Los 11 mil Desparecidos salvadoreños a los que nadie busca ni buscará

 

 

Agosto 10 de 2017. * La última vez que Marina Vigil vio el rostro de su hijo fue en una fotografía. Edwin vestía una camisa verde con mangas moradas y pantalón café; pero no era la ropa con la que salió de su casa el 21 diciembre. Edwin está sentado con el rostro cabizbajo. Detrás de él se ven las piernas de un hombre. La fotografía se la enviaron los raptores de su hijo (ver al final de la nota).

Marina llora al recordar el mensaje que los captores de Edwin enviaron junto con la fotografía: “Cuídate, madre”. Ella sabe que el mensaje no lo escribió su hijo: “Él me decía ‘Má’, no madre”. Su hijo desapareció en una zona con presencia de la Mara Salvatrucha en el centro de San Salvador. A su familia le solicitaron 2,500 dólares, pero no dieron pruebas de que Edwin aún siguiera con vida.

Israel Ticas ha exhumado unos 500 cadáveres de personas “desaparecidas” encontradas en fosas clandestinas. Él sostiene: “El que desaparece después de tres días, si no aparece, es un homicidio”.

Cuatro días antes de Nochebuena, Marina le pidió a su hijo: “Mañana, antes de irte, me dejás 24 camisas cortadas”. Ella tiene un taller de costura en su casa. El 21 de diciembre, Edwin se levantó a las seis de la mañana: “Me dejó todo cortado y planchado. El plan era irnos a pasar el 24 a la casa de mi hermana en Sonsonate”. “Má, a las 11 ya voy a estar aquí”, fue lo último que Edwin dijo a su madre.

Él se dirigía a una serigrafía cerca de la alcaldía de San Salvador. Debía estampar unas camisas que su madre entregaría antes de Año Nuevo. A dos cuadras de ahí lo esperaba su tío. Edwin había hecho unos trajes para sus primos como regalo de Navidad, pero nunca se los entregó.

A las 11 de la mañana el tío de Edwin seguía esperándolo. Avisó a Marina quien intentó llamar al joven, pero su teléfono parecía estar apagado. “Marqué desesperada hasta que a las 9 lo encendieron. Yo le escribí ‘¿dónde estás, dónde estás…?… ‘Estoy lejos… y lejos para siempre…’, respondió. Ahí inició la errabunda búsqueda de Marina.

 

Ella va cada dos días a Medicina Legal, a los hospitales, a la Policía, pero parece que su hijo desapareció sin dejar rastro. En 2016, 184 personas desaparecieron en el municipio de San Salvador. Los municipios con más desaparecidos en ese año son: Santa Ana, 128; y Soyapango 80.

En un hospital le dijeron: – ¿Cuántos años dice que tiene? -18- respondió. – ¡Ah, bailando anda! – No anda bailando, yo lo conozco.

Siete de cada diez desaparecidos son menores de 30 años 

“Si yo supiera que él anda bailando ¿cree usted que yo anduviera como ando?”. Desde enero de 2009 hasta diciembre de 2016, la Policía recibió 11,252 denuncias sobre desaparecimientos en El Salvador. El director de la Policía Howard Cotto asegura que “casi en ningún caso” los familiares notifican el aparecimiento.

El 65.2 % de desaparecidos tienen entre 0 y 30 años de edad. El 23.5 %, entre 31 y 60 años, y 4.5 % más de 60. En los restantes no se definió edad al momento de la denuncia.

El Diario de Hoy habló con la profesora Marisela Celina Cañas, subdirectora del Complejo Educativo Santa Eduviges en Soyapango, donde Edwin concluyó su primer año. “Edwin era tranquilo y obediente. No tenía problemas de indisciplina… Hablé con su madre cuando dejó de estudiar y supe que fue por ayudarle en el negocio. En la institución nunca nos dio problema. Era bien centrado”. Este 2017, Edwin iniciaría segundo año de bachillerato. Desde 2009 hasta 2016, la Policía recibió 1,581 denuncias de estudiantes desaparecidos.

 

Con el sistema en contra

Marina relata que investigadores de la División Élite Contra el Crimen Organizado (DECO) ubicaron la señal GPS del teléfono de su hijo. “Yo les dije ‘sólo díganme dónde está… Yo lo puedo buscar’. ¿Por qué no me voy a ir a meter? Aunque uno quede ahí, no me importa pero hice algo”. Los agentes se rehusaron: “Vale más un muerto que cinco”. Ella estaba con su familia.

Desapariciones desde 2010 hasta 2016: Mapa Interactivo en Especial 

La Policía tuvo acceso a las últimas llamadas que Edwin recibió y realizó: “Su hijo tiene tratos con alguien que no vale la pena. Mire este número… este es violador, extorsionador, ladrón y miembro de la MS”. El teléfono que los policías señalaron como posible número de un pandillero pertenece al tío de Edwin quien acompañaba a Marina ese día. “¡Esto pasa por andar comprando teléfonos en la calle!”, justificó el agente. “Imagínense con ustedes cómo estamos… imagínense” le respondió Marina. Una cabo le dijo: “Yo por eso aconsejo a mis hijos, ‘si desconocidos los quieren bajar del bus, no se dejen bajar. Si los van a matar que los maten ahí’”.

La zozobra de Marina crece. Ni la Policía ni la Fiscalía reaccionan ante el caso. “El 24 (de diciembre) me dijeron: ‘Mire, nosotros ya vamos para vacación’. “Y entonces… ¿Quién me ayuda? ¿Dígame usted?”.

La Policía prohibió a Marina publicar la fotografía de su hijo en Facebook, pues recibiría llamadas que no tienen relación con el caso. Pero un mes después, nadie le ha llamado.

El precio por “liberarlo”

Quienes raptaron a Edwin utilizaron WhatsApp para pedir dinero a la familia. Ana Vigil, tía de Edwin debía darles 2,500 dólares; la mitad en el instante y el resto cuando lo liberaran. “Mi hermana les dijo: ‘Díganme cómo me llama y les daré el dinero”. A los minutos respondieron: “Tía Ana”. A ella, el joven la conocía como “Yaya”. Marina se aferra a que los delincuentes vieron el nombre del contacto y así respondieron; al verse descubiertos la insultaron y bloquearon el número de la red de mensajería. Marina no entiende porqué pidieron dinero a su hermana y no a ella. Tampoco entiende la ausencia de pruebas de vida.

Edwin quiere ser diseñador. Asistía a conferencias en universidades privadas para aprender lo que en el taller de su madre practicaba. Él diseñaba los estampados en las camisas y tenía dos años de ir al centro de San Salvador a completarlos. Marina dice que, además, entretenía a los niños que llegaban a que les arreglaran la ropa. “¡Narizón!”, le decían. “Es que siempre andaba un granito en la punta de la nariz”.

Los vecinos de Marina, en la colonia Montes de San Bartolo IV en Soyapango, le preguntan por él: “Y yo, ¿qué les voy a decir? No les puedo decir nada porque ni yo sé nada”. Mientras la madre de Edwin no sepa que su hijo vive no dará dinero a nadie. Ella no pierde la esperanza. El 15 de enero Edwin cumplió 19 años lejos de su hogar.

 

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