¿Qué pasará ahora con los indocumentados en los EE.UU.?

 

Ernesto Rivas Gallont

El tema de inmigración será uno de las áreas de política de la nueva administración en Estados Unidos, que estará sujeta a grandes cambios, tanto en el Congreso, por iniciativa propia, como desde la Casa Blanca, donde el Presidente Trump hará realidad (o tratará de hacerlo) los compromisos adquiridos sobre el tema, durante su campaña política.

En vez de implementar la iniciativa sobre derecho de los inmigrantes que sus promotores hubieran adoptado bajo una administración Clinton, para hacer efectiva una reforma migratoria comprensiva, adaptada a su política, el control Republicano, más bien, el monopolio Republicano del gobierno, estará en una excelente posición para lograr varias de las prioridades anunciadas por el candidato Trump, siendo la principal de ellas, la deportación, ya no de todos los inmigrantes indocumentados, sino, primero, de aquellos delincuentes, o en peligro de serlo.

Ese es el peligro que acecha a nuestro país, como hemos venido diciendo desde que Trump anunció sus intenciones. El billonario convertido en político, basó su campaña en mantener una línea dura, frecuentemente en retórica inflamatoria, respecto a los inmigrantes y a la inmigración.

Durante sus primeros cien días, el presidente electo Trump, ha prometido revertir varias decisiones ejecutivas sobre inmigración tomadas por el Presidente Obama, incluyendo el DACA (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia) el programa que otorga autorización para trabajar y relajamiento de las deportaciones para ciertos inmigrantes indocumentados jóvenes.

También se ha comprometido a comenzar la construcción de nuevas barreras a lo largo de la frontera con México; terminar el reasentamiento de refugiados sirios y suspender la inmigración proveniente de países “propensos al terrorismo” e instituir “escrutinio extremo” de aquellos que deseen entrar a Estados Unidos. En su primera reunión con líderes del Congreso la semana pasada, Trump identificó la inmigración como una de sus tres prioridades, pero, curiosamente, evitó mencionar la construcción del muro.

Sin embargo, en su primera entrevista después de las elecciones, Trump dejó claro que el tema de las deportaciones se concentrará en una porción de los 11 millones de indocumentados que se estima están en el país: Aquellos con antecedentes criminales.

Dijo, que de inmediato trabajaría para deportar aproximadamente de dos a tres millones de extranjeros que “que son criminales o tienen antecedentes criminales, miembros de pandillas, traficantes de drogas”. Una vez la frontera está segura, los funcionarios de migración determinarán sobre el resto de los inmigrantes indocumentados. Lo anterior es un cambio significativo sobre su intención original de constituir una “fuerza de deportación” para deportar a todos los inmigrantes indocumentados.

En la misma entrevista, Trump también indicó que seguiría adelante con la construcción del muro, una de las principales promesas de campaña, pero que consideraría sustituir el muro con cercos en ciertas áreas, como lo han propuestos varios legisladores Republicanos.

Otros compromisos no están tan claros, como la prohibición del ingreso de musulmanes que quieran llegar al país. Asimismo suspenderá la emisión de visas de cualquier país donde no se pueda efectuar un tamizado adecuado.

Mientras la inmigración puede ser un área de consenso para la administración Trump y Republicanos que a veces han diferido con el candidato, el Líder de la Mayoría del Senado, Mitch McConnell, ha advertido contra pretender utilizar el control unificado del gobierno como una carta blanca para implementar políticas impopulares.

Mientras la administración Trump podría controlar muchos detalles sobre la aplicación de temas sobre la inmigración, puede que haya poca disposición entre líderes Republicanos hacia políticas como la prohibición de entrada de musulmanes, la que el presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, ha rechazado enfáticamente. El partido, sin duda, deberá hacerle frente a varios debates por venir, con respecto a lo que puede y quiere hacer sobre inmigración.

Mientras tanto, el viernes se anunció que los tres países del Triángulo Norte, El Salvador, Guatemala y Honduras, se unirán para tratar con Trump sobre temas de interés común, principalmente la migración.

Sin embargo, según The Daily Signal, hay quienes sostienen que las profecías pesimistas promovidas por los medios que abiertamente se opusieron a Trump como candidato, no tienen base alguna y en vez de escuchar la publicidad exagerada, los países del Triángulo Norte deben acoger la nueva administración que llega decidida a restaurar la seguridad en la región.

En vez de ver la elección de Trump como un desafío, dice el periódico, estos países deberían capitalizar en esta única oportunidad de fijar la región en un rumbo acertado. El decidido enfoque de la nueva administración en la inmigración y en la seguridad nacional del país, “los podría beneficiar en el largo plazo”.