Partidos políticos sin humanismo, honorabilidad ni honestidad

La política es quizá la única profesión en la que no se necesita preparación. Esta famosa frase fue acuñada por el célebre  novelista escocés Robert Louis Stevenson, fallecido en 1894 y está tan vigente como siempre, al menos en nuestro país.

Aquí, cualquiera se mete a ser político toda vez y cuando haya aprendido el arte de prometer (engañar) a los demás y de confabular para defender intereses particulares de partidos políticos antes que los intereses de nación. Los políticos buscan a toda costa el poder formal para obtener beneficios ellos y los suyos. Se vuelen ambiciosos y buscan escalar o mantenerse en el poder a costa de lo que sea. En política la amistad es secundaria y la honorabilidad de la palabra pasa a segundo plano.  He visto a políticos jurar que su accionar como funcionario  iba a ser guiado por nuestro beato Monseñor Oscar Arnulfo Romero, pero actuaron completamente de modo contrario.

Para la iglesia católica y para los grandes pensadores y filósofos modernistas la política debe ser servicio para buscar el bien común. Desde luego eso lo saben medianamente quienes se meten a políticos partidarios, pero utilizan ese conocimiento para engañar a losciudadanos y ofrecerse como redentores. Hasta ahora no conozco a un político novato que sea tan descarado de decirle a la población que su objetivo son los beneficios personales. Eso sí, conozco a muchos que se dejan ilusionar por los cantos de sirena y de verdad piensan que no serán absorbidos por la telaraña de los intereses partidarios.

Todos los seres humanos somos ideológicos con visiones particulares y colectivas de lo que es la convivencia social y el bien común. Algunos buscan congregarse en partidos políticos y una vez que lo hacen sus visiones quedan “amarradas” a los intereses meramente partidarios, olvidándose que política es servicio a la nación. A los individuos.

Por eso  el estadista  y filántropo  estadounidense Bernard Marines Baruch, fallecido en 1965 y exconsejero de los expresidentes Woodrow Wilson y Franklin Delano Roosevelt, aconsejaba a sus conciudadanos votar por aquellos políticos que prometían menos, pues eran de los que menos se decepcionaban. En nuestro país hemos tenido políticos que han prometido toda suerte de falacias, como quien prometió que nunca más las mujeres iban a estar solas o que la corrupción iba a llegar a su fin. Otros prometieron cero homicidios, computadoras para todos los niños y adolescentes escolares, sanear el río Acelhuate hasta convertirlo en sitio turístico, cámaras de vigilancia gratuitas y un interminable etcétera.

Algunos políticos partidarios cuando perciben que sus aspiraciones económicas, egocéntricas y de poder están en peligro, buscan sujetarse a como dé lugar para seguir con la posibilidad de seguir enganchados a sus propios intereses. Son los famosos tránsfugas, tan comunes en El Salvador. Por supuesto, hay quienes deciden abandonar un partido político y declararse independientes, lo cual a mi juicio es decente y hasta debería ser una norma. Es decir, concejales, alcaldes, diputados y  hasta el presidente y vicepresidente de la república una vez ostenten el cargo deberían de dejar de obedecer al partido y, respetando sus ideologías que es por la que fueron electos, declararse independientes y obediente de los estrictos intereses del pueblo.

Según la Sala de lo Constitucional, en su fallo sobre el transfuguismo, cambiar de partido político es una forma de fraude electoral, ya que quienes emitieron su sufragio lo hicieron en consecuencia a la ideología que representaba el candidato. En tal sentido, los diputados de la Asamblea, como materia pendiente, se alistan a votar por reformas electorales; en dicha línea, planean que aquellos concejales, alcaldes o diputados que por cualquier factor se hayan cambiado de color partidario desde las elecciones de 2015, no puedan  buscar su reelección. En lo personal me parece correcta la reforma, incluso creo que pueden ir más allá y reformar para que nadie pueda reelegirse por más de tres periodos y para que a nivel de concejos municipales pueda haber fórmulas independientes, ajenas a los intereses partidarios.

Para ser político no es necesario ser preparado, pero se requiere de una alta dosis de humanismo, honorabilidad y honestidad, y eso hace falta en los partidos… La sociedad civil no partidarizada merece una oportunidad.