¿Más “diálogos”? ¿Porqué no acuerdos reales?

Roberto Cañas

El presidente Sánchez Cerén hizo un llamado al partido ARENA, para que regrese a las mesas de diálogo que el gobierno instaló para abordar temas como la situación fiscal, la reforma de pensiones, el crecimiento económico y el impulso al café. “ARENA tiene que regresar a la mesa de diálogo, no es posible que se haya retirado (…) tiene que estar en esa mesa de diálogo, tienen que estar para que con todas las fuerzas podamos resolver los problemas del país”, dijo el presidente durante un programa que tiene los sábados.

Día tras día escuchamos la palabra diálogo.

La definición de diálogo señala que es  una plática entre dos o más personas, que alternativamente manifiestan sus ideas. El diálogo es condición necesaria para llegar a un acuerdo; pero no es suficiente.

El instrumento para llegar a compromisos, pactos y acuerdos es la vía de la solución político negociada. Hace 25 años sirvió para terminar el conflicto en el plazo más corto posible. Si se quiere seguir hablando de diálogo al menos hay que ponerle apellido y llamarle diálogo negociador. La negociación es la que permitirá llegar a los acuerdos que necesita el país.

El intercambio es el corazón de la negociación. El núcleo central para llegar a un acuerdo, se encuentra en el intercambio, en hacer concesiones, de las que depende el éxito de la negociación. La esencia de negociar consiste en que una parte espera obtener para sí algo que quiere, mediante algún intercambio con la otra parte.

¿Que cartas de negociación tiene el presidente? ¿Que está dispuesto a dar a cambio de lo que necesita? ¿Cuáles son las monedas de cambio? Son las preguntas.

En segundo lugar, el titular del Ejecutivo debería negociar en paquete los temas, juntar todos los contenidos en un solo documento base para un acuerdo y pararse frente a los partidos con el conjunto de aspectos que quiere discutir en la negociación. No debe caer en el error de segmentar la búsqueda de acuerdos en mesas de diálogo. Si el ejecutivo quiere salir adelante debe buscar una solución integral.

En la negociación es fundamental no sustituir, por mesas, la institucionalidad del gobierno. La Constitución de la República, establece en el capítulo VI que los órganos de gobierno son el legislativo, el ejecutivo, el judicial.

Diálogo, diálogo, diálogo… la palabra se desgasta a fuerza de usarla, y los problemas del país siguen a la orden del día. El asunto es simple, no hay que buscarle la quinta pata al gato, hoy de lo que se trata es de sentar las bases de una solución político negociada.

Es elemental, no hay que inventar. Si quiero una reforma de pensiones lo que se tiene que hacer es negociar al interior de la Asamblea Legislativa los cambios en la ley de pensiones, pues corresponde al primer órgano del Estado decretar, interpretar, reformar y derogar las leyes secundarias. No nos compliquemos.

Si se quiere resolver la situación fiscal, a quien le corresponde decretar leyes sobre el reconocimiento de la deuda pública y crear y asignar los fondos necesarios para su pago es a la Asamblea Legislativa.

Es cierto que en el pasado ciertos problemas se resolvieron en los salones de Casa Presidencial, pasándose por el arco del triunfo la institucionalidad: Para el caso, los cuatro magistrados de la Sala de lo Constitucional electos en 2009 llegaron a sus puestos como producto de una negociación a puerta cerrada, en la que participaron todos los partidos políticos. ARENA y FMLN, principalmente, decidieron modificar la lista original de candidatos aptos para integrar la Corte Suprema de Justicia elaborada por el CNJ. La decisión del CNJ, que se supone un organismo independiente que con criterio técnico postula 15 nombres para que de ellos los diputados escojan a los nuevos magistrados, se terminó concretando en una votación secreta.

El desgaste del llamado al diálogo, como recurso para solucionar los problemas del país es incuestionable y también es muy clara la decadencia del bipartidismo. Pero sucede como decía Gramsci que “Una verdadera crisis histórica ocurre cuando hay algo que está muriendo pero no termina de morir y al mismo tiempo hay algo que está naciendo pero tampoco termina de nacer“.