Obama y Trump nos deportan a muchos ¿y “nuestro” gobierno qué hace?

Aldo Álvarez

No es posible que en este momento de nuestra realidad nacional basada en lo que está ocurriendo en los EE.UU., estemos preocupados en cosas que no sean el utilizar todas nuestras sinergias en ver la manera en que nos preparamos en términos contingenciales para poder hacerle frente a las consecuencias potencialmente desastrosas para nuestro país, que pueden implicar las decisiones de carácter migratorio que el inestable Presidente de los EE.UU. pueda tomar en contra de nuestros compatriotas y de nuestro país.

Es cierto que debemos aceptar que el presidente Trump no está haciendo cosas que no prometió o que se acaba de inventar, al contrario, está cumpliendo a cabalidad con lo que prometió en su campaña, y porque precisamente desde cuando en campaña lo prometió, lo señalamos y tildamos de inviable, contraproducente e inconveniente, por decirlo suave. Es cierto, él se está comportando como el antípolítico que no hace lo que el “político tradicional” en Washington suele hacer: No cumplir con lo que promete en campaña. Por tanto, su actitud de cumplir con lo prometido lo convierte en una especie de “antipolítico” tradicional, aunque lo que haya prometido y lo que está haciendo sea un completo disparate y locura.

Pero bien, cada pueblo se merece el tipo de gobernante que tiene, y a pesar que podamos tener –como de hecho los tengo- cualquier tipo de consideración y reparo sobre la nada “democrática” forma en que ganó Trump –perdiendo el voto popular frente al del colegio electoral-, en el sistema de votación indirecta que tienen, esto no significa que ganó dentro de las reglas del juego, esto es dentro del sistema electoral estadounidense que permite la posibilidad –bastante antidemocrática por cierto- de que un candidato a la presidencia federal pueda perder el voto popular y aun así pueda ser presidente, si no pregúntenle al expresidente George W. Bush en su primera elección frente a Al Gore.

Pero los hechos consumados, consumados están, y no es tarea nuestra tratar de cambiarlos, más bien tener mediana claridad de lo que para nuestro país en términos de interés nacional implican las medidas migratorias tomadas por su gobierno en contra de nuestros migrantes y connacionales que viven en los EE.UU., y que con su trabajo y esfuerzo llegan a enviar a nuestro país remesas que fácilmente equivalen a cerca del 20 % del PIB, y eso no es poca cosa, cuando el envío de remesas en el año anterior equivalió a casi el presupuesto general de la Nación.

Si bien la administración Obama batió records en materia de deportaciones, con la promesa de Donald Trump de triplicar el número de agentes federales de inmigración, ya nos podemos hacer una idea de la escalada que las detenciones y las deportaciones de connacionales van a tener en el futuro cercano. Asimismo, a mitad de este año vence la última prórroga del TPS que hizo el presidente Obama, y todo apunta que el actual Presidente de EE.UU. no va a prorrogar ni conceder nuevamente ¿Cómo estamos preparados para esta contingencia?, no lo sé y eso me preocupa grandemente.

En días pasados el Presidente de la República envió al canciller Hugo Martínez a EE.UU., supuestamente a abogar por los derechos de nuestros migrantes; no sé ni quien lo va a recibir, pero me da la impresión de que este gobierno no tiene diseñado a cabalidad un plan contingencial adecuado para hacerle frente a lo que probablemente está por venir, en vez de ese grave error del presidente, en este momento él mismo y su canciller deberían estar reunidos con los mandatarios del triángulo norte y México para delinear una estrategia conjunta con relación al tema de los migrantes, de los acuerdos comerciales bilaterales y de los compatriotas que se encuentran en forma ilegal en EE.UU., no yendo a parecer mendigos hincados y arrodillados frente a la administración Trump.

Por otro lado, llaman poderosamente la atención las declaraciones de cancillería cuando dice que garantizará los derechos de los migrantes salvadoreños en Estados Unidos, lo cual se vuelve una soberana mentira, toda vez que no tiene ninguna forma de garantizar absolutamente nada con relación a los derechos de los migrantes, mientras no revele cuál es el plan que tiene de defensa conjunta con Centroamérica y México a los derechos de nuestros compatriotas, no tiene ninguna forma de garantizar absolutamente nada.

En conclusión, me aterran dos cosas: Primero, lo mencionado sobre las decisiones de Trump; pero, por otro lado, no veo que este gobierno tenga claridad mediana sobre qué hacer al respecto; no obstante, “administran” –y mal por cierto- un modelo económico que está fundamentado en la migración y el consumo.