LOS TURBIOS HILOS DE LA SANGRE.

LOS TURBIOS HILOS DE LA SANGRE.

Tal parece que en nuestro terruño la corrupción es parte de las capacidades adquiridas, que van perdurando por medio de la tradición. Una transmisión tradente como diría Xavier Zubiri. Esto  nos da una identidad cultural, la cual pasa por lo jurídico, lo económico, lo político, lo social, lo militar, lo lingüístico, lo religioso, lo estético, lo ético, lo filosófico, lo científico, es decir pasa por todas esas disciplinas con que cada cultura aborda su realidad con el propósito de comprenderla primero, transformarla luego, y ponerla al servicio de sus integrantes después.

Esta identidad cultural tiene sus raíces en el pasado y amenaza con prolongarse y profundizarse en el futuro, razón por la cual no debemos renunciar a la utopía y a la capacidad de soñar.

La mayoría de nuestra población es mestiza, una mezcla de la mezclada sangre española, con la nativa y la africana.

El encuentro de culturas disímiles fue constituyente de una estructura de dominación y conflicto entre peninsulares, criollos, mestizos, mulatos, indígenas y negros.

Una estructura de dominantes y dominados, en donde los de más abajo, nativos y negros, eran  oprimidos y hasta aniquilados, mientras que los mestizos cumplieron el rol de testaferros de los peninsulares, criollos y de otros mestizos.

Los mestizos eran vistos por los conquistadores como herederos de todo lo malo de la sangre hispana y de la nativa; y por los indígenas, como peligrosos y taimados testaferros de los conquistadores, dispuestos a cualquier cosa con tal de ganar aceptación y supremacía social.

Eso fue haciendo del mestizo un ser audaz, tenaz, astuto, inescrupuloso, delincuente, oportunista, etc. Todo para sobrevivir en aquel medio hostil.

En las gestas independentistas los mestizos se unieron a los criollos, no por amor a la libertad colectiva, sino para salir de la dominación de criollos y peninsulares, a su vez los criollos querían liberarse de los peninsulares, acrecentar su propio poder y expandirse por el territorio. Los mestizos superaban con creces a la minoría indígena, la cual fallecía por no tener defensas para las enfermedades españolas.

A estas alturas se atribuye que la población salvadoreña es 98% mestiza, con un sincretismo cultural y religioso de lo judaico, musulmán y cristiano (por el lado español), mezclado con la cultura y religión de indígenas y negros. Como resultado final su personalidad es machista, celosa, ritualista, sagaz, violenta, bailarina y falta de escrúpulos. El mestizo puede abrazar incluso con fanatismo los más nobles valores de la religión, pero también es capaz de los actos más atroces.

El mestizaje es la mezcla agridulce de la “chicha nativa y la limonada española”, ahora con la mezcla de Coca Cola. El mestizo no es chicha ni limonada y lleva en su sangre al dominador y al dominado, ambivalencia que en las grandes revoluciones inconclusas latinoamericanas, el mestizo revolucionario astutamente termina por elitizarse, por sumarse al núcleo privilegiado de poder y fortuna.

En la reciente guerra civil de los 12 años, liderada y librada esencialmente por mestizos, murieron decenas de miles por ambos bandos, usando muchas veces una enorme crueldad. Cabezas de soldados o guerrilleros incrustados en los postes de los cercos de alambre, cadáveres mutilados y repartidos sus miembros en distintos lugares. Esos hechos están sucediendo de nuevo en el presente, a manos de pandilleros.

Pero nuestra realidad pasada y presente no se limita a la violencia, sino también incluye la corrupción. Desde hace décadas los guatemaltecos dicen: “los salvadoreños al robo le dicen cachería”. Y el pueblo salvadoreño dice con resignación de sus gobernantes “entran pobres y salen ricos”. Mientras que los políticos “no quieren que les den, sino que los pongan donde hay”. Toda regla general tiene sus excepciones y aquí también tenemos una minoría de gente buena.

El escritor salvadoreño Francisco Andrés Escobar, en su obra “Los Turbios Hilos en la Sangre” nos recuerda un viejo dicho popular “Con estos bueyes hay que arar”. Esta es nuestra cultura, debemos civilizarnos, de lo contrario, pensando en Nietzsche, en vez de mejorar, seguimos retrocediendo a la condición “animal”.

Urge la refundación del Estado, porque el actual está organizado por la peor mente mestiza.

Dr. Jorge Martínez Menéndez