Los memes políticos o la desidia ciudadana

Lya Ayala Arteaga*

¿Puede un meme cambiar la decisión de un político sobre un tema relevante de nación?

Si nos centramos en la función de un meme- el meme es una copia de un estereotipo o replicación de una imagen que es interpretada de forma similar por grupos afines ideológicamente- como recurso de crítica social dentro del discurso político, quizá la primera impresión es que logra repercutir en alguna reacción del político, sin embargo, analizando la diversidad de movimientos ciudadanos que contraponen una verdadera presión y acción social sobre la corrupción en las instituciones públicas, la respuesta sería no.

Desde hace muchos años, el chiste o la burla sobre la personalidad de los políticos salvadoreños ha sido la forma que ciertos grupos ocultos, troles, o directamente de los equipos de campaña de los partidos políticos, crean cientos de memes, no precisamente denunciando los abusos de poder de los políticos salvadoreños, sino centrando esa queja o denuncia en aspectos muy puntuales con la finalidad de desacreditar la vida personal, desvirtuando la denuncia.

Mientras la ciudadanía suele elaborar otros cientos de memes y virilizarlos cuando los abusos de poder les toca más de cerca, el impacto sobre actuaciones corruptas o abusos de poder en temas relevantes de nación poco cambian, al contrario, ha generado que el político use el meme como una contra ofensa hacia la ciudadanía por meterse con su “integridad personal”.

Dos ejemplos de memes donde la denuncia vuelve a quedarse en el mero chiste o burla es hacia el presidente de la república y su desatinado y nada cuidado discurso; otro, hacia Eugenio Chicas, la denuncia del político si tuvo relevancia, logró una investigación de la fiscalía. También otros políticos como Antonio Saca, Mauricio Funes, Milagro Navas han sido continuamente usados como referentes en los memes. Nada ha sucedido más allá de la emocionalidad de su gracia o desgracia.

¿Dónde queda, entonces, la denuncia que un meme podría lograr en la opinión pública?

Insisto, ninguna. O casi ninguna si la crítica ciudadana queda en manifestar agresión con ausencia de acciones sociales concretas, el meme sigue siendo una forma masiva de crítica social y no alcanza a revelarse como una acción contestataria con suficiente fuerza como para hacer recular a los políticos, al menos en El Salvador.

La relevancia que la opinión pública tiene como controlador de las acciones de los políticos sobre los recursos del Estado es urgente y necesaria, los medios de comunicación, las asociaciones civiles, las universidades tienen que incentivar que esta integración de los ciudadanos sea constante en un debate donde el meme-u otra forma de discurso virtual- funcione como un gancho o propulsor que critique y presione abiertamente los desmandes actuales de los políticos.

Si es así, el meme funcionaría como difusor de participación política ciudadana; aunque debe ser reorientado el discurso por la misma ciudadanía, hace falta información de calidad para entrar en el debate o el meme se queda en otro recurso de desinformación.

Queda mucho por hacer para que el ciudadano no solo vuelque su frustración en una mofa que no toca el fondo de la corrupción de las instituciones del Estado y donde los políticos siguen metiendo mano negra en los medios de comunicación y manipulando el poder de la opinión pública.

*Comunicadora y docente. Voces.org