¿Para dónde va El Salvador? ¿Para dónde nos lo llevan?

 

Roberto Cañas

El vicepresidente de la República, llamó a todas las fuerzas políticas del país a unirse para tomar acuerdos, puesto que, de no generarlos “vamos a ser un país inviable”. El señor Ortiz con esta declaración puso sobre el tapete de discusión una cuestión muy seria: La de si El Salvador como nación tiene posibilidades.

Si tuviera que definir en un párrafo qué es país inviable diría que no hay definición perfecta, pero la que más se acerca a la que siempre pensé, es la que se refiere a un gobierno  incapaz de cumplir con sus obligaciones constitucionales: “asegurar a los habitantes de la República, el goce de la libertad, la salud, la cultura, el bienestar económico y la justicia social”.

No hay duda, estamos en una situación muy complicada: un botón de muestra es que hoy se afirma en los círculos del partido oficial que la privatización de pensiones agotó su ciclo y ya llegaron al límite como gobierno en su capacidad de lidiar con el actual sistema de pensiones. Señalan públicamente que el sistema previsional actual es insostenible.

La situación fiscal es complicada y no solo el gobierno salvadoreño ve con preocupación la grave situación que vive el país. Los funcionarios internacionales coinciden en que El Salvador tiene un problema fiscal, que de no enfrentarse adecuadamente, puede comprometer su futuro.

El Secretario Técnico de la Presidencia, en su idea de buscar soluciones, viajó a Washington con el ministro de Hacienda para reunirse con representantes del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Irán a donde seguramente les repetirán lo que les han dicho reiteradas veces en El Salvador.

Los organismos financieros internacionales les van a machacar que tienen que hacer un ajuste fiscal de un 3% del PIB; que deben reducir el gasto público, frenar las contrataciones de empleados estatales, congelar los salarios, no pagar escalafón, eliminar subsidios y recetarán más medicinas amargas, como: subir el IVA, dos puntos.

Es necesario que quede claro: No se vale, hacer pagar los costos de superación de la crisis fiscal que vive el país a los más pobres, a los más vulnerables, a los que tienen menos posibilidades de enfrentar con éxito la vida. Es inaceptable que se aumente el Impuesto al Valor Agregado, que afecta más a los que tienen menos. Es de justicia social y de coherencia democrática que quien gane más pague más impuestos y quien gane menos y tenga menos riqueza pague menos. Así de sencillo.

¿Estamos en presencia de una tormenta perfecta? ¿Será que estoy haciendo una lectura pesimista de la realidad? La verdad es que siempre hay espacio para estar peor. Si nos atenemos a las declaraciones del director del Banco Mundial para Centroamérica refiriéndose a la situación de las finanzas estatales y la deuda pública del país la situación no es terminal: “Es un problema totalmente manejable, es un problema que no debiera ser un problema porque si toman una serie de medidas impositivas, en gastos, en pensiones, es un problema que va a desaparecer”.

Un pesimista es un optimista bien informado y con esta lógica hay que querer a El Salvador y estar convencido que nuestro país es una nación digna de mejor suerte. A estas alturas los salvadoreños no podemos darnos el lujo de caer en un catastrofismo destructivo ni en un optimismo voluntarista. Hay que sacar adelante al país.

Debemos convertir a El Salvador en un Estado de éxito donde se comience progresivamente a garantizar a los ciudadanos el derecho a la vida, a la integridad física y moral, a la libertad y la seguridad, al trabajo. Construir un Estado que se vuelva eficaz y combata integralmente a la delincuencia con una política pública de seguridad que tenga como columna vertebral la prevención de la delincuencia y la atención a las víctimas. Todos debemos trabajar por hacer de El Salvador un Estado de éxito buscando estrategias para conquistar el desarrollo económico-social, con planes claros de superación de la desigualdad económica, la exclusión social y la pobreza.

La discusión acerca del cambio de modelo económico debe estar a la orden del día, hay que poner al país a pensar cómo fortalecer el mercado interno, reflexionar acerca de cómo se pueden reactivar la agricultura y la industria nacional, con una oferta exportable ampliada, con productos con mayor valor agregado, mirando más hacia el Sur; se debe invertir más en educación y entrar en la era de la economía de la información, es necesario erradicar la corrupción de las instituciones estatales y fortalecer el Estado de Derecho. No hay duda en tiempo de crisis es cuando se debe replantear el modelo económico.