Misoginia (odio y desprecio contra las mujeres) a través de la música

Vilma Vaquerano

Desde la sociología, la comunicación y otras disciplinas se aborda la transmisión de normas, valores y patrones de conducta a través de la música y contenidos de medios de comunicación, como detalla en el documento Misoginia y socialización. “En expresiones artísticas es frecuente escuchar frases que incitan a la violencia contra las mujeres, refuerzan el mito de éstas como objetos sexuales al servicio de los hombres o el de las mujeres malvadas que incitan al pecado o que usan a las personas con el afán de hacerles daños. Esto es misoginia, un concepto explicado en Ley Especial Integral para una Vida Libre de Violencia para las Mujeres, como las conductas de odio, implícitas o explícitas, contra todo lo relacionado con lo femenino tales como rechazo, aversión y desprecio contra las mujeres.

En relación a la música, es extensa la lista de mensajes misóginos en diversos géneros, cantantes de todas las nacionalidades y épocas.  Casi siempre, al pensar en música misógina nos remitimos al reguetón debido a la carga evidente de menosprecio y cosificación de las mujeres en sus letras. ¿Pero qué sucede con esas letras más sutiles y “románticas”, con sonidos menos estrindentes, pero igualmente cargados de desprecio disfrazado de “amor y sentimentalismo”, dirían algunas personas.

En canciones de Braulio, como pequeña amante dice: “Dieciséis años son tan pocos que yo debí volverme loco para que así llegara a amarte”. O cuando Julio Iglesias canta: “Fuiste mía, sólo mía… cuando tus labios de niña mis labios los estrenaban…Lo mejor de tu vida me lo he llevado yo. Tu experiencia primera, el despertar de tu carne, tu inocencia salvaje, me la he bebido yo”. Tomando en cuenta que estos cantantes son adultos, de ocurrir en la realidad estas relaciones se daría el delito de estupro, sancionado penalmente en las leyes salvadoreñas, además de constituir violencia simbólica. Estas referencias persiguen señalar esa modalidad de violencia de la que poco se habla, definida en la Ley Especial Integral para una Vida Libre de Violencia para las Mujeres, como los mensajes, valores, iconos o signos que transmiten y reproducen relaciones de dominación, desigualdad y discriminación en las relaciones sociales que se establecen entre las personas y naturalizan la subordinación de la mujer en la sociedad.

Esta manifestación de violencia fue eludida por Cristina De Pizán, en su libro La Ciudad de Las Damas, escrita en 1405: “Me preguntaba cuáles podrían ser las razones que llevan a tanto hombres, clérigos y laicos a vituperar a las mujeres, criticándolas bien de palabra, bien en escritos y tratados. No es que sea cosa de un hombre o dos […] sino que no hay texto que esté exento de misoginia. Al contrario, filósofos, poetas, moralistas, todos – la lista sería demasiado larga – parecen hablar con la misma voz […]. Si creemos a esos autores, la mujer sería una vasija que contiene el poso de todos los vicios y males”. La autora decide fiarse más de su experiencia que de los escritos masculinos y con esa idea escribe La ciudad de las damas. En ella, defiende la imagen positiva del cuerpo femenino, algo insólito en su época y asegura que otra hubiera sido la historia de las mujeres, si no hubiesen sido educadas por hombres. Sorprendentemente, elogia la vida independiente y escribe: “Huid, damas mías, huid del insensato amor con que os apremian. Huid de la enloquecida pasión, cuyos juegos placenteros siempre terminan en perjuicio vuestro”, cita Nuria Varela (2008).

La última frase de Cristina De Pizán, escrita en el periodo del Renacimiento, pareciera que la escribe después de escuchar la canción del grupo mexicano Fobia (como me ocurrió a mi después de escucharla en una radio salvadoreña). Fobia canta: Dicen que tiene maldito el corazón que no tiene salvación. Dicen que es una mujer fatal… El apetito que tiene cualquier predador animal con la ponzoña de un alacrán con la inocencia de un niño y bajo la mano un puñal. Eres veneno vil. (Las letras de estas canciones fueron tomadas de  www.musica.com).

Oponentes a la igualdad de género cuestionan muchas veces que la música es arte y por tanto no es censurable; pero no se trata de promover o no la censura, si no de reflexionar en la imperiosa necesidad de reconocer y rechazar la violencia simbólica presente en la música, en textos, en la publicidad y hasta en actos proselitistas de partidos políticos, pero que no se identifica con facilidad, ya que se naturaliza o no se percibe fácilmente, pero es tan grave como cualquier tipo de violencia, por tanto es condenable.