Realidad y evolución de la deuda externa en El Salvador

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Por Amílcar Villanueva, Sociólogo salvadoreño residente en Suecia

La deuda externa podemos definirla como la suma de las deudas que tiene un país con entidades extranjeras. Se compone de deuda pública (la contraída por el Estado) y deuda privada (la contraída por particulares). En muchas ocasiones esta deuda equivale a periodos difíciles que enfrenta el país deudor o diferentes problemáticas que no pueden ser solucionadas debido a la carencia de recursos por parte del sector público, lo que genera entonces que países, especialmente países del tercer mundo como lo son los países latinos, recurran a obtener préstamos o diferentes tipos de acuerdos por parte de gobiernos extranjeros u otras entidades como el Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional con el fin de solventar ciertas necesidades que enfrenta el país.
En el caso de El salvador, la deuda externa, como sucede en todo el contexto político del país, se ha utilizado y utiliza con fines propagandisticos, tergiversando la realidad de la misma evolución de la deuda en los últimos 25 años. Ocultarle al pueblo la realidad de la evolución de la déuda o tergiversarla con objetivos de beneficios políticos, constituye no solo una aberración sino un “crimen político”.
En este caso no tengo como propósito analizar el contenido y caracteristicas que encierra, tecnicamente la déuda externa del país sino proporcionar algunos datos estadísticas con el propósito de evidenciar la falacia en los discursos de agentes del actual gobierno y sus “parientes ideopoliticos” en redes sociales, quienes pretenden evadir responsabilidades en la creciente déuda externa, que bloquea el futuro desarrollo del país.
Según informes de organismos internacionales y el mismo Banco Central de Reserva de El Salvador, la deuda pública del país había ascendido hasta el año 2000 a 3 mil 769 millones de euros (1 euro = 1.9 dólar al cambio en curso) cerrando el siglo y década anterior, 1999 con una deuda acumulada que escendía a 2 mil 961millones de euros y una deuda pér capita de 499 euros ( deuda pércapita se define como la deuda total de un pais dividido por la cantidad de habitantes), y absorbía el 25,34% del Prodúcto Interno Bruto (PIB), de la nación.
Al finalizar el primer quinquenio del nuevo siglo, 2005 la deuda pública ascendía a 5 mil 290 millones de euros, la que absorbe el 38,55% del PIB y una deuda per capita de 871 euros.
El año 2008, último año de gobiernos del partido Arena, cierra con una deuda pública de 5 mil 716 millones de euros, deuda que absorbía el 39,25% del PIB y una deuda per capita de 952 euros.
Llegamos al año 2012 y contatamos que la deuda había ascendido. al cerrar el año, a 10 mil 226 millones de euros (que es igual a 14 mil 493 millones de dólares), la cual ya absorbe el 55,20% del PIB y una deuda por habitante de 1.684 euros.
Resumiendo la evolución de la deuda externa del país podemos constatar que al cerrar el año 2014 la deuda asciende a 10 mil 760 millones de euros (15 mil 691 millones de dólares), que significa el 56,83% del PIB del país.
El último informe proporcionado por el BCR de El Salvador finaliza en julio 2016 y la deuda publica ya asciende a 17 mil 175 millones de dólares (tengo solo datos proporcionados en dólares hasta esa fecha) absorbiendo el 63% del PIB.
Revisando y leyendo cuidadosamente los datos proporcionados, podemos confirmar la curva evolutiva de la deuda externa del país, la cual “se dispara” en los últimos 7 años. Tanto el pago de la deuda como los sueldos de empledados estatales absorbe en 51% del PIB y todos los ingresos sumados del país, sin embargo la propuesta del presupuesto nacional presentado por el ministro de hacienda, contempla la creación de más de 600 nuevas plazas en el gobierno central y designa mas de 30 millones de dólares en aumentos de sueldos de funcionarios del Estado.
Lo que no solo llama la atención sino que, además, es repudiable, es la manipulación que actuales funcionarios y dirigentes del partido de gobierno, hacen respecto a la evolución de la deuda, negando las responsabilidades que las dos últimas administraciones tienen al respecto. Ofrecer meses antes un presupuesto austero y apegado a la realidad fiscal del país y luego presentar un presupuesto para 2017, divorciado de la realidad y promeses, constituyen un modus operandis de los gobiernos de El salvador, utilizando discursos tergiversantes y manipulativos, alterando constantemente la realidad fiscal y económica del país. Es ahora normal leér diariamente en redes sociales, miembros, dirigentes y seguidores de partido en el gobierno, publicar estos manipulados datos estadísticas, con el único proposito de confundir la opinion publica, negandole al pueblo el derecho de ser y mantenerse informado sobre la evolución y curso de la realidad del país.
Hago constar que NO soy miembro o vocero de algún partido político del país, sin embargo trato de ser leal a los intereses del pueblo y leal asimismo a la realidad, verdad que los políticos y sus partidos distorcionan para sus propios beneficios. Un gobierno o instituto político que cobardemente niega o distorsiona la realidad por intereses propios, es no solo complice sino agente del estancamiento y retrazo que sufre el país y que golpéa con mayor gravedad al más desprotegido.
Disminuir la partida del presupuesto general 2017, para educación y salud constituye no solo irresponasbilidad y falta total de conocimiento, sino un crimen contra el pueblo más necesitado y las futuras generaciones.

COMENTARIO: Constituye la norma general en los gobiernos de nuestros países y en este caso los salvadoreños, falsear la realidad nacional, atribuyendo los fracasos y deficiencias de sus polítcas, a administracioes anteriores, creando cortinas de “humo” en lugar de informar verazmente al pueblo del curso de las políticas implementadas, sus exitos y fracasos. Existe una cultura de la desinformación en los dirigentes políticos, sus partidos y gobiernos en lugar de hacer rectificaciones y cambios en la polítca económica implementada, ajustar esa política a las realidades cambiantes por inesperados cambios en el contexto nacional e internacional. La política de “lavarse las manos” conduce a mayores desequilibrios económicos pues nunca parten de las realidades cambiantes y en su lugar continúan con discursos pamfletarios e irresponsables. La construcción de una nueva sociedad tiene que transcurrir sobre la creación de una nueva mentalidad y cultura en los que dirigen los asuntos de la nación, contribuir a crear una atmósfera de confianza y credibilidad en torno a los gobernantes.