No se puede hablar de paz en El Salvador sin vida digna para el pueblo

 

Kenni Bolaños

Juan Pablo II lo dijo: “No hay paz sin justicia”. Cada 16 de enero en El Salvador sobreabundan los discursos de cada gobierno de turno desde hace 25 años, con exagerado optimismo unos, con manipulación de contextos y conceptos otros, a fin de encajarlos forzosamente y que la población adopte sus percepciones, como la de insistir en que si un día se callaron las armas entre guerrilla y gobierno, a partir de entonces reinó la paz. Y el pueblo, en su mayoría, ha debido asumir que por tal circunstancia vivimos en paz.

El partido de gobierno mismo, el FMLN, hasta el día en que el partido Arena gobernó, insistía en que en El Salvador no existía la paz, y ahora se revierte tal aseveración, ahora es el partido Arena el que la niega; pero al culpa la tiene el otro y viceversa; aunque nadie puede negar la grave responsabilidad que ambos tienen sobre lo que los gobernados viven como realidad en el día a día.

Ante la premisa ineludible que nos planteara el Papa Juan Pablo II y tantos otros líderes o pensadores sobre que No hay paz sin justicia, es decir, donde no existe una posibilidad de vida digna, “donde hay falta de verdadero acceso a la educación, a la salud o a un empleo digno y los derechos humanos en general; es pues el pueblo quien debe imponerse entre la retórica manipuladora por parte de quienes se han lucrado política y económicamente  del “proceso de paz”.

Hay sociedades en el mundo donde no existe guerra o violencia, pero que difícilmente podría considerarse que tienen paz debido a las carencias sociales que enfrentan; en El Salvador existe saturación de propaganda, se erigen monumentos, grandes eventos con música y todo, sobre reconciliación, desarrollo sostenible, plan de nación, bien vivir etc. pero siempre evaden la pregunta ¡Vive el pueblo salvadoreño en Paz? “La paz es mucho más que la ausencia de guerra o el desarme y se construye y consigue con agendas amplias, multidimensionales, que demandan esfuerzos no sólo a favor del desarme, sino también en pro del desarrollo social, pero quienes gobiernan desde la economía como desde los órganos del Estado, con todas sus prácticas y políticas, hacen todo lo contrario a lo que significa Desarrollo Social.

Más allá del bullicio de tales eventos oficiales y mediáticos, el pueblo sigue, seguirá escuchando tales estribillos pero sufriendo violencia criminal, económica, política y en todas sus formas; de allí que si en verdad se está hablando de un nuevo acuerdo de país, deberá comenzarse por escuchar y sobre todo obedecer el sentir y pensar de los eternos marginados de la paz, el pueblo; de lo contrario tales discursos quedarán, como después de todo gran evento: en la basura.

Pero esto no sucederá si el pueblo continúa simplemente diciendo que no hay paz, si no se hace escuchar, y esto sólo se logra organizados; luchando, denunciando todas las formas de negación de la paz por parte de los obligados por ley, pero sobre todo uniéndose en comunidad para trabajar por todo aquello que durante estos 25 años de discursos y calamidades se ha negado a los miles de sacrificados y víctimas en aquella guerra, cuyo cese pudo ser el inicio de un verdadero proceso de paz, sin tener que estar contando muertos, desaparecidos, presos, expulsados del país, sino  de vida digna.