Miedo y complicidad ante la CORRUPCIÓN

Jorge Castillo

Cuando de combatir la corrupción se trata, a la generación de nuevos políticos que han llegado al poder  en el último cuarto de siglo en nuestra América morena, los une la común característica de ser timoratos y veleidosos. El Salvador no es la excepción, a pesar que los dos últimos gobiernos y, por tanto, la hegemonía del control político gubernamental, ha estado a cargo de la izquierda. ¡Cuánta razón tenía el viejo  guerrillero que llegó a ser Presidente del Paraguay! Siempre sostuvo: “Si la izquierda llega al poder, no es para repetir la historia, sino para cambiarla”.

La gigantesca corrupción del pasado cercano, cuando gobernó la derecha más crudamente neoliberal que haya conocido la región, más de algún economista ha estimado que la corrupción sobrepasó los 30 mil millones de dólares. Todo un crimen perpetrado contra un país que hoy experimenta tan amargas consecuencias. No se sabe a ciencia cierta cuántas cifras podrían agregarse a esa suma  en los últimos 7 años, pero por mínima que sea, siempre terminará dañando el tejido social más frágil: nuestros pobres.

Aquel viejo guerrillero paraguayo tampoco se equivocó respecto a los gobernantes de izquierda en el poder, especialmente a quienes en lugar de combatir la corrupción terminan nutriéndose de ella. Dijo: “El poder no cambia a las personas, solo termina revelando quienes verdaderamente son”. No sé por qué, solo se me viene a la mente el caso de dos locutores, uno de radio con especialidad en fútbol y otro de televisión, experto en entrevistas, ambos buenos en el oficio, pero más, en apropiarse de lo ajeno. ¡Hasta el secretario privado de uno de estos señorones ha terminado salpicado recientemente!

En honor a la verdad está el caso de otro hombre, no de izquierdas, pero que a su paso por el gobierno compró un banco quebrado y aumentó en millones su capital con la reventa; también el caso de otro joven cuya lealtad partidaria lo hizo deslizarle millones de dólares, hasta ahora irrecuperables, por más que el Fiscal se muestre “socado” para luchar contra los corruptos.

De ahí, que cobren relevancia las palabras de la carismática embajadora de Estados Unidos, Jean Elizabeth Manes, en lo que concierne a combatir la corrupción: Lo que se mira, ha dicho, son “avances en algunos días, pero en otros días no tanto”. El buen lector entenderá que eso solo puede darse cuando quienes gobiernan son timoratos y veleidosos, o sea, cuando en un país la institucionalidad sigue siendo débil y su clase dirigente acoge en sus cúpulas a gente temerosa de entrar de lleno a luchar contra la corrupción o que estando en el poder (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) muestra poca constancia para combatir a corruptos y corruptores.

Hoy en día, solo un insensato podría oponerse al combate contra la corrupción. Solo un desequilibrado podría intentar frenar la transparencia. Solo un fanático se opondría  a la lucha contra la impunidad. Siendo que son parte de los 16 requisitos para el desembolso de $750 millones del Plan “Alianza para la Prosperidad”, lo menos que podemos hacer es unirnos para exigirle a la clase dirigente ponerse a la altura de las circunstancias o tirar la toalla.

 

Pareciera que en El Salvador, la indolencia de timoratos y veleidosos busca cerrar el último chorrito de asistencia financiera con la que el pueblo y gobierno norteamericano desea contribuir, no solo con El Salvador, sino también con Guatemala y Honduras.

Es claro que en este tema, cuando timoratos y veleidosos hablan en público lo hacen con hipocresía, propia de quienes saben que lo que expresan resulta es más falso que una moneda de cuero. En esto hay silla para todos, incluyendo a quienes hoy “dialogan”.

Cuando en una clase dirigente, la inconstancia y el temor para combatir la corrupción se generaliza, es por miedo a resultar salpicados. Y eso, inexorablemente, siempre será algo terriblemente tóxico para el país.