperativo desmontar.

Pareciera que los intelectuales orgánicos de las derechas (si es que tienen estudiosos del fenómeno) no logran reconocer o pretenden ignorar, la planificada y políticamente vigente etapa de “revolución democrática” que vive el país. Piensan que son cosas teóricas que no están pasando en El Salvador. Así pensaban en la pre-guerra y el resultado fue una vigorosa etapa de clandestinaje organizacional de la insurgencia, que luego resultó en una cruenta guerra con las consecuencias ya conocidas. Las derechas de antaño pensaban: “En El Salvador no hay montañas para que pueda haber guerrilla” mientras la insurgencia se reía y pensaba: “Nuestras montañas son las masas”.

Respecto a la dinámica política actual en las derechas, hay un par de elementos que no deberían soslayarse: 1º) La atomización de los partidos de derechas podría favorecer al partido en el gobierno, en la medida que les podría facilitar y hasta ampliar en el 2018, su cuota de poder legislativo y municipal, para luego lanzarse con ímpetu hacia la alternabilidad presidencial en el 2019 y 2º) El inminente surgimiento de grupos ciudadanos organizados alrededor de plataformas no partidarias, tendientes a formar conciencia ciudadana en temas álgidos como el combate a la corrupción política o fustigar a la partidocracia que cohonesta con ella. El problema en este último caso es que la ciudadanía se estaría quedando sin alternativas, porque si lo que se critica son los partidos y es a través de ellos que se accede al poder, ¿en qué partido se podría confiar, dado el sonoro fracaso de las candidaturas no partidarias en El Salvador?

El problema para las derechas es que ahora se junta a su tradicional miopía política y pugna de liderazgos, el desgaste de energías provocado por las ambiciones de poder; consiguientemente, estan  concentrados en apagar fuegos internos y distraídos de cosas importantes como el hecho que hace apenas seis meses la izquierda realizó su primer congreso cuyos documentos finales son ahora una vital herramienta teórico-política que les manda profundizar la lucha para desmontar el neoliberalismo. Lo que para las derechas (partidos y poderosos grupos económicos financieros) es pura teoría, para la izquierda es acción con reflexión,  implementada sin prisa, pero sin pausa. De ahí que tampoco lograrán conectar las líneas estratégicas de acción que emanarán del XXIII Foro de Sao Paulo a realizarse esta semana en San Salvador y seguramente dirán también: eso es pura teoría.

En fin, son solo algunos temas sobre los que las derechas con un mínimo sentido de patriotismo deberían reflexionar. Si no lo hacen y los partidos tampoco se renuevan, sacudiéndose aquellos elementos que los desprestigian y les impiden mantenerse unidos, la ciudadanía seguramente pensará que son temas que las derechas no pueden o no quieren entender.