Otra vez Chepe Diablo

En esta ventana democrática de Diario El Mundo, he venido sosteniendo que la transparencia, esa maravillosa cualidad por la que algunos materiales dejan pasar fácilmente la luz y cuyo símil puede aplicarse perfectamente al quehacer político, debe seguir abriéndose paso en nuestro país (http://elmundo.sv/la-transparencia-debe-seguir-abriendose-paso-en-el-salvador/).

He sostenido, además, que esa transparencia llegó para quedarse, lo que exige que la lucha contra la corrupción se convierta en un desafío nacional (http://elmundo.sv/lucha-contra-la-corrupción-un-desafió-nacional/).

También he consignado que las instituciones públicas están agobiadas por el tridente del diablo formado por el aberrante clientelismo político-partidario, la ineficiencia de las mismas y la fragilidad ética de quienes las han presidido antes y ahora, en razón de lo cual resulta imperativo apoyar de lleno una enérgica  cruzada contra la corrupción, cuyos vientos parecen soplar con genuina esperanza, como exigencia de los EUA (http://elmundo.sv/cruzada-contra-la-corrupcion-en-el-salvador/).

Creo firmemente que llegó  el tiempo de entrar a jugar en las ligas mayores, lo que significa que cada uno de los ciudadanos se incorpore a la lucha contra la corrupción desde su propia trinchera, ocupación y posición, sin temor y con voluntad firme de estar en el lado correcto de la historia, es decir, comprender que somos más lo que queremos vivir en un clima honesto, seguro y pacífico.

En ese orden de ideas, recién había asumido funciones el Lic. Douglas Meléndez, cuando le expresé: “Señor Fiscal General: usted aparenta tener la voluntad y el temple que no tuvo su antecesor, por lo tanto, dele con todo. Si caen los de arriba, por inercia, caerán los de abajo” (http://elmundo.sv/malas-noticias-para-las-sociedades-criminales/). Debo decir que en el corto tiempo en su cargo como Fiscal General de la República, si bien ha dado muestras inequívocas de tener temple y voluntad, también ha provocado una nueva esperanza en el imaginario colectivo, en el sentido que no todo está perdido para nuestra institucionalidad democrática, que ha venido siendo carcomida por el cáncer de la corrupción.

La semana anterior, Danny Dalton, uno de los que en su tiempo integró la planilla de los más de cinco mil agentes que la Drug Enforcement Administration (DEA) tiene desplegados en el mundo, se ha encargado de encender unas luces bien rojas alrededor de quien personifica la viva impunidad en El Salvador, “Chepe Diablo”, perfilado por la administración del Presidente Barack Obama ni más ni menos como “Capo Internacional de la Droga”, calificativo que muy pocos pueden ostentar en el planeta y que refleja, por tanto, el poder de influencia que el sujeto ha tenido en los círculos políticos, partidarios, económicos, deportivos en los que se ha venido moviendo.

Dalton dice tener el 70 % de las evidencias necesarias y suficientes para incriminar a Chepe Diablo, incluyendo el presunto financiamiento de la campaña presidencial en el primer gobierno del partido FMLN, algo que no resultaría difícil de creer habida cuenta de las andanzas de este Capo de quien se dice, ha sido muy bondadoso en apoyar también partidos de derecha, como el extinto Partido Liberal Democrático (PLD) en el que fue miembro prominente de su comité político. Por algo es que dice que la corrupción, al no tener ideología alguna, termina  colándose hasta por las rendijas de los templos.

Las relevaciones daltonianas son del dominio público por haber sido vertidas en sendos programas de televisión a cargo de entrevistadores como Ernesto López y Sergio Méndez, lo que aunado a extensas investigaciones realizadas por periódicos y revistas digitales como El Faro.net y el Centro de Investigación del Crimen Organizado (InSight Crime) y a las que obran en poder de la Fiscalía General de la República, constituirían una valiosa materia indiciaria para caminar en dirección al  juzgamiento de este caso ejemplarizante alrededor del referido Capo de las drogas, que hasta el momento ha venido burlando o comprando a gran parte de nuestra institucionalidad fiscal, policial, judicial y política.

Buena suerte, Fiscal General, y recuerde: en la lucha que emprenda, nunca estará solo.