Los nuevos Indignados

Vanessa Núñez

El 21 de enero del 2017, tan sólo un día después de la investidura de Donald Trump como nuevo presidente de los EE.UU., más de un millón de personas se hizo presente en el National Mall de Washington D.C. –mismo lugar en donde Trump fue juramentado– para protestar en su contra.

La marcha, que en un inicio fue convocada por mujeres mediante redes sociales para manifestar su rechazo a las políticas discriminatorias y restrictivas que el republicano había planteado durante su campaña, se convirtió en una marcha pacífica que agrupó personas de todo tipo, desde adolescentes, hasta personas de la tercera edad y bebés en brazos.

La multitud, que en su mayoría vestía gorros rosados, esbozó reclamos diversos: desde la defensa a favor de derechos de los discapacitados, de las mujeres y de los migrantes, hasta la defensa del derecho a la diversidad cultural, de género y de opción sexual, entre otros.

Desde hacía más de 20 años, cuando un millón de mujeres afroamericanas se concentró en Filadelfia para reclamar a favor de los derechos de las minorías, no se veía una marcha de tal magnitud en los EE.UU.

Se calcula que 600 marchas “hermanas” se llevaron a cabo en otras partes del país y del mundo. Sólo en EE.UU unos cuatro millones de personas acudieron. Y se estima que la cantidad de gente que tomó parte en Washington triplicó a la que asistió a la investidura de Trump.

La marcha contó además con el apoyo de diversas estrellas del entretenimiento, quienes han comenzado a alzar sus voces en rechazo a las nuevas políticas.

Y es que durante las dos administraciones de Barack Obama (2009-2017), EE.UU. pareció vivir una era de apertura y de impulso a los derechos de las minorías.

Obama, primer presidente afroamericano de los EE.UU, no sólo promulgó leyes internas a favor de la igualdad y mejora de oportunidades de los menos favorecidos, sino que también impulsó una nueva forma de hacer política internacional. Y, aunque no todo fue color de rosa, Obama representó una esperanza de cambio en el mundo. Esa era de ilusión, sin embargo, se ha desvanecido.

Trump, un candidato que cimentó su campaña presidencial sobre postulados abiertamente discriminatorios y racistas, fue elegido el 8 de noviembre del 2016 como 45° presidente de los EE.UU.

Trump ha asumido el cargo con uno de los índices de popularidad más bajos (40 %) según sondeos llevados a cabo desde 1977.

Su llegada al poder parece, sin embargo, haber despertado a una ciudadanía que, durante los años anteriores, pareció estar segura de los avances en materia de derechos civiles e igualdad en su país.

Esta misma ciudadanía parece ahora haber dejado atrás la pereza y la indiferencia mostrada durante las dos décadas pasadas y se ha visto impulsada por una indignación activa.

Tal como manifiesta Stéphane Hessel en su icónico libro «¡Indignaos!», que ya en el 2010 se convirtió en best-seller en Europa: «El motivo de la resistencia es la indignación (…) el poder del dinero nunca había sido tan grande, insolente, egoísta con todos, desde sus propios siervos hasta las más altas esferas del Estado».

Stéphane Hessel fue uno de los redactores de la Declaración Universal de Derechos Humanos en 1948, fue impulsor en el 2010 del movimiento «Indignados» en Europa. Fallecido en el 2013, Hessel dejó tras de sí un mensaje de rebeldía y esperanza que, de tanto en tanto, la historia vuelve a demandar.

Sus palabras parecen más vigentes ahora que una nueva era de poder inicia, dando paso a un nuevo despertar político que, tarde o temprano, podría alcanzar el mundo entero, incluyendo a Centroamérica.

«¡INDIGNAOS!», dijo Hessel en su libro que ahora parece recobrar su vigencia. «Porque de la indignación nace la voluntad de compromiso con la historia».