Lo que no entienden: La pobreza y la exclusión social

La pobreza es el problema más grave que tiene actualmente el mundo y El Salvador: mata muchas más personas que las guerras, el terrorismo, los accidentes, los terremotos, la delincuencia.

La pobreza provoca el fallecimiento prematuro de muchos niños, genera analfabetismo, enfermedades, incapacidad para participar y hacerse oír en la política, deja en desamparo a las personas ante la arbitrariedad de los gobernantes; la pobreza es la causa de la violencia, la delincuencia y la migración. La pobreza siempre supone desgaste y humillación. En definitiva, la pobreza deshumaniza y vulnera la dignidad de las personas. La pobreza es un fenómeno multidimensional.

En El Salvador todavía no se hace todo lo necesario en el combate contra la pobreza; en 2016 en el discurso con motivo del segundo año de gobierno, el presidente anunció que “se lanzaría próximamente la Estrategia para la Erradicación de la Pobreza Extrema” y el país se quedó esperando. El 8 de junio del presente año “El Consejo de Ministros aprobó el decreto que contiene la Estrategia de Erradicación de la Pobreza”. Señores: la pobreza no se elimina por decreto, ni la desigualdad desaparece a través de un comunicado.

Estamos en medio de una temporada electoral, donde con patada, mordida y trompón los militantes de los partidos se pelean por las candidaturas. Realmente, deberían ocupar sus energías y tiempo en la elaboración de ofertas electorales. En vez de pelear por aspiraciones personales, deberían apuntarse al compromiso de trabajar activamente por la erradicación de la pobreza. Cambiar de actitud y enfrentar con energía la lucha por cambiar la realidad de pobreza, exclusión, desigualdad económica y de injusticia que sufren miles de compatriotas. Deberían tomar conciencia que la pobreza es un mal nacional; es un problema que tenemos que superar juntos.

Nadie sabe los contenidos del decreto que según el oficialismo erradicará la pobreza pero una cosa es cierta: La pobreza laboral debe superarse, pues es una situación en la que el ingreso de un hogar no es suficiente para alimentar a todos sus miembros y en los hogares en pobreza sus miembros buscan alimentarse a partir de ingresos no laborales como remesas, transferencias o acceso a programas sociales.

La política pública es el instrumento que debe usar el gobierno para no dejar abandonados a su suerte, a los integrantes de miles de familias salvadoreñas. Una manera de combatir la pobreza y la desigualdad es invertir más en la gente, concretamente, proporcionar mejores y mayores oportunidades a los niños, desde la educación inicial hasta la universidad. Se trata también de universalizar y mejorar el acceso a servicios básicos, como agua, saneamiento y salud, a fin de conquistar para todos un mejor presente y futuro.

Todos debemos luchar contra la pobreza y demandar el cumplimiento del artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que dice: “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez y otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad”.

Los programas contra la pobreza no deben funcionar como un paliativo que  no logra erradicar el problema. No se trata de disfrazar la pobreza: hay que erradicarla. El Salvador no debe ser una fábrica de pobres porque no hay empleo y si existe trabajo, los salarios que se pagan no cubren lo necesario de la canasta básica. Es ineludible superar la pobreza porque también contagia el espíritu y genera desesperanza, apatía, indiferencia, miedo y si esto ocurre, no es posible sacar adelante al país.

Es cierto, el gobierno en estos ocho años, ha incrementado el presupuesto de los programas sociales; sin embargo, el impacto en la reducción de la pobreza y la desigualdad ha sido solo de corto plazo. Los programas sociales, ejecutados hasta ahora, solo alivian la pobreza inmediata, pero no solucionan el problema de largo plazo y menos la desigualdad en el país. Para resolver el problema de la pobreza y desigualdad en el largo plazo, la tesis central, debe ser bregar por la creación de más riqueza y  por un reparto más equitativo de la misma.