Los “Chepes diablos” y la política salvadoreña

Jorge Castillo

Utilizo el término con permiso de don Medardo -el folclórico y muy silvestre personaje de nuestra política criolla- que sueña con aplicárselo a sus archienemigos de la Sala de lo Constitucional.  El sacudón al que me refiero ha sido contra la estructura criminal de “Chepe Diablo”, a quien el Departamento del Tesoro lo consideró “Capo de la Droga”. Reflexionemos sobre el hecho, mis estimados lectores.

1º) En la ciudadanía honesta se percibe complacencia por la forma en que actúa  el Fiscal General, especialmente, en este caso tan emblemático de un individuo cuyas actividades, junto a las de su estructura criminal, han permeado las instituciones estatales y del sector privado. A pesar de eso, el caso lo dió por cerrado el anterior Fiscal, hecho que estaría indicando la capacidad de influencia del capo y su grupo.

2º) Infortunadamente, hasta la hora de elaborar el presente artículo de opinión no había sido posible conocer de las otras cinco detenciones de miembros prominentes de la estructura de “Chepe Diablo”, en la que se incluye al alcalde pecenista de Metapán. Es algo que debería investigar a fondo el señor Fiscal para determinar responsabilidades, en caso haya existido una posible fuga de información por las razones que expresé antes.

3º) Ni el pleito rosa que sostiene el alcalde capitalino contra aquellos que en su propio partido no lo quieren, pero lo aceptan por conveniencia electoral, ni el vergonzoso calificativo conferido a nuestra capital como ciudad con más homicidios en el mundo, por la revista londinense The Economist, han dinamizado tanto las redes sociales como la captura del capo “Chepe Diablo”. La verdad es que el hecho no es un juego de niños y no es poca cosa lo expresado por el director de la PNC en el sentido que una de las empresas allanadas (Gumarsal) ha realizado desde el 2014 transacciones financieras por más de mil millones de dólares; tampoco lo es que el capo y su organización hayan presumiblemente lavado más de $215 millones. Eso dá mucho para reflexionar sobre los medios financieros que sirvieron para mover ese enorme caudal de dinero y transacciones ilícitas.

4º) Si se maneja con la técnica y  el profesionalismo fiscal, policial y judicial esperados, el  caso bien podría ser la punta del iceberg  que a lo mejor termine desnudando las redes políticas y los malabares económicos que, hasta hace poco, habían venido impidiendo la captura del capo. Solo en este tipo de casos es que se percibe la importancia que revestiría para la Fiscalía contar con una CICIES, algo a lo que se oponen aquellos que nunca hubieran deseado que capturaran al capo, ni a los que vendrán.

5º) “Chepes Diablos” existen en diversos países de la región y del continente, porque aprovechan las debilidades de nuestras democracias, la fragilidad de nuestras instituciones y la falta de honestidad de quienes las dirigen. Estos “Chepes Diablos” se infiltran y alternan, tanto dentro de gobiernos de derechas como de izquierdas, compran voluntades, hacen  negocios y terminan provocando una corrupción tan sólidamente estructural, que termina socavando cualquier intento de transparentar la justicia y ejercer el buen gobierno.

6º) En la medida que nuestras democracias sean débiles, la institucionalidad será frágil;  por ello, no es bueno intentar ahogar financieramente a entidades como la Fiscalía o elegir a funcionarios mediocres y corruptos en aquellas instituciones que, hoy más que nunca, deberían estar acompañando a la Fiscalía en el combate contra la corrupción. Si no fuera por el apoyo moral que da los EUA al Fiscal General, quien sabe cómo andaría la cosa.

7º) Es claro que el financiamiento que reciban los partidos determina la naturaleza de los intereses que privilegian y la calidad de sus candidatos a alcaldes, diputados y hasta  vicepresidentes y presidentes. Si la fuente es corrupta, los funcionarios y sus actos también lo serán.

Esto apenas comienza, se desenredará la madeja y vendrán más sacudones.